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En el amor (Capítulo 2)

En casa de Simon – Viernes por la noche

Lex bajó del taxi justo frente a la casa de Simon, en la segunda planta las luces estaban apagadas, pero Wisin y Yandel a todo volumen delataban la fiesta, acomodó su camiseta café y sus zapatos beige, entró y subió al segundo piso, afuera no había mucha gente que lo reconociera.

-          ¡¡Alex!! – Lo recibió desde la entrada una de sus amigas del colegio, Laura, quien era parte de la farándula de la ciudad y novia de un recién egresado. – Menos mal que llegaste, Juan te está esperando… - Señaló un sofá en el rincón de la sala – No he dejado que coquetee con nadie 

-          Ay Laurita – Lex le dio un beso en la mejilla – Con razón esta sentado – sonrió y siguió su camino, cuando llegó al sofá, Juan estaba jugando con su vaso y su camisa negra con mangas recogidas dejaba ver que últimamente estaba ejercitándose, Lex se sintió celoso

-          Que hay hermano ¿Ya vio algo? – Algo marchaba mal

-          Nada hermanito – Lex miró alrededor – Acabo de llegar… - Se sentó – Y ¿Jairo?

-          Ni idea donde estará el barbudo, si ya llegó, esta jugando

-          No creo… Y ¿Simon?

-          Cambiándose…

La sala estaba a rebosar de gente, y para mantener una conversación había que estar muy cerca, era ciertamente agradable con una muchacha, pero para hablar con un hombre… preferían gritar, era menos incómodo para Juancho y su homofobia y para Lex y … La homofobia de Juancho. El centro de la habitación estaba lleno de parejas bailando, había caras nuevas, pero tenían acompañantes detrás de ellas…

-          Y ¿Usted que? ¿Ha hablado con Stephy? – Lex lo preguntaba más por hablar de algo que por romper el silencio, ese no era un tema de fiesta

-          No, para que… – Juan desvió la mirada – …Nada que ver con esa vieja

-          Yeah right – Esa era la única frase en ingles que podía pronunciar sin que su amigo se molestara por no entender, y resultaba que Lex era muy bueno en el idioma – Hermano, muchas niñas lindas, pero ninguna sola, no veo juego.

-          Pues juego hay – Juan obviamente ya lo había notado – Solo que no del fácil… Mire, ahí está Jairo.

Jairo estaba en una mesa en el pasillo, buscando dos vasos de algo, pero… estaba solo, se dio media vuelta, miro a todos lados, se empinó un momento y resignado se dirigió al sofá

-          ¿Qué pasó “Casanova”? jajaja – Juancho no lo podía creer, y tampoco podía detener su carcajada – ¡¡¡Lo dejaron plantado!!!

-          Jódase Juan – Puso los vasos sobre la mesa junto al sofá blanco y se sentó – Pínche vieja…

-          A lo mejor se fue – Lex parecía ahogado – Cuando lo vio a la luz jajaja – La carcajada que lo ahogaba se liberó

-          ¡¡¡Ahora me la montaron!!! – Jairo se tomó la cerveza a pecho

-          Eh, mucho etílico

-          Ya Juancho – Lex agarró el otro vaso – Tráigase una – Juancho se levantó aun sonriente

-          Y ¿Cómo fue que lo dejaron metido? – Lex ya estaba más calmado

-          Nada, la vieja iba viento en popa,  me gustó y todo y cuando creí que ya había caído, me dio un beso ridículo – Jairo solía referirse de esa manera a juntar los labios… sin lengua, solo el cálido tacto de los labios de ellas – Y me pidió un trago, me vine a buscarlo y… – Lex no lo pudo contener más y  estalló en una carcajada

-          Ay hermano, debió haber visto su cara

-          Si, si… Simón apareció en la escena con una camisa negra ceñida y un pantalón entubado, zapatos Lacoste y con el cabello considerablemente largo

-          Que hay, perros – Estaba dando su ronda de saludos – ¿Como van?-          Muchas parejas… poco trabajo – Lex respondió cómo haciéndole el comentario a Jairo – Las invitó contaditas ¿No?

