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La tarde de rubí abate
y la luna astada ya no duerme más
y allí sobre la costa del océano,
maravillado ante tu ser
entre  este infinito naufrago del  silencio,
las olas espumosas del mar cantan tu nombre
Y los suspiros  del  viento lo susurran.

Tengo tantos sueños dentro de sueños
tanto como las arenas doradas al lado de sus océanos,
los cristales de mi alma rebosan,
como las primeras estrellas centellas de la noche
y sus pesadas gotas se disuelven,
en ese profundo océano de melancolía.

¿Si tiro este clavel al mar
se compadecerán las olas de mí
Y te la llevaran las mareas hacia ti?
¿Seré jamás yo el caballero?
De tus sueños y tu deseos
Ah! Tu mi bella sirena
todavía en mis ojos una doncella,
de cabello oscuro como la noche
que abraza el crepúsculo de mis días.

Yo me paro en la bahía que brilla,
que divide nuestras vidas en aquella orilla,
esperando y anhelando cada creciente día
el roce de esa piel lívida,
clara como la lustrosa luna resplandeciente
que se ve  tan suave como el alba,
y esos labios de color corazón de hoguera ardiente,
como el rosáceo amanecer cerca a  los mares,
que ciñen en medio de la tierra.

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