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Por un capricho de la vida, durante el canto del ruiseñor,

Un señor de un campo de higos fue encontrando el amor.

En medio de fuerza de pasiones y alterado el color,

Pensó que el mundo renacía al ver de nuevo la pasión.


Más fue un error y el desengaño de nuevo el campo destruyó,

Pues fue un certero mal de antaño que a su alma hechizó.

Clamó al Cielo el desdichado, buscando una explicación.

Y el silencio de los cielos fue para él su expiación.

 

Buscó de nuevo en los campos, buscó de nuevo en los mares,

Mas el silencio del Cielo lo acompañó en tales lares.

No hubo respuesta a su ruego, tan solo un dolor del alma,

Que lo acompañó hasta la tumba, donde por fin halló la calma.

 

Y al llegar el alma al Cielo clamó de nuevo su dolor,

Mas el silencio fue la respuesta una vez más a su clamor.

Sin conocer y entender, golpeó las puertas de los Cielos,

Más firmes estas estuvieron y le negaron sus deseos.

 

Entonces, se dio la vuelta el alma y descendió hasta el infierno,

Y el diablo estaba en la puerta y la recibió él muy contento.

Sin comprender lo que pasaba, el alma fue y le preguntó:

¿De qué te ríes tú, granuja, si no hay alguien que te amó?

 

Y fue ahí, en un segundo, que su semblante demudó.

No fue capaz de hablar el diablo y el silencio imperó.

Y el alma seguía esperando, pendiente de cada reacción,

Pues fastidiada del destino, ¡qué importa a quién causar dolor!

 

Pasó un segundo, o un par, y el diablo por fin en sí volvió.

Sus ojos con furia llamearon y así al alma él habló:

No sabes tú, en tu desdicha, lo que en verdad es el amor.

Yo sí lo sé. Lo he vivido. Lo he perdido en deshonor.

 

Pues fui “Luzbel”, la luz más bella en la diestra del Señor.

Y fui amado por mis hermanos y también por el Creador.

Yo fui bañando en amor puro. Sin vilezas ni engaños.

Pero no supe apreciarlo, rebelde fui y hoy pago los daños.

 

Y mi castigo es eterno, pues rechacé el amor puro.

Y tú, alma desdichada, mejor regresa de nuevo al mundo.

Tú aun no sabes lo que tienes y menos lo que es amor.

Regresa, aprende, sufre, llora, más no reclames al Señor.

 

Él sabe bien lo que tú quieres. Mejor aún, lo que tú tienes.

Pero lo más importante es, lo que en la vida tener tú debes.

Que sea esta tu lección: y en el amor y en la vida,

Lo importante es tu decisión, no el clamor o la herida.

 

Regresa ahora, vive, siente. Busca de nuevo el amor,

Huye rauda de la muerte, regresa al mundo del dolor.

Yo te perdono esta vez, pues queriendo hacerme daño,

Me regresaste al antaño, mucho antes del engaño.

 

El alma, terca en su suerte, se mantuvo en sus trece:

¿De qué me sirve el mundo ahora, si no existe quién me quiere?

El diablo rio, y su sonrisa, fue una mueca de dolor:

No sabes nada, pobre alma. Regresa y busca el amor.

 

Pues este está en aquel lado donde jamás tú has buscado.

Se encuentra bien a tu espalda o te sigue a medio lado.

Está ahí donde tu miras, sin ver con esos ojos ciegos.

Te mira siempre y te sigue, fiel como lo es un perro.

 

No compadezco de tu suerte, sino de tu miopía…

Clamando al Cielo por amor sacrificaste media vida.

Eres idiota, pues ahora, cuando te quiero ayudar,

Insistes, terca, en tu suerte, altanera a más no dar.

 

Y el diablo, sin esperar respuesta, sopló con fuerza sobre el alma

Y está levantó el vuelo, como una pluma blanca.

Salió del mundo de los muertos y regresó donde los vivos,

Regresó de nuevo al campo del que odiaba hasta los higos.

 

Pues fue ahí, en medio de ellos, cuando conoció él el amor,

Y después de algún tiempo, de ese amor, la vil traición.

Y con tristeza contempló de nuevo el campo de los higos,

Y ahora sí él comprendió, cuál fue del diablo el castigo.

 

O eso creyó, en su tristeza, cuando de pronto, con presteza,

De un lado del campo de higos salió el amor que había perdido,

Y sin creer él en su suerte, blanco, como si fuese la muerte,

Vio acercarse a su amor, sin creer en verdad su aparición.

 

Y su amor fue a su encuentro, blanca, como un muerto:

¡Si no eres una aparición, dime que eres mi amor!

¡Que has regresado a este mundo y me perdonas por mi rumbo,

Fui una tonta, lo acepto, perdóname, yo te lo ruego!

 

Cayó al suelo desdichada, temblando como si fuese nada…

Herida en su propio dolor, sobrevivía a su traición.

Y mientras tanto, él la observaba. Y su tormento lo mataba,

Sin soportar más su dolor, la perdonó por su error.

 

La levantó y acarició, le susurró palabras bellas.

La reanimó y la besó, queriendo demostrar con aquello,

Que su amor seguía firme, que su amor seguía ahí,

Que el error fue olvidado y que seguía el porvenir.

 

Y mientras ellos se alejaban, un ángel desde el higo les miraba,

Los observaba con ternura, y divertido comentaba:

Completa es la raza humana, pues en medio de la nada,

Crece el amor como un higo en una pareja desdichada.

 

Curioso es que, para verlo, creyó ir hasta el infierno,

Y ahora, en su dicha, no ve que en el Cielo él habita.

Pues siempre fue el plan del Creador,

que el hombre encuentre el amor.

 

Feliz, por fin, se fue el hombre, en compañía de su amor,

Vivieron una vida de alegrías y también desilusión.

Pues ese es el fin del hombre, aprender por el camino,

Sin renegar de lo que pasa y mucho menos del destino.

 

Y mientras tanto, en el infierno, el diablo sufre por su intento.

Por traicionar lo que es amor y concentrarse en la pasión.

Y fue un alma condenada, que le recordó, desesperada,

A lo que el diablo renunció, cuando el Cielo abandonó.

 

Jueves, Abril 19 de 2018

 

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