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Poco hacía que se habían casado cuando ella lo abandonó. El motivo que adujo fue que no toleraba que el comiera ensalada de tomates y huevo, ya que a ella le gustaba la de lechuga y tomate. Ese motivo marcaba una distancia imposible de superar en la relación.

Ella viajó por el mundo y recaló en África. Tal vez en el lugar menos indicado por las pestes y otras yerbas. Allí quedó embarazada de la muerte y a los nueve meses exactos, murió.

Cuando él se enteró de su fallecimiento estuvo tres horas y cuarenta y tres minutos llorando de la risa. Su alegría era inigualable.

La situación económica del hombre era buena pero la situación política del país se hacía cada vez más compleja. Por ese motivo decidió pedir asilo. Y así fue, que a pesar de su edad, lo aceptaron en un asilo de ancianos.

Se acostumbró rápidamente a esa vida placentera. Le servían en la cama si no deseaba levantarse, lo lavaban, incluso sus partes íntimas con minucioso cuidado, disfrutaba del sol en el parque y cuando tenía ganas escribía cuentos y poemas fumando un delicioso puro.

Una noche se encontró, en un pasillo poco iluminado con una monja enfermera que hacía su ronda. . Era joven y bonita. En el instante que la vio se sintió atraído y sin más la empujó hasta la enfermería y la hizo suya. Satisfecho se retiró a su dormitorio y se quedó dormido, mientras la monjita, intentaba recomponerse acomodando sus ropas entre sollozos. La pobre muchacha no pudo dormir esa noche y rezó hasta la madrugada. No se levanto hasta el mediodía pensando como lo denunciaría e imaginando el castigo que el internado se merecía. A la hora del almuerzo se dirigió hasta el comedor, donde el hombre estaba  felizmente almorzando. Ella lo vio, fue como un shock, como un choque de planetas  cuando lo observó comiendo una ensalada de tomates y huevos silenciosamente. Al ver la monja su comida preferida se encandiló, y además de enamorarse de él, lo veneró. Luego de ese momento de iluminación ( ¿la ensalada de tomates y huevo que él engullía tendría que ver es esto ?) comenzó a ir todas las noches a la habitación de él. Le pedía que le hiciera el amor y luego se quedaba rezando al pie de su cama durante el resto de la noche. No rezaba al Cristo Padre, sino a él. El se había transformado en un Dios para ella. El hombre, convencido  por ella que El era el Dios Todopoderoso, comenzó a comportarse como tal. Pasaron unos años hasta que un día un funcionario del gobierno hizo una denuncia que apareció en el Diario El Laberinto de Lomas de Zamora, donde expresaba que en el Asilo Padre Hermoso ocurrían cosas extrañas. El investigador que se acercó una noche hasta el lugar, encontró a todo el personal de servició, curas y monjas, ancianos recuperados de enfermedades terminales, gatos y perros, arrodillados frente a El, mientras digerían un plato de ensalada de tomates y huevos.

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