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No quiere que se sepa que su pureza quedo en la piel de su amado, pero fue su señora, en silencio y sin arrepentimiento

Nadie  siquiera lo intuye,
pero un día cualquiera
fui tuya, tu señora.

No lo registró ningún contrato
ni una ceremonia con vestido blanco
ni cánticos que alabaran mi pureza,
pero fui tu mujer.

Sin más despedidas,
sin una fiesta con amigos,
con el temor de un encuentro,
con la confianza en mi deseo,
fui tu señora.

Temblaba como una niña asustada,
temblaba de pasión y miedo,
de emoción, de cansancio…
Así fui tu señora aunque nadie sepa.

Tu señora en silencio
a escondidas…
nadie me acompañó a aquel encuentro
y quizá eso hizo parte del encanto.

Me abrazaste con fuerza
me cubriste con tus manos,
con tus labios, tu aliento.
Sedujiste con tu encanto
cada molécula de mi piel.

Fui tu mujer…
una y otra vez
sin que nadie lo supiese.
¡Qué más da!,
si no hay tiempo para arrepentirnos
cuando todo quedó saldado
en una entrega sin rival.

Lefaso

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