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Este relato está basado en un hecho real.

Dejé de tomar bebidas alcohólicas hace ya muchos años porque me hacían daño para el cuerpo, el bolsillo y la familia, dejando eso a un lado quiero relatar anécdotas curiosas de mi época de bebedor y una muy simpática es la de los borrachos que tienen recetas infalibles para todos los quebrantos de salud.

 

En reunión de borrachos, después de algunos tragos o cervezas aparecen los temas recurrentes como el deporte, las mujeres, la política y la salud; en este último caso aflora la sabiduría popular y salen a relucir toda clase de recetas para curar los males que aquejan al género humano, no es sino que uno de los amigotes se refiera a un miembro de su familia o amigo que padece alguna enfermedad y, como por arte de magia, salen las recetas que la curan.

 

Todos han tenido alguien conocido con el mismo padecimiento y cómo logró recuperar la salud con ciertas yerbas, ungüentos, píldoras, remedios caseros, homeopáticos, en fin, la ciencia médica queda en pañales ante la sabiduría farmacéutica de los borrachos.

 

El caso que voy a contar es verídico; mi compadre Alvaro T, por prescripción médica tuvo que practicarse unos exámenes y el resultado dio positivo para la diabetes, el médico que lo trataba le ordenó inyectarse insulina, más una dieta balanceada para detener la enfermedad y abstención de bebidas alcohólicas, advirtiéndole que era incurable. Sus amigos borrachos, yo incluido, mostramos genuina preocupación y cada uno dio su propio diagnóstico, basado en investigaciones personales. En conclusión, no queríamos que dejara la bebida porque, entre otras cosas, era el que más compraba.

Mi compadre, haciendo caso a las recomendaciones de sus amigos de cantina, no se aplicó las inyecciones, cambió de trago a cerveza, solo tomó cervezas light, cada mañana bebía infusiones de yerbas recomendadas por nosotros y que, según el amigo, había curado a la esposa de un primo de diabetes avanzada, en fin, hizo todo lo que recomendaron los falsos médicos de tienda y nada de insulina, como se puede suponer su salud empeoró y ya no volvió a la cantina a beber con sus compinches.

 

Ante la ausencia de Alvaro, el grupo me encargó de averiguar por su estado de salud porque, según ellos, si había seguido sus indicaciones ya debería estar curado. Yo, como buen amigo y compadre, le pregunté por él a otro amigo no bebedor que me miró extrañado y me dijo: “su gran amigo tiene diálisis día de por medio porque se agravó de la diabetes por no aplicarse la insulina”, con esta noticia fui a la tienda y la comuniqué al grupo.

 

Todos negaron la posibilidad de que nuestro compañero hubiera agravado su situación por la falta de insulina, todos afirmaban que el problema era que no se hubiera aplicado los remedios dados por el grupo, y a beber en nombre del ausente rogando por su pronta recuperación. La última vez que lo vi, estaba envejecido, sentado al frente de su casa en una silla tomando el sol. Casi no podía hablar y se le humedecieron los ojos al recordar el grupo de compadres toma tragos. Me pidió que les diera muchos saludos y que tan pronto se alentara se reuniría con nosotros a celebrar.

 

Tres meses después se marchó de este mundo. Yo volví a ese sitio tres veces y ya jamás regresé. Siempre los mismos temas y los mismos pendejos, Alvaro siempre presente en las conversaciones. Allí decidí que no hay que creerles a los médicos de cantina, por más que juren que su receta fue infalible con alguien conocido. También, a raíz de la muerte de mi amigo tomé la decisión de buscar ayuda para dejar la bebida.

 

Edgar Tarazona Angel

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Evgeny Zhukov Entre chiste y chanza, la mayoría creo que somo así. Aconsejamos sin saber y escuchamos a otros por respeto a nuestra amistad. Hoy en día hemos reemplazado a los médicos por el "Doctor Google" y si queremos una segunda opinión, consultamos al "Doctor Bing". Las consecuencias, como las de Alvaro

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