Un día le dijo a la mamá que saldría a visitar mentalnente el mundo para conocer y ser más feliz.
Sentado en la antigua mecedora de bambú; heredada de la abuela, se despidió de toda su familia con abrazos.
Han pasado 80 años y aún su cuerpo sigue ahi imperturbable como la momia de Tutankamon.
Ni los mosquitos y las moscas que molestan a los loros; logran despertarlo.
Esta como en trance de viaje astral.






