MATSUALÍ
“La que ve lo que aún no ocurre”
Capítulo 6: Nilo
La visión que había tenido bajo el influjo de la extraña fiebre había encendido en Matsualí un propósito, una meta. Hacer que su pequeña tribu sea el núcleo que crecería imponente hacia la gigantesca urbe que se había grabado en su memoria.
Matsualí, había trazado canales primitivos para el riego y para el uso del pueblo, enseñado a sembrar en el ciclo de las lluvias, establecido un orden donde el conocimiento era la piedra angular de su incipiente desarrollo. Se la veía pasear siempre mirando el horizonte, como si en la bruma diurna y nocturna encontrara las respuestas a sus incesantes preguntas.
Después de la celebración del tercer ciclo de la llegada al valle, empezó a compartir sus conocimientos con todos en la tribu. Si antes había logrado el milagro de crear una lengua nueva, mixta, para la comunicación de todos, ahora puso su empeño en el grabado de esas ideas. Necesitaba que sus pensamientos no se diluyeran, que otros puedan continuarlos o mejorarlos. Inventó la escritura del valle.
Tomó signos y referencias de los cuatro elementos. Creó runas que hablaban alrededor de un elemento único y todo lo que se referenciaba a él tenía un común. Como rio, pez, alga, mar. O runas de aire, donde condensaba a las nubes, el viento, la respiración, la voz.
Su mente prodigiosa trabajaba sin descanso hora tras hora, creando, mezclando, dibujando. Una runa de viento y una de agua debían decir lluvia o tormenta. Matsualí probaba, experimentaba, desechaba y volvía tras un concepto hasta poder representarlo.
Paseaba junto al río con la tabla de arena en las manos, un artilugio que le permitía dibujar y borrar las ideas que bullían en su cabeza. La tribu la miraba pasar de lejos dejándola tranquila, sabían que trabajaba en algo, y la liberaban de las tareas cotidianas para dejarla pensar. Solo sus jóvenes leones paseaban junto con ella, pero no a su lado, ellos también exploraban y marcaban su territorio.
Sumida en sus pensamientos no vió al hombre parado dentro del río, como si hubiera emergido de las aguas. Estaba de pie en medio de la corriente, con el agua llegando a la cintura, y parecía hecho de la misma sustancia del río: piel oscura como el limo, cabellos como algas, ojos que reflejaban el cielo. Sus ojos eran grises como el agua profunda en remolino, y así parecían fluir, su piel brillaba con el reflejo del río. De porte imponente, su musculosa figura parecía una roca en medio del río. Quieto, sin moverse un milímetro, el agua fluía alrededor de él.
—Soy el amo de estas aguas —dijo, sin presentarse, levantando la mano en modo de saludo.
Matsualí midió su presencia con la misma frialdad con que había medido al Djin, la lógica de Matsualí falló; él no era una ecuación, era un elemento, así como el Djinn no era una certeza, sino magia.
Pero en este hombre sintió algo distinto: no era astucia lo que irradiaba, sino una fuerza inmensa y tranquila, como la de un torrente que nunca se apresura pero nada puede detener.
—No hay amos aquí —respondió ella—. Solo los que construyen y los que destruyen. ¿Cuál eres tú?
El hombre sonrió y lanzó un desafío: un juego de ingenio, como el Djin, pero distinto. No acertijos, sino una batalla de voluntades sobre el curso del agua, el destino de las crecidas, la forma de los canales. Era un rival que no había conocido.
EL hombre lanzaba un problema donde el agua a veces debía de ser vencida y otras donde el agua debería vencer. Matsualí respondía pero su falta de experiencia la hizo fallar más de una vez y Matsualí fue vencida. No por falta de inteligencia, sino porque la inteligencia de aquel hombre—o aquel espíritu—no seguía las reglas humanas. Él era el río, y el río no razonaba: fluía.
—Te gano —dijo él, sin soberbia—. Pero no te pido nada a cambio. Solo que me permitas quedarme.
El hombre caminó hacia ella saliendo del río, el agua parecía desprenderse de él y no simplemente bañarlo.
Los leones se acercaron gruñendo quedamente, desconfiados pero no alarmados. No veían peligro, pero tampoco se quedaron lejos. Se pusieron a la distancia de un salto, a los costados de Matsualí, siempre protegiéndola.
– Tus guardianes desconfían - Le dijo mirándola a los ojos y cruzando los poderosos brazos sobre el pecho des pues de señalar a los leones.
– Son mis hijos - Le dijo Matsualí todavía perturbada de la derrota. Su mente seguía resolviendo los problemas planteados guardando las respuestas.
— Hijos fuertes, de una niña delgada como tú -.le dijo sonriendo
– No respondiste mi pregunta inicial. Quien eres, ¿Eres de los que destruyen o construyen? -
– Puedo decir que soy ambos, doy vida y la tomo a partes iguales. La naturaleza no tiene preferidos -
– Un ser parecido a ti, pero totalmente distinto al final, me dió un regalo, un don. Y los hombres de mi tribu me enseñaron a ser fuerte. Si ahora no puedo superarte con la mente, tal vez lo haga con la fuerza – desafió ella.
– No veo cómo pueda ser eso posible, soy tres veces tú por lo menos - Dijo el hombre mirándola divertido - cuál será el premio de la victoria esta vez.
– Que lo elija luego el que gane - Dijo Matsualí dejando la tabla de arena en el suelo y ajustándose la túnica a la cintura. Su frágil figura era un junco diminuto junto a la montaña que el hombre aparentaba.
