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Vestirse del personaje más adecuado y salir al mundo.

Colocarse la careta correspondiente para cada lugar que pise.

Hablar con la entonación idónea, si es de casa, la calle, la compra o el trabajo.

Ni se atreva a romper los cánones.

Ser distinto te acelera al llanto.

Ahora si eres buena actuando podrás seguir participando.

¡No tiene relevancia mi querida! ¡Dice el jefe en el trabajo, lo que importa es la renta, la ganancia!

Son boberías insignificantes dicen en casa cuando trata de expresa y darse a ellos en un sentimiento más profundo y elaborado de largas horas pensando en una definición para el amor que por ellos le nace. Hacer es mejor que decir le dicen y la bajan de un hondazo.

¿Disculpe, pero hay mucha gente, que necesita? Al fin cree que alguien lo ha notado; entonces casi a punto de perder el personaje cae en la cuenta que solo debe pedirle el encargo.

Ayornarnos nuestros cuerpos, nuestra interioridad bien tapada, la boca educada guarda compostura y así se mantiene el teatro.

Va por la calle y ve carteras, zapatos y trajes. Podría ser incluso que Julieta se hubiera quitado la vida, no por Romeo ya muerto; ¿lo habías pensado? Pero loable y adecuado era su amor abnegado. ¡Qué bárbaro!

Para ella duele tener que armarse. No poder llorar en público cuando se conmueve por una noticia desafortunada. ¡Los demás se darían cuenta de su sensibilidad y podrían aprovecharse!

Le cuesta guardarse, si pudiera andaría por la calle preguntándole a la gente que la ocupa, que la apena, que es que siente. Pero no debe, ya que la tomarían por acosadora o en el mejor de los casos por loca.

La ofusca el deber, tener que decir buen día cuando no lo es porque anda renegando con su yo y el personaje.

Note usted que su falda es más corta, que no aprobó con las mejores notas, que se la paso de juerga, se maquilla como puerta, anda con las mechas desprolijas y si se le canta te abandona.

Note que las exigencias le están pidiendo otra cosa, recíbase, cásese y tenga hijos, sugieren los que aún vivos no han nacido.

Haga caridad mija, encuentre una iglesia donde depositar el diezmo. Esos consejos de superficiales adoctrinados faltos de pensamiento propio, ella piensa, es mi alma la mejor iglesia.

Aunque no sepa la respuesta levante la mano primera y ni se le ocurra hacer otra cosa que no sea lo moralmente adecuado. En resumen, sea, un idiota educado.

Al velorio de negro y a llorar a cántaros. No valla ser que los espíritus noten su inescrupuloso perfilado.

En cambio, la irreverente, es despreocupada, se guía por sus deseos y bondad distinta de la habitualmente aceptada.

No esgrime ideales que no practique, ni alardea de lo que tiene; más comparte a risas todo lo que debe, pero pagará.

A despedir al muertito con alegría, al fin de cuenta él la va a pasar mejor allá.

Sepan que ni le interesan las disculpas porque eso le significaría pedírselas luego a si misma por encubrir su verdad.

La irreverente va y viene, ni se queda mucho tiempo quieta, porque piensa que si dejas paso al tiempo empiezan a bullir las miserias.

El optimismo no es su excusa evasiva, solo piensa así, evasiva, aunque para el resto demasiado ida.

¡Esta irreverente!

Ser optimista cree, es sonreír aun cuando estén sangrando los codos… poner la otra mejilla algunos dirían. Así lo hace a veces, cuando cada tanto, le da la gana de conformar a la gente.

La irreverente es optimista y no cree que sea malo… no es ser soñadora, perezosa o entregada…

Ella cree que ser optimista es enviarle el mensaje adecuado al universo que ante órdenes tan acertadas y bien engendradas no hace más que obedecerle y brindárselo.

Se optimista, aunque mas no sea por un rato, respira ese aire de certeza que no es más que incertidumbre aferrada a la actitud más saludable.

Ser optimista es optimizar nuestro estado para conseguir lo que estás buscando; no admite personajes de obra de teatro. Atrévete a ser irreverente, invita; probalo!

Pon una pisca de ti mismo, agrégale insensateces en cantidad necesaria, irreverente; no la acepta mucha gente porque elige ser como es sin importarle lo que demanda el relato.

¡Probá ser irreverente!!

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