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Ir a: El mundo subjetivo de la felicidad (“Seguiré viviendo” 56a. entrega)

Desde la furtiva incursión a la biblioteca de su padre, que la puso por primera vez en contacto con los escritos de José, afloró en Eleonora un interés creciente por la obra del escritor, que concluyó en la seducción total. Admiraba al hombre postrado por la enfermedad, y lamentaba que la energía que residía en sus pensamientos no pudiera devolverle la fuerza a su maltrecho cuerpo. Mientras esperaba que lo trajeran de regreso del servicio de radiología, Eleonora le describía en detalle, a una  amiga, al hombre que el destino le había dado por padre.

–Mi papá es un hombre ansioso de que su pensamiento deje huella. Piensa sin descanso, de día y de noche. Piensa sin fatigarse, piensa obsesivamente. Piensa hasta en sueños, porque hasta durmiendo germinan sus ideas.

Y aludiendo a «Los problemas del dogma y de las religiones», el libro que tenía entre sus manos, le dijo a Josefina:

–Mi papá es un católico muy particular, no como mamá se lo imagina. Escéptico sí, mas no un impío; un hombre bueno que vive la religiosidad a su manera. No hace de su confesión un fanatismo, porque opina que otras creencias también son verdaderas. Entiende que la fe que se profesa es una casualidad determinada por el nacimiento, como la nacionalidad, como la época, como la raza o la familia; una especie de herencia irrenunciable. Dice que quien se cría entre ritos musulmanes profesará el Islam, como quien crece oyendo el nombre de Jesús profesará la fe católica, y seguirá en su fe por pura inercia. Señala entre las grandes religiones monumentales coincidencias y afirma que todas apuntan al mismo Dios, sin importar como lo llamen. Nadie, dice, por seguir uno u otro credo habrá de condenarse. Recalca que por ese motivo no tiene sentido el adoctrinamiento; tampoco abjurar de las creencias. De por sí le molesta la rapiña que practican algunas religiones para quedarse con los fieles de otra.

Eleonora hablaba entusiasmada, pero su amiga mas bien indiferente, esperaba con ansiedad la hora de marcharse. Cuando se hubo ido, Eleonora se entregó de nuevo a los recuerdos. Sin saber porqué, evocó los desacuerdos de sus padres, y se vio a sí misma calificando sus razones:

–¿Es verdad papá que reniegas de la Biblia?

–¿De dónde sacas eso?

–Mamá dice que eres descreído y que blasfemas.

–Como todo lo que tu madre alega.

–Dices papá...

–Que es una apreciación superficial, porque nada que de las Escrituras haya dicho da lugar a semejante infundio. Simplemente soy crítico y hablo sin temor de lo humano y lo divino. De la inexactitud de la Biblia saben hasta los niños de primaria. No digo nada nuevo cuando afirmo que el universo no se hizo en siete días, que no fue Adán el primer hombre, ni la mujer brotó de sus costillas. Me gusta analizar los Textos Santos haciendo un ejercicio intelectual que no pretende socavar la fe.

Y cuando Eleonora creció, le advirtió José: «Ya no tienes que tomar por dogma mis sentencias, porque tienes criterio para aceptar o refutar mis opiniones. Por fin te puedo hablar sin poner en riesgo tus creencias». Y le contó que era incapaz de aceptar sin digerir lo que como verdadero le mostraban, porque llegar a sus propias conclusiones era para él una rutina inevitable. «Es –le dijo– la libre interpretación de la Biblia lo que Elisa ve como blasfemia». Y para que no tuviera que imaginar sus herejías, le descubrió sus opiniones: «He dicho que como lectura la Biblia es estupenda, y como norma, un canon que no es para seguir fielmente. No he dado por ciertos los diálogos con Dios y no he aceptado como pautas las prohibiciones “divinas” que afloran en sus páginas. ¿Quién se imagina hoy a Dios hablando con su pueblo como cualquier mortal lo hace con su vecino? Pues si hoy esa plática no existe, tampoco la hubo en los tiempos del Antiguo Testamente. Esos supuestos diálogos no son más que el ingenio del autor, y al igual que las prohibiciones, más que mandatos son creencias. Aun en calidad de preceptos, no fueron más que pruebas de obediencia temporales. Los verdaderas mandamientos son universales y obvios para cualquier entendimiento. Así que aunque hubiera nacido judío o testigo de Jehová, nunca me privaría de saborear el cerdo o de aceptar una transfusión sanguínea salvadora». Y le insistió que lo sensato, sin importar en que punto estuviera el límite entre lo real y lo fantástico, era encontrar lo que trasciende, y tomar ante todo la bondad y el amor por enseñanza. «Si la religión es un bálsamo que alivia el sufrimiento, debe extrañar la intransigencia, antaño cargada de recriminaciones y condenas». Y le contó que Simpson, el médico que introdujo la anestesia para aliviar el dolor durante el parto, fue blanco de los vehementes devotos de su tiempo, que vieron en la innovación un sacrilegio. «Por desafiar el mandato divino de parir los hijos con dolor, “Aire de Satán”, dieron en llamar al cloroformo». «Que tal –pensó Eleonora– que mi mamá hubiera estado al tanto de estas conversaciones, si por menos exclamaba: “Deje de llenar de basura la cabeza de la niña. ¿Es que también piensa volverla atea?”». Pero Eleonora alineada con su padre, hacía oídos sordos a los reproches de su madre, y jamás sintió como afirmara ella, que aquel hombre socavara su fe, «por el contrario, siempre sentí que  armonizaba mis creencias con el mundo».

Otro espíritu crítico a la sombra de José se había formado.

Luis María Murillo Sarmiento

Ir a: La virtud y la belleza (“Seguiré viviendo” 58a. entrega)

Seguiré viviendo“Seguiré viviendo”, con trazas de ensayo, es una novela de trescientas cuartillas sobre un moribundo que enfrenta su final con ánimo hedonista. El protagonista, que le niega a la muerte su destino trágico, dedica sus postreros días a repasar su vida, a reflexionar sobre el mundo y la existencia, a especular con la muerte, y ante todo, a hacer un juicio a todo lo visto y lo vivido.

Por su extensión será publicada por entregas con una periodicidad semanal.

http://luismmurillo.blogspot.com/ (Página de críticas y comentarios)

http://luismariamurillosarmiento.blogspot.com/ (Página literaria)

 

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