-          Ah si es por eso, venga que le tengo una…

-          Me suena – Lex se hizo el indiferente, tomó un trago de cerveza… miró a Simon y se paró impetuosamente – Vámonos

-          ¡¿Y yo?! – Jairo alzó la voz

-          Nada perrito, para usted no le tengo nada todavía…Nos vemos – Lex se preguntó a que se refería con la diferencia entre él y Jairo… después entendió que había un condón de diferencia y no se preocupó. En la cocina, Simón se encargó de las presentaciones y formalismos pertinentes

-          Alex, ella es Geraldine, Geral, él es Alexander

-          Mucho gusto – Dijo ella

-          El gusto es mío – Respondió él, resulto ser una niña de cuerpo de gimnasio, cabello liso, largo y de un color negro azulado, en capas, un rostro fino y grandes ojos maquillados un poco más de lo que él preferiría, pero a caballo regalado…

-          Bueno, yo tengo que ir a… - Simon salió de la habitación

-          Y ¿Cuántos años tie… – Lex iba a encender su juego cuando ella lo interrumpió

-          Dieciséis, me gusta el rock, vivo en Ceiba, voy en once… pasé a once, conozco a Simon del club de basketball, no tengo novio, vine sola y no… no tomo…

Lex se quedó con la boca abierta, no sabía que hacer ahora, le había desarmado su juego, antes de encenderlo siquiera, se sentía cómo si con un cuchillo pudiese cortarse el aire; ella se apoyo en el mesón y lanzó una mirada retadora a Lex, entonces él se mandó al ruedo con lo único que tenía en su cabeza:

-          No podrías estar más buena en este momento…

Ella soltó una risa juguetona, se le acercó lentamente al intimidado Lex, puso sus labios sobre los de él y salió de la cocina. Lex no creía lo que acababa de pasar, volvió al sofá  ensimismado, donde Jairo estaba destapando una botella de ron y una coca-cola

-          ¿Que le pasó? Parece que vio un fantasma

-          Si… - Lex se sirvió un vaso de ron y mientras le agregaba coca-cola dijo – Que vieja tan brava, hermano, me desarmó el juego

-          Uy ¿Y cómo?

-          No, pues tenía el pelo por la… - Lex notó que faltaba algo – ¿Y Juancho?

-          Ese pendejo debe estar fumando afuera

-          Condenado vicioso, ah que se jodan él y sus cancerosos pulmones

-          Ya deje el video doña Rocío – Jairo citó una de las frases de Juan

-          Si, si – Un par de sus amigas del colegio los invitaron a bailar, Lex trato de escabullirse, aun no tenia suficiente alcohol en su sistema como para desinhibirse del todo, pero, aceptó al ver que no habían muchas caras conocidas, y que se quedaría solo de no tomar la oferta.

Mientras tanto, recostado contra un muro junto a la casa de Simon, Juan sacaba su cigarro mentolado y su zippo, se puso el cigarrillo en la boca y cuando lo iba a encender, alguien se lo rapó Jairo y Lex se sentaron de nuevo, se despidieron de sus amigas y sirvieron ron con coca-cola

-          Se esta moviendo mejor, así va bien

-          Si, si, mas energía

-          Bueno ¿Y cómo era la vieja esta?

-          Eh – Lex se tomó la gaseosa – Tenía el cabello negro, en capas, blanca…

-          ¿Con una blusa fucsia? – Jairo alzó una ceja

-          Pues… si ¿Por qué? – Lex no entendía

-          ¡¡¡Pues, esa fue la vieja que me dejo metido!!!

-          ¡¡¡No hable paja!!! – Lex no lo creía - ¿Cómo se llamaba la suya?

-          Geraldine – Lex casi se va de para atrás, titubeó un momento y luego sonrió

-          ¡¡¡Si era, Jairo!!!

-          Ve – Jairo se burló – Le vieron la cara

-          Ah ¿Si? – Lex lo miró fijamente – Por lo menos a mi no me dejaron plantado

-          No, pero lo dejaron frío – Ambos tomaron un trago de ron y sonrieron forzado.

