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Aquella instalación subterránea secreta del gobierno se hallaba sumergida en total penumbra, que de vez en cuando las chispas de algún corto circuito disipaban, días atrás el suministro eléctrico dejó de funcionar correctamente y debido a esta situación, el equipo de peritos enviado por las autoridades tuvo que abrir las compuertas electrónicas del establecimiento volándolas para después adentrarse a la negrura de las profundidades varios kilómetros bajo tierra, pobremente iluminados con linternas de mano, portando armas automáticas, pertrechos, aparatos electrónicos y cientos de kilogramos en cargas explosivas, debían estar preparados para desaparecer todo lo que ahí hubiera si cualquier circunstancia lo ameritaba.

El eco de los pasos y las goteras resonaba en la sombría soledad reinante, todos ellos iban protegidos con trajes a prueba de radiación y contaminantes biológicos, ninguna precaución estaba de mas ya que sus ordenes eran rescatar los experimentos que ahí se realizaban, después borrarían del mapa la fortaleza donde irrumpieron.  Luego de media hora caminando en descenso, aquellos expertos llegaron a un laboratorio completamente sellado, aparentaba servir como cámara de vacío. Dos miembros del equipo alumbraban un plano del sitio con su linterna, todo indicaba que alcanzaron su primera parada en aquel peculiar viaje bajo la tierra, en el interior estaba lo que vinieron a buscar, de acuerdo con el plano, ese laboratorio era donde se realizaban los experimentos biológicos, meterse ahí ya implicaba un riesgo muy elevado de no salir con vida, muchos de los experimentos a rescatar eran para uso de las fuerzas armadas, debían ser devueltos al ejercito para que fueran concluidos en otra instalación secreta como esa donde ahora ellos estaban y como era de suponerse, sería necesario elegir a un “voluntario”, seguramente nadie tendría el valor de ir por iniciativa propia.

– Rico, vas a entrar a la bóveda – Ordenó el dirigente del equipo secamente

– Si señor – Fue la respuesta valiente del soldado

Uno de los expertos en explosivos colocó una pequeña carga en la puerta de la bóveda, que cedió de inmediato a la detonación, Juan Rico, el soldado quien recibió las ordenes de introducirse a ese laboratorio, se deslizó cuidadosamente, alumbró con su linterna de mano y por medio de un comunicador, entregó a sus oficiales al mando el reporte de la situación

– Señor, aquí solo hay tubos de ensayo rotos, no hay rastro del material que vinimos a recoger

– ¿Estas completamente seguro?

– Si señor, completamente seguro

El comandante de la misión hizo señas quien portaba los planos del establecimiento, preguntando si existía otra bóveda, igualmente a señas, ese soldado respondió que no. El comandante tomo de nuevo su comunicador, en cuanto lo accionó escuchó algo que le pareció muy poco usual, tomando en cuenta la naturaleza de la misión además de lo que sucedió días antes en ese mismo lugar.

– ¿Qué le causa tanta gracia, soldado?  – rugió el comandante por el comunicador

– ¡Soy un dios dorado! –  reía frenéticamente Rico

– Salga inmediatamente de ahí, soldado, ¡es una orden!

Hubo un momento de silencio desquiciante, la negativa de Rico a las órdenes del comandante hacía la situación mas tensa, los militares tomaron sus armas y cortaron cartucho, en esos precisos instantes, Rico salió de la bóveda riendo enajenado, para terminar en el suelo retorciéndose sin parar de reír histéricamente y repitiendo el mismo sonsonete del dios dorado, el comandante tomó una pistola, se acercó a donde Rico se revolcaba, descargándole una ronda de su arma. Al terminar el extraño espectáculo, todos los integrantes de aquel equipo voltearon a mirar fijamente a un miembro en especial, sobre quien el comandante se abalanzó cual fiera salvaje sobre su presa, los otros oficiales también se juntaron alrededor, todos ellos querían saber que le sucedió a su compañero

– Escúcheme – demandó el comandante mientras jalaba por el traje al sujeto de los planos – usted me explicara en este instante que clase de experimentos hacían en este lugar

– Es información confidencial. Tendría que matarlo si le digo todo

– Prefiero correr el riesgo doctor, todos aquí queremos oír lo que tiene para decirnos

– El oficial Rico estuvo en contacto con una bacteria que ataca el sistema nervioso central, provocando demencia

– Muy interesante doctor, pero creo no me deja otra opción que volar este lugar junto con usted

Los miembros de aquel equipo se miraron unos a otros, de tal manera que no era un secreto lo sorprendente de la situación, el comandante pocas veces, o más bien, jamás bromeaba con algo así, el doctor, entonces tratando de recuperar el aliento, dijo algo mas

– Eso no debería preocuparles, no era lo que vinimos a buscar

– ¿No? ¿Y hasta cuando nos lo pensaba decir?

– Esa bacteria no es importante comparado con otra cosa que vamos a buscar ahora

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