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Cuando la vida te ofrece un sueño que supera con creces tus expectativas, no es razonable quejarse de las consecuencias de este.

Y entonces supe que había llegado… ¿Cuánto tiempo lo habíamos pospuesto? Meses, pero, no podíamos hacer nada para evitarlo, esta burbuja nuestra era tan hermosa, el tiempo no era parte de nuestra vida, éramos solo nosotros dos, juntos en nuestro mundo de almas gemelas y pases de heroína…  pero eso acababa hoy…

Era para variar un día gris, curioso, cómo hoy empezaban a parecerme realmente… grises, el aeropuerto estaba casi vacío, además del personal, habían unas diez personas y nosotros, el vuelo salía en unas dos horas más o menos, estábamos perdidos, como en trance, no habían lagrimas, ya todas habían sido gastadas el día anterior. Nos habíamos sentado en el pasillo junto a la tienda de revistas, estábamos en privado completamente, excepto por el sonámbulo vendedor, yo estaba sentado junto a ella, con una pierna doblada sobre la silla para poder verla, como si cada segundo me fuera a dar vida en el momento en el que el avión despegara… claro, si es que quisiera vida después de que sucediera… mire con tristeza las marcas debajo de sus ojos, los últimos días habían sido una pesadilla, para ambos, para todos, su mirada estaba fija en mi rostro, supuse que mis ojos lucían igual; ella estaba sentada igual que yo, abierta hacia mí, ansiaba desesperadamente una inesperada sonrisa, esa sonrisa que me emocionaba, que cada vez me hacia adorarla aun más, esa sonrisa que explotaba cuando menos se esperaba, tan típica de ella, tan típica de nosotros… pero sabía que la sonrisa no aparecería, sus labios estaban ligeramente curvados, pero en la dirección contraria, tome sus manos fuertemente, sentí su calor, o quizás solamente estaba frío, besé sus pequeñas manos y después ella recorrió el borde de mi rostro con las yemas de sus dedos, traté de sonreírle, ella también lo intentó y deseé que mi remedo de alegría hubiera sido más convincente.

Tomados de la mano, lo único que alcanzábamos a hacer era mirarnos, aunque en realidad, mi mente navegaba en nuestros recuerdos, buscando hasta el más oscuro rincón en búsqueda de alguna memoria que pudiera haber olvidado, quería disfrutar de ellos ahora, aunque dolían un poco, sabía que no sería comparable este dolor con el que me causarían cuando el tren de aterrizaje no estuviera en tierra. Un “Te amo” acompañado de mi nombre me trajo de vuelta, ese susurro me hizo estremecer, sentí que algo dentro de mí se quebraba… por centésima vez, sentí  un aullido de dolor que quiso escapar de mi garganta al pensar que ella no estaría más para decírmelo suavemente, para decírmelo  entre suspiros, para  decirlo de mil maneras diferentes, necesité de un esfuerzo incalculable para no caerme a piezas delante de ella,  eso solo la lastimaría más, podía reservarme esto para mí, le sonreí levemente y esta vez me salió mejor, le dije “te amo” con todo mi amor y besé sus labios, me retiré rápidamente pensando que esto evitaría sentirnos aún peor, pero el contacto con su boca me erizó la piel, después de unos dos segundos, volví hacia ella, ella ya venía por mí.

Volví a mi lugar cuando una necesidad mas urgente se apoderó de mí, la abrasé fuertemente, sujete mis brazos alrededor de su cintura y ella cruzo los suyos detrás de mi nuca, nos besamos de nuevo, quise sostenerla por siempre, para que nunca se fuera, para que siempre estuviera a mi lado diciéndome que me amaba; fue entonces cuando recordé por qué era esto lo que había que hacer, por qué esta era la mejor decisión, la única razón que me mantenía en pie durante todo esto: ella, su bienestar, su porvenir, todos esos sueños que regían su vida antes de que nos lanzáramos en esta aventura suicida… Quien era yo para cambiar eso, no iba a truncar esas ilusiones, no iba a ser un obstáculo en su vida… “Tu eres mi vida” eso no contaba como argumento, aunque sabía a que se refería, una angustia terrible invadía mi cuerpo cuando solía contemplar la idea de que se iría, pero eso había cambiado unas semanas atrás, cuando  el hecho de su partida era tan inminente que no podía seguir mirando para otro lado, entonces la esporádica angustia había mutado en una agonía constante… “Te extrañaré” susurre destrozado con mi mano en la ventana del aeropuerto mientras veía como el avión se alejaba.

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