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Casi las seis de la tarde, invierno, tráfico clásico de una metrópoli, tanto de gente como de automóviles, todos apretujados en las esquinas queriendo ir de un lugar a otro.
El va corriendo por la calle entre los automóviles porque es mas fácil así, en las aceras hay demasiada congestión.
Vestido casualmente, con zapatillas de goma y un maletin en la mano, camina cómodo esquivando autos. Ya es la tercera vez que mira su reloj, sabe que está sobre la hora, y su trabajo de técnico en computadoras no admite demora. Los clientes son así, si fallas una vez no vuelven a llamarte, hay mucho de donde escoger en el mercado de técnicos, y muchos mas baratos, claro, él lo sabe y por eso se desespera.
Se abalanza al trote hacia la última esquina donde debe doblar para llegar a su destino, hay un bus que le corta el camino y un automovil delante de el que le impide el paso, estan demasiado juntos, no podrá pasar entre ellos.
Mira a un lado y al otro pero no hay nada que hacer, o espera o corre media cuadra para salir del atolladero donde se ha metido.
Cuarta mirada a su reloj, solo tiene dos minutos para llegar puntual.
Se anima a caminar hacia adelante, seguro de encontrar un espacio por donde salir, un automovil pasa por su lado tocándole la bocina para que se haga a un lado, gira apenas para que no lo golpee, divisa un claro y se mete a el junto con el auto que lo bocineara.
Ve la acera y se lanza de un salto a ella, es tarde, solo le quedará correr.
De pronto algo le toca la espalda, no..., miento, no lo toca nadie, es solo esa sensación real de una mirada, tan intensa que parece algo físico.
Gira para donde le parece sentir que viene la mirada y la ve.
Parada con la mano extendida para parar un taxi, está en la esquina de la calle, tiene el cabello negro rizado y largo, ojos almendrados y grandes, nariz suave y labios finos. Su piel bronceada le da un toque especial al color miel de sus ojos. Viste un conjunto color ladrillo que le acentúa mas el color de su piel.
La mirada de el se queda clavada en ella, están a cinco metros de distancia, el a punto de doblar la esquina, ella a punto de tomar el taxí.
¿Cuanta intensidad se puede descubrir en una mirada?, ¿cuanto de desazón y reflexiva desconfianza en un corazón?, ¿cuanto de racional surealismo en un pensamiento totalmente real?. Tal vez toda la intensidad, todo el desazón y toda la realidad. Todo al mismo tiempo.
El se queda plantado firme y desconcertado, ella también. Tan fuerte como el sonido de un trueno, tan veloz como la luz de un rayo, y sin embargo tan eterno como el mismo instante que la luz quiebra la oscuridad de una noche en tinieblas.
El sonido de una bocina que retumba en el aire y una voz que grita:
-Señorita!!!!!, ¿va a subir o no?-
Otra vez la mirada..., la intensidad..., el ensueño... y la realidad.
La alarma del reloj de el suena, y gira la cabeza para mirar la hora.
- Ya debería estar ahí...!!!- se dice como un reproche.
Levanta la vista y solo ve un jirón de ropa color ladrillo esconderse tras la puerta del taxi.
Última reacción, acercarse a ella, aunque sea solo saber su nombre, talvez volverla a ver.
Corre al taxi, pero el gentío lo detiene, ha dado luz verde y el taxi se va...
Unos ojos color miel vuelven hacia atras la mirada para buscar entre el gentío de la esquina al dueño de la sensación intensa.
Extraño sentimiento que la agobió en cuanto lo vió cruzar hacia la acera. Un fugaz recuerdo de un sueño se hizo dueño de su mente.
- Parecía él - piensa - cómo se le parecía - se convence a si misma. Y el sueño de la noche anterior le gana el pensamiento mientras se acomoda en el asiento del auto.
Y solo algunas imágenes vueltas en caóticas secuencias le ganan el alma. Pero el sentimiento queda, como se había sentido en la mañana al despertar. Presa de la melancolía de saber que faltará a la cita mas importante de su vida. Y ahora que lo piensa se da cuenta que es lo mismo que acaba de pasar.
El celular que lleva en el bolso suena y contesta.
- Si mamá, ya estoy en el taxi, llego en diez minutos. No, no te preocupes, llegaré a tiempo. Si..., ya te lo prometí, hoy te acompaño a hacer compras, no tardo, espérame. Adios -
El divisa entre el gentío aquellos ojos que se vuelven hacia allí. El alma se le hace añicos.
- ¿Porqué? - se pregunta - que sensación mas absurda, pero nunca había sentido esto con nadie..., nunca -
Ve el taxi alejarse y el sale disparado hacia la oficina donde debía de estar tres minutos atras.

Cada uno a regresado a su vida. A su propia vida, pero durante toda su vida siempre han vuelto a la misma esquina, casi a la misma hora, a recordar aquella sensación que despues de aquella vez jamas han podido abandonar.
Si, han vuelto siempre a la misma esquina, casi a la misma hora..., y tal vez algún día vuelvan los dos al mismo lugar el mismo día.
Si eso sucede, se reconocerán, ellos lo saben, de eso jamás tuvieron alguna duda...

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