Afuera, Juan estaba sentado en una banca, hablando nada más y nada menos que con Geraldine, confesándole sus pecados y sus temores, no sabía cómo había llegado a ese punto, pero necesitaba dejar cargas.

-          …No sé, es cómo una costumbre… Ya lo hago automáticamente

-          Pues que mal – Dijo ella con su voz de sirena, mientras le pasaba la mano por el liso y azulado cabello – Además te hace daño, bebe

-          Hum – Asintió Juan sin ápice de humor – Y ¿Eres siempre tan… amable? – Ella sonrió por lo bajo, contemplo el perfil de Juan, quien trataba de ser indiferente y luego de un minuto agregó

-          No, solo cuando alguien me gusta – Se le acercó lentamente, él se dio media vuelta en el banco y se preparó para el beso, pero este nunca llegó, con un centímetro de distancia, le dio un sonoro “beso ridículo”, se levantó y dando brincos y risas juguetonas de espaldas a Juan volvió a la fiesta. Juancho se quedó solo y anonadado. 

-          …Entonces yo le dije, “no, nada que ver con esa nena” y  me miró un momento, luego me saltó encima… – Lex y Jairo estaban compartiendo entre alcohol y risas historias de pasadas victorias cuando un meditabundo Juan se sentó junto a ellos y se empezó a servir un trago

-          ¿Que pasó, hermanito? – Lex notó el humor pesado de su amigo, quien estaba más irritable de lo normal y manoteó un poco cuando Lex se acercó demasiado para hablarle – ¿Que tenía el cigarro?

-          Nada, nada – Juan no quería confesar nada después de haberse mofado de Jairo-          ¡¡¡HABLE!!! – Jairo no era de esos que se quedaban con incógnitas

-          Ay nada, un problema con una vieja – Admitió de mala gana. Jairo y Lex se miraron incrédulos – ¿Que? ¿Que pasó? 

-          Nada, nada, pero dígame – Jairo se moría de la curiosidad – ¿Cómo se llamaba la vieja?

-          Ah hermano, era una viejota, se llamaba…

-          Geraldine – Los tres lo dijeron en coro, dos de ellos estallaron en risas, mientras que el oto no lo entendía, pero al ver la sonrisa de Jairo y el asentimiento de Lex, entendió todo y sonrió también. 

Más tarde, los tres, con una pierna contra un muro y mirando al suelo mientras esperaban taxi, pensaban en lo que había sucedido en la noche, en cómo la misma persona los había burlado sin más… y aún más crucial, un pensamiento en común, pero que no compartieron les nublo el pensamiento… ¿Por qué hacían esto? ¿Valía la pena? ¿Podían cambiarla vida que habían escogido? Entonces empezaron a responderse a si mismos, con respuestas inseguras: Quizá, Tal vez, A lo mejor…  Jairo pensó en sus pocas relaciones, cómo nunca habían funcionado, cómo siempre se hallaba coqueteando con alguien mas, que no quisiera ir mas profundo en su ser y encontrar otras facetas, además de las que aparentaba, no se sentía cómodo en ese punto. Lex, pensó en muchas cosas, pensó en lo mucho que disfrutaba besar, pensó en la competencia, pensó en… Alejandra, en que después de ella nadie lo había hacho perder el equilibrio con un beso, pensó en como lo había buscado y como nunca lo había encontrado, ese beso que borrara su recuerdo doloroso. Juan pensó en Julio, su primo mayor que vivía en Estados unidos actualmente, era él quien les había aconsejado cómo un maestro cómo debían llevar una vida social sin sentimientos, sin corazón, para evitar tristezas o malos recuerdos, y pensaba en cómo ser mejor que él, superarlo y mostrarle que ya no era ese tímido niño que hablaba con voz entrecortada. Jairo le dio un codazo a Lex, quien alzó la vista y le dio uno igual a Juan, quien también subió la cabeza, perplejos, vieron cómo desde el otro lado de la calle Geraldine se subía a un taxi y se despedía mandándoles en el aire un engañoso beso acompañado de un guiño de ojo…

Los tres se avergonzaron y bajaron rápidamente la mirada.

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