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MATSUALÍ

“La que ve lo que aún no ocurre”

Capítulo 10: Destino

Fue un tiempo de paz. El valle florecía bajo la guía de ambos, y Matsualí disfrutaba de una calma que nunca había conocido. Nilo la llevaba al corazón del río, a los remansos secretos donde el agua era tan clara que parecía aire, y allí hacían el amor con la lentitud de quien tiene toda la eternidad por delante.

Matsualí atesoraba cada momento de intimidad con una ansiedad envuelta en temor. Sabía que eran momentos robados al tiempo. Una felicidad que no le pertenecía por completo.

Pero fueron dos años de trabajo constante entre ella y Nilo para consolidar la aldea, que ya era la primera urbe de la región.

Matsualí era feliz, inocentemente feliz.

Pero el Djinn no olvida, emergió de las sombras con una risa de cristales rotos. Apareció la séptima noche después del segundo año de la unión entre ellos, cuando la luna llena teñía de plata las dunas. 

Matsualí estaba sola sentada frente a la orilla, Nilo se había adentrado en el agua para pescar, de ´pronto sintió aquella presencia familiar por lo inolvidable, aquel peso de arena y fuego en el aire.

—Has desafiado mi augurio, niña —dijo el Djinn, con voz que no era ira sino una frialdad antigua—. Creíste que el amor de un espíritu menor bastaría.

—El amor de Nilo es más fuerte que tu maldición —respondió ella, pero su voz tembló.

El Djinn sonrió, y en su sonrisa hubo piedad y crueldad a la vez.

—Te di fortaleza, niña. Pero mi palabra es ley en este desierto. El volverá a ser lo que siempre fue: el amo del río. No el hombre, sino el agua misma. - Matsualí sintió estremecerse ante las palabras secas y distantes del ser y un miedo atávico corrió por su espina dorsal. — El Djinn levantó la mano señalando al río y una energía transparente recorrió el la distancia de su mano al agua. Como calor concentrado.

En ese instante, el río comenzó a brillar. Nilo emergió de entre las aguas, luchando contra unos tentáculos líquidos que lo sostenían, su mirada se posó en Matsualí y su expresión cambió a una de furia cuando distinguió al Djinn de arena y fuego junto a ella.

– ¡Tú! - Gritó Nilo, pero las aguas lo retenían en el centro del cauce - Deja en paz al valle, déjala en paz a ella o te las verás conmigo -

– Pobre espíritu. – Dijo el Djinn sonriendo - No entiendes quién eres. Un poco mas que un hombre pero menos que un genio como yo - Movió dedos en posiciones distintas y los tentáculos líquidos que sostenían a Nilo terminaron por inmovilizarlo. Matsualí analizó los movimientos de los deseos del Djinn y el agua que retenía a Nilo y eran los mismos. Una proyección imposible como muestra del poder del genio del desierto.

– Nilo miró desesperado a Matsualí. Su cuerpo tenso todavía retorciéndose mientras los tentáculos se fundían en él, lo atravesaban, su cuerpo era ya translúcido, sus rasgos se disolvían en la corriente. Intentó hablar, pero de su boca solo salió el rumor de una cascada.

—¡No! —gritó Matsualí, arrojándose al agua.

El Djinn la sostuvo con un gesto.Dejándola sostenida en el aire. 

—No muere ni morirá. Será eterno. Cuidará este valle mientras haya agua. Pero tú, niña, vivirás tu vida sin él a tu lado. Ese es mi designio. Mira ahora el poder que su furia desencadenará. –

Matsualí vió cómo el río crecía en su cauce no una, ni dos, ni tres, ni 10, sino 100 veces. El agua tomaba las orillas del otro lado del río cuidando de no dañar la aldea, pero al frente, el agua se tragó toda la tierra circundante. Un río que parecía un mar de tan ancho que ya no se distinguía el otro lado.

– Tendrá sus consecuencias - Dijo el Djinn mirando divertido a Matsualí quieta por esa fuerza invisible que la retenía - Al otro lado también habían gentes. Muchas. Alguien les contará que cierto espíritu del agua decidió crecer hacia allí.  – Giró mirando de frente a Matsualí - Quisiste retar mi augurio y seguro lo olvidaste. Niña mortal de mente geométrica. Pero estaba escrito que tú debías estar sola por siempre y así será. - 

Matsualí lo miró paralizada aun.

– ¿Algo más has de quitarme?¿estás satisfecho con lo que hiciste? - Las lágrimas rodaban por sus mejillas reflejando el dolor que la consumía.

