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Desde el comienzo debo decir que este es un relato fuera de lo común, comenzando por el título porque este término no existe en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Esta palabra la inventé yo y la saqué de uno de los verbos utilizado por el personaje central de la historia: trasgiversar; que para ella (porque es una ella) enredaba todas las palabras y sólo la entendíamos a cabalidad los que estábamos en permanente contacto por cuestiones laborales, familiares o de amistad.

Alguna ocasión escuchó el verbo tergiversar y le llamó la atención, preguntó el significado y, de ahí en adelante metía su verbo trasgiversar en la conversación cada vez que se presentaba la oportunidad.

Me toca escribir dando explicaciones a cada paso por que de otra manera los lectores van a entender lo que no es o no van a entender ni pío; así de enredado es el parlamento de Diva, la protagonista de esta narración. Debo decir también que usaba términos aceptados por la academia de la lengua porque le sonaban bonitos o elegantes pero no tenían cabida en el contexto donde los ubicaba.

Como no tengo un cronograma de sus hazañas me toca escribir a saltos los retazos de recuerdos que se me vengan a la cabeza; por ahora voy a hacer una lista de sus palabras y voy a empezar por la palabreja que dio origen al título de esta historia; ¡ah! Y puedo asegurarles que todo es cierto, hasta el momento en que perdí su rastro así continuaba expresándose y agregando palabras a su léxico personal.

Alguna vez en la pequeña ciudad donde laborábamos en el sector educativo (que pena, había pasado por alto este detalle significativo) se llevó a cabo la realización de una semana cultural; Diva era la directora de la institución educativa y yo era uno de los profesores, y cada escuela y colegio participaba en algún género de tantos que presenta el folclor de cada país para aspirar a uno de los premios que otorgaban los organizadores. Para no alargar el inicio de la historia en el discurso de bienvenida dijo esto (Extracto): “… el conflor de las regiones naturales y occipitales del país tienen una gran riqueza en su flora y en su fauna como la danza y la música; los antropófagos han estudiado en sus interiores todo lo relacionado con el conflor y por eso hemos nombrado jurados inmarcesibles que darán su voto por lo mejor que se presente sin derecho a que nadie meta las patas y no haigan trasgisversaciones…” Por Dios que así hablaba esta insigne directora de la educación, a lo largo de los años aumentan los incrédulos pero los testigos auditivos se ríen ante los recuerdos.

En alguna reunión con padres de familia se refirió a los castigos  que aplicaban los progenitores y despachó una parrafada de inconsistencias dignas de quedar en la historia, debo advertir que escribo entre comillas por aproximación porque, por mala fortuna, ninguno de estas maravillas de la elocuencia quedaron grabadas para la posteridad: “…y como les venía diciendo, desde que Colón llegó con sus conquistadores a Colombia en las tres calaveras hasta nuestros días y nuestras noches algunos padres y madres sin conciencia aplican a sus genes unos castigos muy gástricos (por drásticos); hay que mirar el árbol ginecológico para ver de dónde venimos porque hasta en la Biblia dice que el burro fue uno de los habitantes del paraíso terrenal y que con sus carracas Abel mató a Caín para darnos el mal ejemplo desde esa lejana época. Miren padres de familia como la naturaleza nos da ejemplo de cómo tratar a los hijos con suavidad y cariño, la esposa del alacrán se deja matar para que sus cachorros (sic) se alimenten de ella, eso sí es amor de un mamífero por sus criaturas de Dios; no como algunos de los que me escuchan que parecen unos salvajes antropomorfos que devoran a sus propias crías; bien lo dijo ese insigne pedagogo de la antigüedad de nombre Herodes que debe ser el Santo Patrono de los Jardines infantiles, “dejad que los niños vengan a mí”, esos son los ejemplos que ustedes deben seguir y no los de ese malvado Hitler que se desayunaba con carne de niños judíos a mañana tarde y noche…”.