– ¿Entonces es un reto en serio, niña? -
– Totalmente, hombre - dijo Matsualí con un dejo de ironía y sarcasmo en la palabra “hombre” - vamos, no dejes que una niña te intimide - dijo Matsulí ordenando a los leones sentarse y observar. Ellos habían aprendido a obedecer las señas de la niña y se sentaron cada uno en el mismo lugar mirando al frente, pero con la musculatura tensa, lista para actuar a la primera orden.
El hombre separó las poderosas piernas asentándose en el suelo y abrió los brazos listo para la lucha.
Matsualí se acercó sigilosa, como una brisa de aire. Saltó ágil de izquierda a derecha y hacia adelante, lanzando un golpe al pecho del hombre con el canto de la mano. Utilizando el impulso de rebote del golpe para volver atrás.
El hombre se tambaleó ante el golpe y abrió los ojos sorprendido. Nadie había podido siquiera moverlo y aquella niña casi lo tumba.
– Entonces en serio- dijo al final lanzándose también él a la lucha. con una poderosa patada en el suelo desestabilizó a Matsualí que volvía a acercarse, pero la niña aprovechó el golpe para impulsarse hacia el aire y caer sobre su hombro golpeándolo con todas sus fuerzas.
La articulación del hombro cedió y todo el brazo quedó inutilizado. Matsualí no se detuvo, su siguiente movimiento casi instantáneo fue caer al piso y girando sobre el talón golpeó al hombre tras la rodilla.
El hombre cayó sobre una rodilla y dueño de un reflejo impropio para su grosor y tamaño logró atrapar el tobillo de Matsualí con el brazo sano, justo en el momento que ella ya se retiraba después del golpe.
La jaló tratando de hacerla caer, pero la niña se plantó firme y también hizo presión en su pierna para soltarse del agarre.
Los dos se miraron a los ojos y Matsualí sintió su sangre hervir cuando la poderosa fuerza del hombre estaba doblegando su resistencia.
– Veamos cual fue tu don Djinn - pensó para sí misma y dobló la pierna que el hombre tenía sujeta. Un aire caliente emanó de todo cuerpo cuando hizo fuerza. El hombre cayó hacia adelante soltando el tobillo de Matsualí, totalmente vencido.
El hombre se hincó sobre una rodilla en la arena mirándola con asombro
– Quien eres niña, que apenas he podido tocarte y he caído derrotado -
– Nadie, solo alguien que necesita tu ayuda -
El hombre la miró desde su posición, agarró su hombro lesionado, hizo presión colocándolo en su lugar.
– Me llaman Nilo “el que fluye" y supongo que mi ayuda será el precio de mi derrota -
Matsualí lo miró y sintió una emoción que nunca había experimentado: la curiosidad por otro ser, no como problema a resolver, sino como presencia a descubrir.
– Si, necesito tu ayuda “Nilo” - pronunció su nombre por primera vez, hablándole como a un amigo - quiero saber del agua, del rio. De todo aquello que da y de todo aquello que quita. Quiero que enseñes a mi pueblo a vivir con el, de el y para el -
– Sabia decisión niña. Pero dime cual es tu nombre - Le dijo levantándose y estirando la mano para sellar su amistad.
– Me llaman Matsualí -
– Entonces eres tú - Dijo Nilo - La que los nómadas nombran en las orillas, la que guía y provee, la niña del milagro -
– No se de que hablas -
– Supongo que no, esas cosas se dicen en costas muy alejadas, allí donde el rumor de los sobrevivientes del naufragio negro es ahora un cuento y pronto será una leyenda. Y creo que sí necesitarás mi ayuda. Mucha gente te busca, mucha gente viene con los nómadas buscando tu pueblo. No para conquistarlo, sino como un lugar de esperanza, un lugar que se guía con sabiduría, un lugar donde existe la paz -
– Me sorprenden tus palabras y me entristecen también. Eso significa que algún hombre con ambiciones desmedidas también llegará algún dia -
– También eso es cierto Matsualí - pronuncia su nombre casi con reverencia - pero para cuando eso pase, puede que tu tierra sea ya poderosa y no tema de nadie. -
– Puede que eso suceda, amigo. Pero necesito de tu sabiduria para eso, necesito que me enseñes a dominar al río - Los leones se habían acercado a ellos y rodeaban a Nilo olisqueándolo sin disimulo.
– El es Makut y ella Marakut - Le dijo Matsualí, Nilo acarició el poderoso cuello de Makut que ronroneó tranquilo.
– Entonces te sigo Matsualí, a partir de ahora seré tu guia y tu discípulo -
Matsualí lo miró un momento, recogió la tabla de arena del suelo y terminó de arreglarse la túnica antes de comenzar a caminar rumbo al pueblo. Nilo se puso a su lado y recogió un pedazo de rama gruesa. Lo limpió un poco y comenzó a caminar apoyándose en él. Matsualí lo miró intrigada
– Tienes una patada poderosa, aun me duele la rodilla, un día deberás explicarme cómo es que en ese pequeño cuerpo cabe tanto poder - Le dijo mirándola intrigado
– Habrá tiempo para conversar. Mucho tiempo -
Matsualí y Nilo caminaron rumbo al pueblo seguidos por los dos leones que de rato en rato se apartaban del camino jugando entre ellos.
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(Fin del Capítulo VI)
Banda sonora NILO
Siguiente capítulo:
Capítulo VII : La llamada del Clan
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