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Afuera llueve torrencialmente y las gotas ruedan por el frío cristal que me separa de ella. La lluvia que se lo lleva todo, está limpiando las calles de todo lo que la viste, pero no llega a mi.

Arrecia, silba y se enfurece contra todos los obstáculos que no puede arrastrar y va dejando una estela de limpio en el duro asfalto. Es entonces cuando el deseo de tenerte se hace fuerte, cuando oírte es una necesidad de aplacar el alma, cuando el sonido del silencio, que embarga la casa, se hace insoportable.

Sigue lloviendo y hay que beber la copa de tu ausencia para emborrachar mis sentidos con lanada y el olvido. Sigue lloviendo sobre la herida que sólo limpia el tiempo que se ha detenido para mi. Ya nada es igual. Aunque todo esté como cuando te fuiste, las cosas han perdido el encanto de tu presencia y el Chaplin de la pared no sabe por quién derrama sus lágrimas, que siento húmedas en su rostro.

Enciendo la luz de la lámpara como último recurso para apartar la oscuridad que invade mi todo desde que partiste, dejándome tan solo las breves líneas de un imposible que intenté superar y el dibujo de un barco que parece navegar siempre hacia donde tú estas. Cuando ya tu ausencia se hace un fardo pesado de palabras que pudieron ser, salgo a la terraza a enfrentarme con la lluvia que trata de llevarme consigo.

Asemejo a un árbol de dura corteza y mis manos son raíces que se aferran a la baranda y tú pareces el río que nada bajo mi ser, porque el agua sube por las plantas de mis pies limpiándome de las suciedades diarias y del cansancio de no tenerte. Ven, que te voy a vestir con recuerdos y deseos de una noche que nunca tuvimos; ven, que no te voy a dejar ir, porque no te voy a dejar hablar y novas hablar, porque mis labios tienen cientos de palabras que decirles a los tuyos.

Ven, que voy a repasar ese olor con las puntas de mis dedos hasta saber todos sus matices. Ven, desde donde quieras que estés, que ya no puedo con esta ausencia que cada día se hace más grande y que me ahoga con su desnudez. Ven, que ya no quiero ser árbol ni quiero que seas río.

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