Y les gritaba que los niños se tramautizaban (traumatizaban) con los castigos físicos (a pesar de que ella si repartía palo en los salones cada que algún niño cometía una falta) y el celebro se les volvía como una melcocha con los coscorrones. Cuando Diva se metía con un tema le metía diente hasta donde le alcanzaba la imaginación y defendía cualquier causa que se le atravesara por delante; más bien peroraba sobre el tema que estuviera en el momento. Cuando los 500 años de la llegada de Colón a estas tierras se soltó con Los reyes Catódicos y qué colon no era de donde era sino de más allá y que Colón no era su apellido sino su apodo porque tenía el trasero muy grande, que su verdadero apellido era Fuenteovejuna y que si lo dudaban leyeran las obras del Marqués de San Jorge tan renombrado en las Sagradas escrituras.

Es más –continuaba- Colón fue el primero que trajo las ovejas, sus padres eran cargadores de lana y por eso su apellido, pero que la verdad era que un curita llamado San Francisco de Asís era el que le había prestado los mapas para que no se perdiera en la selva brasileña.  Como ya había tomado impulso seguía con los Reyes catódicos y las joyas de la reina Isabel que se tramautizó después de hacerle el favor al tal Colón porque eran el regalo de bodas de la mamá y cómo le iba a decir que las había empeñado para que el Almirante se fuera de paseo a buscar las indias occipitales para hacer quien sabe que porquerías, vaya Dios a saber.

Su fuerte para las metidas de pata era la Historia, claro que despotricaba con todas las asignaturas pero las Ciencias Sociales eran su manantial predilecto, ¡ah!, y la Historia Sagrada. Por ejemplo decía con toda la frescura que Francisco Pizarro era el inventor de las pizarras de los salones en las cuales se escribía con la tiza que esta si no era invento de él sino de Colón. Que Hernán Cortés había sido el mejor compositor de rancheras y por eso pasó a la historia al lado de José Alfredo Jiménez. Que Sansón era el Santo patrono de los Hippies y Dalila la santa de los peluqueros y estilistas.  En fin, cada personaje de los libros de texto sufría una metamorfosis total o parcial según el estado de inspiración de la señora directora escolar.

Con enfermedades y medicinas era otro cantar divertido y digno de recordar. En una de sus temporadas de afonía le preguntaron que le pasaba y dijo que tenía vagina de pecho y las cuerdas bacanales de la garganta estaban inflacionadas y por eso la voz no le salía; que las branquias de los pulmones tenían flebitis o algo así y que confiando en Dios de pronto era un cáncer. Para una salida escolar al campo se paró delante de la comunidad educativa y dijo: “Señores y señoras, mañana a las siete salimos rumbo a F… y el que no esté listo a esa hora se queda, sea quien sea (ella llegó a las ocho); cada niño debe traer su comiso o refrigelio para que se lo coma a la hora que es porque si se lo come antes después le tocará mendigarle a los compañeros que tienen la orden de no darle a nadie para que aprendan. Todos deben traer una víscera porque si calienta mucho el sol se les pueden insolar sus caritas, entonces, después del refrigelio se ponen las vísceras en la cabeza para evitar la insolación y  luego tienen tres horas para que corran y se inseminen (diseminen) en los potreros que hay en el parque natural…”

Y era un chiste completo oírla dar instrucciones a los profesores sobre la forma de mejorar sus clases porque ella se daba ínfulas de erudita, ´porque por algo era directora docente y eso la ponía por encima de sus maestros y con autoridad para sugerir u ordenar lo que creyera más conveniente para mejorar la educación de los estudiantes de su escuela. Al profesor de Educación física le dijo un día, en presencia de los chicos: “Profesor, debe hacerles muchos ejercicios para fortalecer los muslos del estómago y también programar actividades prostáticas para mejorar el rendimiento en los campeonatos inter cursos; recuerde que un buen entrenamiento puede darnos medallas en la magnesia olímpica…”. Para su fortuna los niños eran de los pequeños y no entendieron; el profesor y otros testigos hacían esfuerzos para no soltar la carcajada.

Fin de la primera parte.
La risa no me dejó seguir.
Los invito a www.molinodeletras.net
Edgar Tarazona Angel

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