El Djinn la miró satisfecho, orgulloso de haberla vencido. Condescendiente

– Mortales inútiles. Valoran eso que llaman “amor” y que solo los vuelve quebradizos y vulnerables. No son nada en el universo. De veras nada. – enfatizó las últimas palabras mirando de frente a Matsualí con esos ojos de fuego vertical. – No necesito más de ti. No necesito quitarte nada más, Tu soledad está asegurada - Terminó de decir mientras reía

Matsualí luchó contra la fuerza invisible, pero el Djinn desapareció dejando solo un eco de risa. La risa desapareció en el viento y su prisión etérea también se desvaneció liberándola.

Cuando llegó a la orilla, un torrente poderoso atravesaba el valle con la fuerza de un dios. En cada remanso, en cada crecida, en cada gota de lluvia, sabía que estaba Nilo.

Matsualí quedó allí sola, empapada y por segunda vez en su vida lloró. Lloró con un dolor que no podía calcular, ni anticipar, ni resolver. Su inteligencia, tan vasta, no servía contra ese sentimiento que la devastaba, la soledad. La certeza de que no tendría a Nilo nunca más junto a ella. Siendo su apoyo, su ancla a tierra. su compañero.

Las lágrimas que cayeron al agua giraban sobre la superficie sin disolverse. Matsualí se acercó más hincándose en el lecho del río, junto a esas gotas que giraban imposibles sobre el agua.

– ¿Nilo? - dijo temerosa. Sus lágrimas rodaron por la superficie como perlas transparentes. Matsualí acarició el agua y las gotas llegaron hasta sus dedos y se disolvieron como una caricia.

– Aún estás ahí - dijo Matsualí acariciando el agua, atrapándola en un puño, mientras un gemido de dolor salía de su garganta, cada lágrima que rodaba por su rostro y caía al agua era como una perla que se agrupaba junto a las otras.

– Estarás presente, cuidándome. Cuidándonos - Le dijo a su reflejo en el agua, mientras acariciaba su vientre. Las gotas/perlas se arremolinaron entre sus dedos y la acariciaron disolviéndose, mientras al agua parecía dibujar el contorno del rostro de Nilo sonriendo.

Se fue calmando poco a poco, sintió en su vientre un movimiento. 

Miró a las estrellas que estudiaba todas las noches, esas que parecían imperturbables y perennes pero que sus ojos vieron distintos entre sus recuerdos de años atrás.

Y mientras leía el cielo nocturno y se lo contaba a Nilo su mente le reveló lo que su cuerpo creaba: cuatro vidas.

Los cuatrillizos. Su herencia. Su consuelo. Su legado

—Construiré —le dijo al río—. Y ellos gobernarán. Y algún día, cuando mis huesos sean polvo, levantarán piedras que llegarán al cielo. Y en cada una de ellas, Nilo, estarás tú.

El río respondió con un murmullo que era como un susurro de amor.

– Me enseñaste los secretos del agua y de la tierra. He aprendido los secretos del aire y del cielo. Tengo aún mucho trabajo por hacer. A nuestro pueblo le queda mucho por aprender. Pero lo haremos, seremos grandes. Porque necesito que seamos grandes para dejar todo lo que se pueda y pueda ser cuidado para la posteridad.

El río murmuraba entre las olas, en la orilla acariciaba las sandalias de Matsualí.

– Son cuatro vidas las que vienen, Nilo y el Djinn no podrá hacerles nada. Dijo que no necesita nada más de mi - Dijo sonriendo al fin. Mientras acariciaba su vientre y miraba las aguas del inmenso río.

Amanecía ya en el valle, la gente había salido desde la aldea hacia el río atemorizada y sorprendida del tamaño que ahora ahora tenía el río que había sido la bendición del Valle.

Todos murmuraban asustados y fueron acercándose a Matsualí llenos de preguntas.

Matsualí levantó la mano haciendo callar a todos.

– Hay fuerzas desconocidas en el valle y ustedes lo saben. Una de ellas vino a recordarme y a zanjar mi destino. Anoche devolvió a Nilo a su forma primigenia. Y ahora lo ven ustedes - dijo señalando al inmenso río - si, es él, lo que ven es él. Quien nos protegía antes, lo seguirá haciendo ahora. Y también nos ha dado un nombre. Ahora el valle será el “Valle de Nilo”.-

Uno de los hombres del consejo se acercó y le dijo en voz alta:

– Debería ser el valle de Matsualí. Tu eres todo para nosotros -

– Gracias - lo miró enternecida - pero mi destino es otro. Lo he visto en las estrellas, me lo han dicho mis sueños -

– Mi legado es otro –

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(Fin del Capítulo X)
Banda sonora: Destino

Siguiente capítulo:
Capítulo XI : Los herederos

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