Desde niño le dijeron que debajo de la cama habitaba un monstruo y cuando bajara los pies, en horas de la noche, este lo atraparía y no le dijeron que podría hacerle.
Debido al miedo al ser debajo de su lecho, cuando le venían los deseos de orinar, no podía bajar los pies para ir al baño y se orinaba en la cama.
Pasados unos años, y motivado por la burla de sus hermanos mayores y los compañeros de estudio, que lo sometían a continuas burlas por su olor inconfundible de miador nocturno en el piyama, decidió vencer su temor y levantarse al excusado.
Sentado en la cama buscó a tientas las chancletas en la oscuridad, las calzó y se puso de pies para caminar al inodoro; no se percató de que la puerta del closet se abría silenciosamente. De pronto sintió unas manos heladas que le atenazaban el cuello. El maldito monstruo estaba era en otra parte.
Edgar Tarazona Angel