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El crepúsculo de ese día parecía mas intenso que en los anteriores y parecía prolongarse mas sobre la ciudad finamente opacada por  el clima de la presente estación. Juan Esteban salió de su casa esa tarde con el ligero presentimiento de que era una tarde distinta a cualquier otra, abrió la puerta, y el viento le dio de lleno en el rostro, se le soltó el llavero y al recogerlo su mirada se estrelló con el jardín de la casa vecina, entonces por conspiración de la naturaleza su pensamiento volvió a Fiorella.

 

En los últimos días ella era dueña de su mente, pero Juan Esteban se negaba a creer que ella era la indicada. Salió a dar un paseo, y como de costumbre desabrigado como si el año fuera un eterno verano, pero no, estábamos en otoño y el viento era húmedo y frió, y la gente siempre usa ropa abrigadora en esta estación. Acostumbra siempre a caminar mientras pensaba en silencio, quería encontrar el clima perfecto ni tan frío ni muy cálido, es por eso que no solía abrigarse en invierno. Dio vueltas al parque de la calle universitaria, entonces un timbre rompió su concentración, era su teléfono; Aló???eres tu Fiorella?-dijo esforzándose, -Si soy yo Fiorella, hoy no podré pasar a verte, debo salir, perdón no me siento bien- contesto ella. –Pero por que??? –dijo el, pero Fiorella había colgado un segundo antes, y tal vez nunca mas contestaría, o el nunca mas la llamaría.

Juan Esteban regresó a su casa y subió al balcón, y se puso a observar la calle oscurecida por la noche, encendió un “Lucky Strike” y empezó a esperar al amor de su vida. Lo más probable es que no llegara esa noche, apenas era mayor de edad, y a esa edad no siempre se encuentra a la persona indicada, y era justamente eso lo que lo inquietaba, la gente común siempre se casa con la persona incorrecta, al principio todo es felicidad, harían el amor tal vez todos los días y con pasión, pero al pasar el tiempo lo harían menos frecuentemente, 2 veces por semana, 5 veces al mes, una vez al mes, hasta que sin darse cuenta se les haya olvidado amar. Luego envejecerían mirando atrás, y al voltear tendrían muchos hijos por quien dar la vida, ella empezaría ha engordar y renegar, y el tal vez la engañe con otra mucho mas joven y esbelta, ella se enteraría, pero no diría nada por respeto a sus hijos. Y así el se envolvería en la monotonía de la vida, de los días, que pasarían cada vez mas rápido.

Esa noche no quería hablar con nadie, quería consumirse en su soledad, husmeo en la casa, y encontró dos botellas de “Bacardi”, y entonces pensó detenidamente, le parecía fascinante la idea de levantarse al día siguiente envuelto sobre su propio vómito, no sobre un vómito ajeno ptm, si no el suyo, no encima de alguien, y tampoco abajo. Entonces destapó la botella con cuidado y precisión matemática, olio el aroma a licor, y empezó a tomar solo. Cada trago era aun más amargo y al beber media botella, su conciencia empezó a tornarse difusa, pensó en Fiorella en ese momento, su rostro se reflejó en la luna, y sin que se diera cuenta se vio en sus ojos, entonces pensó que estaba ebrio, también creyó no saber si Fiorella era verdad o era solo un sueño y quiso seguir tomando en contra de su organismo, para poder seguir viéndola reflejada en la luna y tal vez quizás mas cerca, pero sin embargo sin notarlo cayó por el peso de la noche.

Al día siguiente me levanté con el nombre de Fiorella en los labios, me incorpore a medias pero sentí un liquido espeso sobre mi, efectivamente me había levantado sobre mi propio vomito, sobre mis propios errores, no recordaba con exactitud la noche anterior, solo recordaba a Fiorella y su mirada reflejada en mis ojos, y su sonrisa tan intensa, tan tierna, de la cual se podría escribir un libro entero. En ese instante sonó mi teléfono, contesté y una voz agitada y llorosa me dijo que Fiorella había muerto.

*Luis Esteban"

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