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El vicio de narrar (parte 2a)

El tono (del hielo a la hoguera)

El tono es una actitud emocional que el narrador mantiene con la historia que nos cuenta. Efectivamente, el narrador puede implicarse con el texto, puede tomar una postura u otra, y de esta postura dependerá el enfoque del relato. La actitud del narrador puede ser, pues, trágica, cómica, moralizadora, vehemente, cínica, solemne o, simplemente, fría y acrítica o, de manera antagónica, absolutamente parcial y comprometida.

Cuando el narrador es un personaje (narrador protagonista), entonces todo el tono del relato se impregna de la forma de ver las cosas que adopta el personaje principal. Este tipo de tono, de narrador, suele ser moralizante y profundamente crítico, cuando no participa de la vehemencia de las ideas absolutas.

La diversidad de tonos narrativos podría compararse con una escala cromática. Los tonos más fríos, los azules, estarían ubicados en un extremo; mientras que los tonos cálidos e intimistas, del amarillo al rojo, lo estarían en otro. En medio, existe un complejo repertorio de matices narrativos con sus colores equiparables.

El tono cálido gana emotividad a medida que el narrador se implica en la historia, hasta llegar, en ocasiones, a un lenguaje poético. Por el contrario, el tono frío, se vuelve lógico, se intelectualiza a medida que el narrador entra en el relato sin emotividades, para adoptar un lenguaje categórico, conciso.

El tono frío

En el tono frío, el narrador utiliza formas impersonales con frases precisas y afirmaciones taxativas, todo lo que convenga para no implicarse emocionalmente con el texto. Así mismo, el tono frío es muy avaricioso con las figuras literarias. Evita, tanto como puede, las metáforas, las comparaciones, los adjetivos afectivos (los adjetivos que describen estados de ánimo o hacen apreciaciones subjetivas, por ejemplo: mirada triste).

Una muestra del tono frío, impersonal, la encontramos en el autor polaco [[Stanislaw Lem]]. Lem se inventa un universo propio, apuntalado por una fraseología particular. Un universo donde el registro lingüístico podría ser el de un técnico cibernético, cosmólogo o historiador. Con esta estrategia consigue un tono académico (frío por excelencia), conciso como el bisturí de un cirujano.

Así lo demuestra en su obra de posibilismo literario “[[Un valor imaginario]]”. Un libro que nos habla de libros imaginarios, una recopilación de prólogos de obras inexistentes. Se trata de una antología de introducciones donde domina el tono frío, apoyándose en un estilo irónico con tendencia a transformarse en una aguda sátira del mundo tecnológico:

… hemos fabricado IDIOMATAS y COMDEBILES (COMPUCEROS), es decir, unos Autómatas Idiomáticos y Computadores Chapuceros o Débiles. A ellos se debe la creación de la GRAPAGÉNICA (gramática paralógica generativa) de la Lengua del Futuro.

Gracias a esto, los Profuters, Langlingos y Pramnesto-squisoplegiadores de control, compusieron 118 Sublenguas (dialectos, argots, slangs), llamadas: CHAFARDERÍAS, BALBUCEOS, BLA-BLABEOS, EMBARBULLAR, ABSURAX, CRETINAX, etc. A razón de ellas, se ha creado finalmente la CRETILINGÜÍSTICA, que ha permitido realizar el Programa CRUCIFIX. A él le debemos, en particular, la posibilidad de formular Prognosis Intimas, relativas a la Futerótica (por ejemplo, en los detalles de la convivencia de los hombres con artorgas y amorgas, incluso en los obscenarios e inventarios y en la sexonaútica orbital extragravídica, venérea y marciana)…

El tono cálido

Desde el otro extremo del espectro, en el tono cálido la emoción del narrador impregna el texto. El tono cálido no nos proporciona una información clara, todo entra dentro de la ambigüedad, la subjetividad de los sentimientos inunda la voz narradora. Aquí, las figuras literarias pueden expresarse sin contratiempos y el lenguaje poético encuentra tierra abonada. ¿Por qué el tono cálido tiene tendencia a utilizar el registro poético? El intimismo, consubstancial a este tipo de tono, utiliza la poesía como la mejor herramienta para expresar la emoción del narrador. Por este motivo, la prosa poética es la culminación del tono cálido.

El lirismo de [[Isak Dinesen]] en “[[Memorias de África]]”, nos sirve para ilustrar la prosa poética y a un tiempo las virtudes del tono cálido. La descripción de su granja perdida en Kenia, teñida de añoranza, está impregnada de una gran fuerza:

La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era ni excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores de la cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a la de los árboles de Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma dotaba a los árboles altos y solitarios de una semejanza con las palmeras, o de un aire romántico y heroico, como barcos fondeados con las velas cargadas, y las márgenes del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrase ligeramente. Las desnudas y retorcidas acacias crecían aquí y allá, entre la hierba de las grandes praderías, y la hierba tenía un aroma como de romero y mirto de los pantanos.

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