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La mente está embotada,
Como un castigo divino.
Sin capacidad de escribir,
Me siento como mendigo.

Pidiendo por las palabras,
Rogando por inspiración.
Esperando, insulso, a la musa.
A que ella me de su bendición.

Queriendo expresar en letras,
Aquello que me consume más.
Queriendo gritar a los vientos,
Toda mi inconformidad.

Suponiendo que hay palabras,
Que me permitan expresar,
Todo lo acumulado en mi alma,
Todo lo que quiere explotar.

Pero las palabras no bastan.
No expresan mi sentimiento,
Las acomodo para que rimen,
Pero me esquivan sin miramientos.

El temor de decir las verdades,
Obliga a ocultar sentidos.
Poniendo sinónimos sin vida,
Y recurriendo a los mitos.

¿Por qué la verdad es tan dura?
¿Por qué ella es fuerte y cruel?
¿Por qué cuesta tanto decirla?
¿Por qué siempre sabe a hiel?

Las letras golpean, golpean.
Me gritan desde la hoja.
Me insultan, humillan, doblegan;
Señalan que la verdad es sola. 

La única a la que tememos,
Que nos produce pavor.
Que dice que no estamos solos,
Ya que nos cuida el Señor.

Jueves, 30 de octubre de 2008

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