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Antes de cumplir los dos años de vida, se me insertaron todos los conocimientos  almacenados en el cerebro de quien me había dado ésta. Por supuesto,  no se trató de mi padre  ni de mi madre biológicos, puesto que, eran, en este caso, los conocimientos y las vivencias de mi vida anterior antes de ser clonado.


La cuestión era esta, acababa de cumplir apenas los  cincuenta años, ya había sufrido dos ataques coronarios y, de acuerdo a las opiniones médicas, en cualquier momento podría sufrir el definitivo. Cuando se llega a esa edad, la vida se torna mas placentera y, por lógica, es cuando mas amor se le tiene a ésta.


 Yo tenía los recursos económicos suficientes para solventar los gastos. Tenía los enlaces adecuados y, a pesar de que estaba penado por las leyes el realizar la clonación en seres humanos, encontré el médico idóneo para llevar a cabo el experimento. No sé si algo falló en cuánto a lo programado, o, si así llegará a ser en el futuro con todas aquellas “copias” de un Ser humano.


Al llegar a la edad de doce años, el otro recipiente carnal donde se había albergado mi vetusto cuerpo por mas de sesenta años había sido desechado debido al viejo padecimiento que me había dado la idea de la clonación. Yo mismo fui el encargado de asistir a mi propio sepelio. Yo había sido registrado como el hijo de Joss Bradford, por lo que, desde el punto de vista legal, era un ciudadano como cualquier otro, además, el autentico Joss Bradford era yo mismo.


Por principio de cuentas, desde mi segunda tierna edad y, quizá a que yo tenía los conocimientos de un ser adulto, comencé por analizar todo lo concerniente al ser humano desde todas las perspectivas. Conocí de sus debilidades y sus flaquezas, lo que ellos llamaban amor, cariño, ternura, solo eran veladas manifestaciones de sus deseos soterrados o de sus pasiones incontroladas. El afán y sus ambiciones de poder y de riquezas, solo eran igualadas por el fanatismo con que adoraban a sus dioses imaginados a su imagen y semejanza, en cuyo nombre, eran capaces de los mas abyectos y criminales actos.


 Debido a los conocimientos logrados con el paso de los años y, a través de los mas profundos estudios de  la ciencia en todas sus ramas, quedé asombrado ante aquello que yo había considerado como lo mas sagrado. ¡La vida! ¿Qué era la vida, después de todo?


Y llegué a ésta conclusión.


La vida es un simple accidente formado por los eslabones de las circunstancias que se van adhiriendo uno a otro hasta formar la larga cadena de la existencia.


 En el Ser humano, están improntados todos los vicios y todas las virtudes. El Santo y el criminal luchan contra las mismas pasiones. El primero, las solapa y las controla, el segundo da rienda suelta a éstas. En el Ser humano, (no en todos) como todo animal, solo el amor a sus proles está por encima de todas sus ambiciones.


Pero, había otra cuestión. ¿Por qué razón yo había decidido alargar mi vida en esta forma?  La perspectiva que tenía de la vida en mi nuevo cuerpo había cambiado por completo. Como si con mi nuevo cuerpo hubiesen nacido otros conceptos. No me llamaba la atención nada de lo que antes fueran las razones para la prolongación de mi existencia. El acto mas pueril lo analizaba hasta el cansancio y luego sacaba mis propias conclusiones pero, usando parámetros que en mi vida pasada(por llamarlo de alguna forma) nunca se me hubiesen ocurrido. Jamás, en mis apreciaciones, consideré el lado humano de las personas, solo traté de escudriñar la doble intención que a cada acto yo le atribuía.


 Al analizar objetivamente Mi forma de interpretar la actitud de los demás, sabía que algo no estaba colocado en su lugar correspondiente, que algo había sido trastocado y, aprovechando todos los conocimientos  que en mi mente se hallaban almacenados a pesar de mi corta edad,(treinta años) llegué a la verdad y  lo comprendí todo. Yo era el equivocado, yo era el objeto sobrante de un todo Universal armoniosamente configurado. Yo era la nota discordante en el infinito concierto de la Creación.

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