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Una vez más ha sucedido la atrocidad, la indescriptible barbarie que tan mal parado deja al varón hijo, hermano, amigo, papá, abuelo, etc… Ahora ha sido manoseada y abusada sexualmente un angelito de tan solo añito y medio de vida; con apenas 19 mesecitos de vida, una mujer ya sufrió la monstruosidad de la mente diabólica de un “macho”.

Esta vez, al parecer este victimario “parodia de varón” no es alguien de la familia de la víctima, como desgraciadamente tantas veces sucede, esta vez se trata, presuntamente, del hijo de un diplomático de la ONU en Colombia; sí, de esos mismos que están en el país disque “apoyando un proceso de paz”. 

Cuando la familia de la creatura violentada se dio cuenta que  iban a sacar del país a este verdugo “remedo de hombre”, llevó el caso a los medios de comunicación y así se pudo evitar que este criminal evadiera la Justicia con la complicidad de su familia, obviamente.  Luego pretendieron hacer ver al depredador de 21 años de edad como un drogadicto y que se encontraba bajo los efectos de algún alucinógeno y que, por ende, no se encontraba en pleno uso de sus facultades mentales; pero bien que no se fue a rezar, no?, ni a hacer algo provechoso… bien que se dio cuenta que tenía que hacerlo al escondido, de adultos al menos, porque lo hizo delante del hermanito, de siete años, de la niña profanada.  Ya después trataron de hacerlo pasar por loco… sí, una locura si es este crimen, pero el criminal si sabe perfectamente lo que está haciendo, tan lo sabe, que siempre, siempre es en secreto y utilizando la fuerza física.

La actitud, que no comparto al amparo del criterio, sentimiento o emoción alguna que sea invocada, de la familia de este criminal me lleva a recordar una anécdota de la historia familiar de mi papá, no en defensa desde luego, sí como apoyo claro está.

Mi papá contaba que cuando él, mi papá, tenía unos 18 o 20 años, le dio por vender una yegua que tenía en compañía con su hermano mayor.  Con el fruto de la venta del animal, que no era todo de él y por ende no podía disponer de todo este dinero, mi papá se fue a parrandear a las ferias del pueblo vecino de donde regresó sin un peso, lógicamente.  Con lo que él no contaba era que su fechoría tendría una juez pulcra y puramente imparcial.

Al llegar a casa después de la parranda donde se gastó tan deshonestamente la plata del hermano, lo estaba esperando la mamá de ambos hermanos para llevarlo al puesto de policía, donde mi papá se  comprometió, de palabra obviamente porque en ese tiempo no había otro sistema, a pagarle la parte correspondiente a su hermano.  Sobra decir,  que este convenio fue de obligatorio cumplimiento para mi papá.  Mi papá contaba este acaecimiento con mucho orgullo; orgullo no por su felonía, sino de esa mamá justa que hizo de él un hombre correcto.

Se podrá decir de mi abuela que: “¿seguramente ella querrá ver a su hijo en una cárcel?”.  Imposible, no?; pero sí, la caprichosa vida la obligó a defender a un hijo suyo de otro hijo suyo y lo hizo con la más pura Justicia y amor por ambos.

Relato esta patraña familiar, no en defensa desde luego, porque mis ideas las comparto no las impongo y como tal no necesito  defenderlas, para ratificar mi crítica a la actitud degradante y alcahuete en nombre del amor de mamá o de papá ante semejante atrocidad tan humanamente incalificable.  Esta familia tiene todo el derecho y el deber de acompañar al profanador, al fin y al cabo, a ellos también les duele la situación, pero esto es muy distinto a la complicidad y a la permisividad… refiero esta anécdota familiar, sí como apoyo claro está, para controvertir el brillante comentario de: “seguramente ella querrá ver a su hijo en una cárcel”…  la Justicia solo depende de la Justicia, donde hay injusticia solo hay un egoísmo vil y mezquino…

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