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¡El amor! Ese sentimiento loco que nos hace desvariar
tantas definiciones que lo intentan describir,
con cuántos acontecimientos se le puede asociar.
Poetas, filósofos, literatos renombrados e improvisados que de él ansían escribir
¿quién en este mundo no lo quiere sentir, palpar...vivir?

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A veces tiene los ojos tiernos y brillantes, el tesoro de la inocencia pura.
Se peina con relamidas trenzas del color del trigo,
sonríe virginal a través de esa boca colmada de frescura.
Sus brazos son en el frío invierno, delicado abrigo.

Se viste de uniforme llevando a la espalda mochila,
largas calcetas de nieve inmaculada,
resguardando sus delicados pies el par de zapatillas, con que, a solas baila.
Candorosa colegiala amada.

Hacia ella extiende la mano dispuesto a guiarla,
¡Qué dicha ser el paciente maestro que la instruya en las artes amorosas!
Las mejillas encendidas, delatando inexperiencia. Es aquella valiosa perla
recién rescatada de la ostra, dispuesta a recibir las enseñanzas.

¡Ah , la ternura del amor primero! El beso inexperto que nunca se olvidará,
el roce de los dedos, las manos sudorosas, corazones desbocados.
La fotografía hurtada que junto al corazón se lleva y atesora.
El despertar naciente de todos los sentidos.

¡El primer amor! El noviazgo casto que domina los anhelos,
la desaprobación de los padres, la vigilancia extenuante de los profesores,
entre los brazos del elegido sus libros, mientras caminan saboreando caramelos.
Qué grácil faz muestra el amor, atestando la adolescencia de silvestres flores.

 

II

¡El amor! Sentimiento perenne que trastorna nuestra vida loca
el calor, sabor y color de los amaneceres, las tardes, las noches, las mañanas frescas.
Le otorga un sentido distinto a todas las experiencias,
y de pronto, todo gira en torno a los ojos, el cabello, las manos...esa boca.

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Más no siempre es el motor poderoso que a la vida impulsa,
igual la abate, la extermina, sin piedad la acaba...
el fracaso también viaja en esa balsa
surcando aguas dolorosas, profundas que con lágrimas los sueños lava.

A pesar de los desvelos y las ilusiones contenidas, jamás su corazón se ablanda,
ni los ojos soberbios y altaneros se posarán en los otros que con dolor
experimentan la gran tragedia del amor.
Se torna melancólico al no encontrar la chispa que su llama encienda.

El corazón es protagonista de un tormento insoportable
amenaza con romperse, quebrantarse, doblegarse.
A pesar de la intensa lucha por derribar el muro del desdén, que parece impenetrable
y que hace del enamorado un prosaico mendigo dispuesto a no rendirse.

¡Y qué más da si los ojos se encuentran! ¡Qué importa que la boca tiemble!
cuando los suspiros viajan en otra dirección y los deseos no son compartidos.
A pesar de la incesante lucha, no es posible borrar la imagen ingrata y terrible
de aquel que no se estremece ni escucha los ensordecedores latidos.

La savia se pierde entre sombras y penumbras. La nostalgia se respira,
las suaves almohadas son de pronto rocas frías.
El fantasma de aquel que rechazó el amor termina vagando, en tanto el otro delira
exclamando que por fin viene al encuentro para calmar sus ansias.

¡Ay cómo duele el amor cuando no hay amor!
cómo castiga cuando el rechazo es claro e implacable.
Va cargado de tristezas y amarguras haciendo sentir su clamor
resonando como una campana cruel cuyo tañer es filoso como un sable.

 

III

¡El amor! Abanico plagado de posibilidades. Compañero eterno.
Cuestión de suerte, ruleta rusa. Puede llevarte al mismo cielo
o conducirte debajo de la tierra, por el camino oscuro y tortuoso del infierno.
Y sin embargo, ¿Quién puede resistirse a su señuelo?

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Se muestra sacrificado, abnegado...victimado
entregando tranquilidad, paz y dignidad
pretextando que solo desea hacer feliz al ser amado
permutando afectos por insultos, maquillando moretones, padeciendo su crueldad.

Todo, para no darle un motivo de queja
a quien en vez de caricias entrega violencia,
pues considera que el respeto, es una costumbre añeja.
Tortura sin piedad mostrando con los puños su naturaleza plagada de inmundicia.

