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1.                  La pareja

 

Parador de Turismo, ciudad de Ronda.


     -¡Ufff!. ¡Qué bien he dormido!. No me he enterado de nada –se regocijaba Antonio. Esto era lo que le hacía falta después de casi un día entero conduciendo. Ahora, recién levantado, una ducha y como nuevo.


Abrió de par en par los portones del balcón. Una bocanada de aire limpio y fresco de la mañana se precipitó hacia la espaciosa habitación chocando contra su rostro. Desde este privilegiado enclave, gozaba de una magnífica vista sobre el impresionante Tajo, de casi cien metros de altura, horadado por el río Guadalevín. Su habitación daba directamente al abismo. La visión del corte vertical de las escarpadas rocas le sobrecogía.

    -¡Hum!. ¡Naturaleza!. ¡Aire limpio y puro!.

¡Quién le iba a decir, hace una semana, que estaría hoy en esta ciudad!. ¡Las sorpresas que tiene la vida!. El futuro siempre era imprevisible y su familia contribuía para que siguiera siendo así. No se les pudo ocurrir otra cosa que obsequiarle con un viaje para su cumpleaños.


Él personalmente reconocía que, a la hora de hacerle un regalo, no lo tenían fácil. ¿Qué se le regala a un joven que tiene de todo?. ¿Más camisas, más corbatas?. Casi lo prefería de esta forma, al fin y al cabo, estaba necesitando cuidarse un poco y tomarse unos días de descanso para escapar del trepidante y ajetreado ritmo de trabajo de la oficina.


     -Bueno..., será mejor que baje a desayunar –se dijo.

Según la nota que le dejaron la noche anterior en recepción, a las once de la mañana, tenía cita en el vestíbulo con la persona de la agencia de viajes para proporcionarle el plan previsto para la visita turística.

El comedor del parador era amplio, con un aire rústico, con grandes ventanales que proporcionaban unas estupendas vistas y donde la luz solar, junto con la decoración en tonos azules y amarillos, contribuían a crear un ambiente cálido y acogedor. El restaurante, en sí mismo, era muy pintoresco, hasta tal punto que, existía un pequeño mostrador donde se podía adquirir los productos gastronómicos típicos propios de la zona. Las mesas estaban distribuidas de forma que garantizaban un mínimo de intimidad a los comensales.


El desayuno consistía en un buffet libre y esto le ayudó en gran medida a reconfortar su estómago ya que, cuando llegó la noche anterior, tras el largo viaje, era demasiado tarde y no tuvo oportunidad de cenar.


Aquel lugar rezumaba tranquilidad por todos los rincones, era temporada baja y no había muchos huéspedes en el parador, diferente sería si fuese Semana Santa, Ronda es famosa por su devoción y sus procesiones o en el mes de septiembre que es cuando se celebra la feria del ganado y la corrida goyesca.

     -¡Pom!. ¡Tlank!.


Algo sonó con estruendo en la mesa de al lado.


     -¡Ay!. ¡Perdón!.


     -¡Mira cómo me has puesto!. ¡Ten más cuidado!.


     -¡Oh!. Lo siento. ¡Qué torpe estoy!.


     -Bueno mujer no pasa nada, por suerte está frío, si hubiese sido café caliente sería mucho peor.


En la mesa de al lado había una pareja mayor sentada y, en esos momentos, ella acababa de verter zumo de naranja sobre el polo blanco de su compañero. ¡Cuando menos le iba a quedar una vistosa mancha!.

Antonio terminó de desayunar y se dirigió al vestíbulo. Mientras esperaba, contemplaba la llamativa cúpula de cristal que cubría el techo del vestíbulo y que despedía destellos luminosos al reflejar la luz incidente. Esta cúpula contrastaba con la decoración circundante de un estilo un poco más contemporáneo. Aquellos elementos decorativos chocaban con la tradicional y rústica imagen que él poseía de los Paradores de Turismo. Según los folletos, este edificio, en su tiempo, fue sede del antiguo mercado de abastos y del ayuntamiento, más tarde, se reformó para adecuarlo y hacerlo apto para el alojamiento de los turistas.


Eran las once, algunas personas se iban acomodando en los butacones cargados con las cámaras, guías y planos de la ciudad. Al cabo de un par de minutos llegó una chica joven con una carpeta de la agencia Ronda-Tours, se presentó y pasó lista, en total eran nueve personas.


     -¡Ya estamos todos! –dijo la joven tras nombrar uno a uno a los presentes-. Según la agenda prevista, hoy es un día libre para que ustedes puedan visitar con libertad la ciudad y familiarizarse con ella, pero permítanme que les proponga un plan. En nuestra agencia estamos poniendo en práctica una iniciativa para ayudar a que los visitantes disfruten de una estancia lo más pobrechosa posible. En grupos anteriores, la experiencia nos ha demostrado y los comentarios de nuestros clientes así lo han refrendado que, cuando se hacía el recorrido por la ciudad, se visitaban muchos monumentos en muy poco tiempo por lo que no se conseguía contemplarlos despacio, sin prisas. Esto es inevitable por la escasez de tiempo. No obstante, para solventar este inconveniente, les proponemos un pequeño juego, evidentemente cualquiera de ustedes es libre de rechazarlo y de tomarse el día por su cuenta. La agencia sólo hace una sugerencia, aceptar esta iniciativa es totalmente voluntario.


Los allí congregados se cruzaron unas miradas de extrañeza pero nadie realizó ningún comentario en contra de lo expuesto hasta ese momento.


     -Como son nueve –prosiguió la joven de la agencia- podemos formar grupos de tres. Lo que les propongo es lo siguiente: a cada grupo se le proporcionará una lista con pistas numeradas sobre los monumentos, cada una corresponde a uno en concreto. También se le prestará una cámara de revelado instantáneo. Deben identificar cada monumento con las pistas que les proporcionamos y adjuntar una foto con al menos uno de ustedes posando, así se evitará el intercambio de fotografías entre grupos diferentes.


Han de escribir en el dorso de la fotografía el número de la pista a la que corresponde. El grupo que identifique correctamente y fotografíe la mayor cantidad de monumentos durante el día de hoy y me entregue las fotos mañana, será el ganador. Además, se le invitará, por cortesía de Ronda-Tours, a una cena en este mismo local. Asimismo, se obsequiará a todos los participantes con un pequeño recuerdo. Mañana por la mañana, haremos la visita con el guía. Él nos explicará cosas y curiosidades sobre cada monumento. Sin embargo, hoy habrían tenido la oportunidad de apreciarlos y contemplarlos tranquilamente. Seguro que, de esta forma, aprovecharán mucho más las explicaciones de mañana. ¿Qué les parece?.


La reacción de la gente fue más bien apática. La verdad era que la propuesta les pilló a todos de sorpresa y todavía, no existía la suficiente confianza entre ellos como para dar una opinión y expresarse libremente.


     -Muy bien, si no hay comentarios u objeciones… ¿Me dicen quienes formarán cada grupo?.

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