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En una tenebrosa noche donde la obscuridad reinaba por el extenso bosque, había un valiente a la par de cobarde gato, que gracias a su pelaje negro el cual se camufla a la perfección con su entorno, caminaba libremente buscando un lugar en donde reponer sus energías.

Mientras caminaba de forma un tanto cautelosa a la par de miedosa, murmuraba:

 

-¿Qué es ese ruido?, Espero encontrar un lugar rápido. -Exclamo con un tono miedoso.-

 

Continuando su camino por la penumbra, se encontró con un gran árbol, y mirándolo con detenimiento se dijo:

 

-¡Ya estoy cansado de buscar!- Grito energéticamente.- Me subiré a este árbol. -exclamo con tono molesto.-

 

Con gran facilidad poco a poco trepó el árbol y una vez llegó a una altura prominente, se acurrucó entre las frondosas ramas mientras se tapaba con unas hojas para descansar tranquilamente esa noche.

 

Al despertar de su gran sueño, gracias al sol matinal de ese día, sus pequeños ojos amarillentos deslumbraron, con un terrible vértigo natural, que no podía bajar y entonces el minino empezó a entrar en pánico.

 

Apenas se dio cuenta de su triste situación empezó a maullar en busca de ayuda hasta el cansancio, entonces otra desgracia arremetió contra él, con su tono característico, la panza del pequeño gato gruño, después de ver su situación inevitable, con gran voluntad su mente.

 

Mi prioridad ahora mismo es encontrar comida – se dijo a sí mismo preocupado.- ¿Dónde podría buscar?- Exclamó curioso.-

 

Entonces, tal vez por pura casualidad o intuición, levanto su mirada hacia la copa del árbol, entre tantas ramas y hojas, pudo entrever un pequeño nido.

 

-¡Genial, al fin podre comer algo!- Se dijo a sí mismo alegremente.- 

 

Y sin pausa empezó a trepar ágilmente hacía ese pequeño nido, una vez allí pudo ver una pequeña ave durmiendo tranquilamente, con cautela se fue acercando poco a poco y… ¡ZAS!, El ave herida por las garras del pequeño gato gritó:

 

-¡Ayuda!, ¡Ayuda!- Sus gritos eran cada vez más débiles a causa de sus heridas.- Ayuda, A... Yu… Da…

 

Una vez sus gritos cesaron, el pequeño gato fríamente dijo.- Lo siento, te perdonaría, pero mi hambre no.-

 

Una vez terminó de comer a su presa empezó nuevamente la búsqueda de la solución de su problema, pasaron horas y horas.

 

En el ocaso del día, triste por el fracaso de su búsqueda, la noche arremetió nuevamente en el bosque, pero a diferencia de los demás días, esta noche una fulgurante a la par de hermosa luna acompaño a las pequeñas estrellas en su ascenso a los cielos, ensimismado por su gran belleza, empezó un gran concierto.

 

-Miau, Miau Miauuuuu 

 

En mis momentos más tristes, en mi noche más oscura, llegaste tú

 

con tu brillo apagaste mis problemas, con tu presencia calmaste mis temores

 

Miau, Miau, Miauuuuu…

 

Cuando su canto termino, lleno de pasión y valentía, se dirigió a la parte más baja que pudo del gran árbol, cautivado por su amor hacia ese primoroso ser que siempre lo observaba.

 

-Esto es por ti, la luz en mis problemas -Exclamo convencido.-

 

Y con gran determinación salto, a medida que caía mientras cada segundo que pasaba en caída, él pensaba en que si sobrevivía le cantaría cada noche una canción a su amada, una mejor que la anterior.

 

Pero no fue así, el destino tan cruel a la par de bondadoso, determinó su final en ese momento, tal vez murió feliz, tal vez con ganas de verla más tiempo, pero una cosa es segura, él ascendió junto a su bella luna, su brillante amor cautivo a los cielos convirtiéndolo en una estrella más en el firmamento.

 

“La muerte, algo inevitable, la cosa que dicta el final de nuestra aventura y la que nos da la oportunidad de apreciarlas.”

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