Sí, el rojo pasión se reviste de luto,
canalla con cobarde paseando por la plaza sin vergüenza ni mesura.
-No me dejes nunca- susurra amenazante él- si lo haces te percuto
-Jamás te dejaré -promete ella- me matas, pero sin ti me muero. ¡Vaya locura!.

 

IV

¡El amor! Su indumentaria puede ser una ficción
juega a ser actor interpretando un personaje en el escenario de la representación.
Inventa sentimientos, finge tener valores, envuelve con su labia.
Tan solo para disfrutar un momento de placer, hasta de nombre cambia.

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No conoce la fidelidad, Traiciona, engaña miente. Deja la fe quebrantada.
La trama lleva muy bien estudiada,
mientras la crédula víctima a sus pies cae, indiscutiblemente enamorada
y se entrega por completo dejando a un lado los miedos, sintiéndose ilusionada.

En cuanto el alba despunta, el personaje termina
y en busca de nuevas pasiones parte el amante ingrato
dejando en sequía la fuente en que sació esa sed ladina.
Para él, las relaciones son pasatiempo de un rato.

Y sin embargo, ama, adora genuinamente sin dar explicaciones,
su corazón está fragmentado, en cada trocito un aprecio.
Recuerdos nutridos, muy variados. Pasiones, lisonjas y perversiones.
Cada conquista un trofeo, repartir amor por do quier es su oficio.

 

V

¡El amor! sentimiento eterno, marca huellas imborrables,
tatúa cicatrices que ni el tiempo o la memoria logran desvanecer.
Fantasma tortuoso que vaga siniestro, amenazando con volver a aparecer
removiendo los escombros, atizando las cenizas de una historia inolvidable.

******

El corazón sigue latiendo en pos de su memoria
rebelándose ante la razón que lucha para ver fenecer el recuerdo que duele
volando con esas alas de frágil seda cuya resistencia es extraordinaria.
Símbolo de eternidad, solamente él perdura aunque a la evocación impele.

Al contemplar la luna, aliada indiscutible de cupido, las nostalgias regresan,
la sensación de esas manos que moldearon el cuerpo con devoción,
el cobijo de esos brazos que protegen y abrazan
la simpleza de un apego que no conocía dilemas en su manifestación.

A pesar de ello, todo terminó. Uno dudó y el otro se rindió,
ambos, intentan seguir adelante inseguros del camino a recorrer,
la lluvia los empapa recordándoles que deben superar lo que sucedió
y aún separados apartar las rocas, luchando para no dejar de creer.

 

VI

¡El amor! trastoca el corazón, el alma, el cuerpo ardiente
convertido en la montaña que se escala con manos expertas y labios ansiosos,
el centro estalla cual volcán detonando con violencia...delicioso, candente.
Lava encendida capaz de generar vida en unos cuantos segundos intensos.

*****

Los pechos redondos, suaves, generosos, cuyas cimas elevadas
se crispan al contacto de los dedos ávidos que descubren, palpan,
sienten y logran despertar las ansias dejando las barreras derribadas.
Entonces la boca saborea, disfruta, los labios, activos, participan.

Lenguas candentes danzan la loca melodía desencadenada
las bocas se encuentran, se beben, se abrazan y se vuelven a apartar.
El vientre como un claro dispuesto invita a aterrizar en su tibia explanada,
se estremece al contacto de la lengua, invita en él a pernoctar.

Caderas que llevan el ritmo de la fogosidad, espasmos de satisfacción,
impulsos que remueven la pasión contenida, en un baile carnal.
Voluptuosidades que llegan a desesperar, manos sin freno favoreciendo la trepidación
El cabello, cascada de aguas hirvientes mojando el cuerpo, cara, dedos...
presagiando el final.

Las piernas firmes, largas, cual puertas abiertas invitando a entrar,
reciben voraces, atrapan, cobijan, trepan y arrullan divinamente.
Entre las sábanas y el cobijo de los cuerpos el ritual del amor está por culminar.
Un suspiro se eleva al cielo mientras el corazón late vigorosamente.
agradeciendo sinceramente esa cabalgata excepcional.

 

VII

¡El amor! cambia continuamente de ropaje, de figura, de antifaz.
Tantos rostros, tantos nombres, tantas personalidades,
un cúmulo de infinitas posibilidades.
Hay que tener cuidado, aunque parezca igual, no siempre es la misma faz.

Elena Ortiz Muñiz

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