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Luz, vacía y serena, despuntando al alba de un amanecer dormido al abrigo del invierno, como quien nada mira y como quien a nada se aferra.
Tus brazos tibios envueltos en mi cuerpo, en caricias inconscientes de un sueño atrapado en tu madrugada, partícipe solamente de ti.
Te miro y la claridad naciente de otro día te va descubriendo hasta mis ojos. Duermes... yo no he podido, sueñas... hace mucho que yo no lo hago, vives... hace mucho que ya estoy muerto...
Y mis manos te acarician y mis brazos te envuelven y te acercan, tus suspiros me arrullan y la paz de tu rostro me serena. Recuerdo el principio y vuelvo a amarte, cálida, inocente, mía, tuyo, nuestros, ambos de cada uno. Te recuerdo como el principio y tu rostro es el mismo y tus brazos son los mismos y tu calor es el mismo y tus ansias son las mismas. Nada ha cambiado.
La luz crece, llena toda la habitación, sin apuro, tranquilamente al principio y luego el estallido brillante de un sol indiscreto que se introduce en cada rendija de tu cuerpo descubierto, mas no desnudo, hace mucho que el sol no toca tu cuerpo desnudo.
Tus brazos me envuelven más fuerte, más ansiosos, casi suplicantes y pienso en el primer día del abrazo matutino, y la sorpresa de una cercanía ya vuelta excepción y recuerdo el primer impulso, la primera sensación y no fue anhelo, fue intriga y desconfianza, duró un instante casi imperceptible, el problema fue el "casi".
Como aquel primer día te acercas y pareces reclamarme, yo me acerco soñando despierto mientras en tu sueño no se si sueñas conmigo.
El sol invade el espacio nuestro y la conciencia se anida en tu cuerpo. La siento, como una daga, como un golpe, como un grito, tu cuerpo se tensa, tus manos se enfrían y tus suspiros son silencio. Tus ojos pestañean en el olvido y te alejas poco a poco sin querer molestarme, crees que estoy dormido, simulo dormir para que lo creas.
Giras poco a poco y te levantas presurosa, ¿de qué huyes?, ¿qué clase de tormento imaginas en mi lecho que ahora al despertar me alejas como moribundo sin remedio?.
No pregunto, solo miro tu figura esconderse tras la puerta del baño mientras escucho la ducha que se vuelve catarata. Te imagino desnuda, te imagino palmo a palmo, cada rincón de piel, cada lunar escondido, cada sutil marca, cada detalle de tus cabellos y de tu rostro, te imagino completa... Que angustia tener que imaginarte.
Se que esperarás en el baño hasta que me levante y vaya a servirme el desayuno y eso es precisamente lo que hago. No pasa mucho tiempo y entras apresurada a la cocina, me das un beso fugaz en la mejilla y escapas media hora más temprano a la oficina.
La casa me queda para mí, huyo de ella en 15 minutos.
Entre la gente que camina a mi alrededor escucho la fugacidad de sus historias y el silencio de sus pesares y yo solamente pienso en el próximo amanecer, como desde hace tiempo, como desde aquel primer día.
Magro consuelo ser un trozo de sueño que saluda al sol todas las mañanas...

 

FIN

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