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A lo largo de siete décadas encontré y perdí amigos por las razones que más adelante voy a exponer, y es qué, en diferentes circunstancias, me reencontré con algunos con varias sorpresas que motivaron este artículo. Algunos, no muchos, se hicieron los pendejos y voltearon a mirar para otro lado o cambiaron de acera, como si no me conocieran, otros saludaron como por salir del paso y ni se despidieron, pero, con la mayoría, además del apretón de manos nos dimos un abrazo cordial y seguimos nuestro camino para dejar de vernos nuevamente. Esto cuando no existían los celulares y todo quedaba en promesas de encontrarnos para recordar viejos tiempos.

Ahora, con la facilidad que dan las comunicaciones, cada uno agrega el número del compañero y se prometen mensajes para más tarde y citas que nunca llegan, y aquí hablo de amistades de ambos sexos. Hace unos años yo me alegraba con los encuentros y llamaba al supuesto amigo y enviaba mensajes por WhatsApp con la sorpresa de que no había respuesta y al insistir me bloqueaban. Estaba convencido de que la alegría era mutua y el desengaño no fue de ocasión, entonces, decidí buscar en Facebook y encontré muy pocos amigos de la infancia y juventud. Con esos pocos recibí una nueva sorpresa y fue que no les importaba recordar el pasado.

Cuando se llega a una edad relativamente avanzada, la mayoría de amigos de la infancia y la juventud ya no se encuentran fácilmente, por diversas razones: unos se han trasladado a otros pueblos y ciudades o a otro país, también hay los que se casan y se alejan de las amistades, por su propia voluntad o la de la esposa, algunos desaparecen sin dejar rastro y por último, los que se fueron de este mundo.

En el Tren de la Vida, como figura en un excelente vídeo, nacemos e iniciamos el viaje con nuestros padres, por el camino encontramos amigos y otros familiares, cada etapa es una nueva estación y siempre hay pasajeros que se suben al tren y otros que se bajan; algunos siguen el viaje por varios años, pero al final del viaje, de nuevo, estamos solos. Vale este sencillo ejemplo con los amigos que están con nosotros durante cierto tiempo en las distintas etapas y, de pronto, los volvemos a encontrar, a estos me refiero en este artículo.

Cuando somos niños y cursamos la primaria todos nuestros compañeros son amigos; en la secundaria no todos son amigos y simpatizamos más con algunos (tuve la suerte de cursar los seis años del bachillerato en el mismo colegio), luego viene la etapa laboral en la cual encontramos nuevos conocidos y amistades que también se pierden en la bruma del tiempo, en mi caso me pensioné y me retiré a realizar las actividades que más me agradan y nada tienen que ver con la profesión que me dio tantas satisfacciones.

Los amigos de la infancia quedaron en Chipaque, un pequeño pueblo que recuerdo con cariño, seis años de secundaria en Zipaquirá y mi edad adulta repartida entre Facatativá, Mosquera y Fontibón, en cada pequeña ciudad acumulé amistades y vivencias que desaparecieron en el viaje de la vida. Mi penúltima etapa fue Fusagasugá donde aprendí a usar la tecnología de manera muy elemental y dejé buenas amistades, por último, vivo desde hace ocho años en Envigado donde encontré mucho de lo que buscaba, y es aquí donde por azares de la vida estoy encontrando amigos refundidos en las redes.

Como a mi no me molesta el rechazo estoy en un punto que los pocos amigos recobrados son los verdaderos; a los que se hacen los pendejos creo que eso les sienta bien, otros, por razones políticas, religiosas o de otra índole, me contestaron de manera agresiva y los bloqueé primero y luego los eliminé. No es necesario tener muchas amistades, lo importante es que las pocas que conservamos sean sinceras. Ya no busco en las redes a nadie y cuando me llegan solicitudes de amistad de conocidos durante mi vida, primero revisó todo su historial y después decido si vale la pena agregar ese nuevo contacto.

La pandemia me trajo tristes noticias. Viejos amigos, estos si verdaderos, se fueron en el viaje sin regreso, su Tren de la Vida ya llegó a su destino final.

Edgar Tarazona Angel

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