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Este no era un día común. Compré el celular que siempre quise. Fueron cuatro meses de ahorro; nada de pequeños gustos, o gastos fuera de lo normal. «Si algo quieres, algo te cuesta». Todo este tiempo lo aprendí. Estaba allí, detrás de una vitrina, lo iluminaban dos luces azules de neón, su pantalla daba visos con algunos golpes de luz solar.

Marca la Octava Generación, de la serie redmi note, pantalla full HD+ 6.3 pulgadas y potenciado por un procesador snapdragon 665 de ocho núcleos, 4.00GB, oct cor max 2.01 GHz, 6GB de ram, 128GB de almacenamiento, cámara cuádruple en su posterior de 48 MP + 8 MP + 2 MP + 2 MP. Cámara para selfies de 13 megapíxeles y una batería de 400mAh. Y una cantidad de funciones que aún desconocía. Una máquina.

En los días siguientes descargué cantidad de aplicaciones. Juegos, videos, libros. Entre las descargables, play MP3, una aplicación de música que en realidad cumple su función. Descargar lo más rápido posible toda una variedad de canciones. La adrenalina fluía como manejando un Ferrari F8 tributo azul eléctrico. Una máquina.

La melodía rompe el silencio de una manera genial. Comencé con *«Always» de Bon Jovi*. Me hizo recordar mi primer …. Luego una detrás de otra, fui llenando una carpeta; hasta completar más de 100 canciones. A eso de las 20 o 20:30, hora militar, cerré la descarga y me recosté solo a cerrar mis ojos, a sentir mi respiración y la exhalación de mis pulmones.

La música comenzó a sonar, yo no estaba manipulando el celular. Tampoco nadie lo hacía. Sonaba la canción «Smells like teen spirit» de Nirvana. El sonido se esparció por el lugar, por un momento pensé que los músicos estaban en mi casa en un concierto privado. Tomé el celular y... cerré de nuevo la aplicación.

Esto era muy extraño, un celular no se enciende solo. O, lo había hecho dormido. Años atrás había hecho algunas cosas dormido; como levantarme, abrir la puerta y despertar afuera desubicado totalmente, con las manos rígidas por el frio y la piel tornándose de color morado. Podría haber ocurrido, todo es posible.

Los dos o tres días siguientes todo transcurrió normal. Hasta el día domingo; era media noche, yo dormía tranquilo. Comenzó a todo volumen: Still Dre. (Snoop Dogg - dr Dre), creí que la casa iba a reventar, el celular iluminaba azul. Tomé el celular tratando de apagarlo y no respondía, todo mi esfuerzo era en vano. Me estaba enloqueciendo, lo apreté fuerte con mis manos y lo arrojé contra el muro del cuarto. Solo se escuchó el estallido de la pantalla. Todo quedó en silencio. Y mis manos vacías.

Se mezclan el alivio, el dolor y desconcierto. Me senté unos minutos a procesar todo, luego recogí los pedazos. Esa noche caí como roca, y dormí como hacía muchos días no lo hacía. En la mañana, me estiré en un solo impulso mirando el lado derecho de mi cama. Y ahí estaba a mi lado. «Redmi note 8» con su pantalla dando visos con algunos golpes de luz solar.

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