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Aquella a quien tú llamabas MI AMADA se ha ido
y el eco de sus recuerdos te ensordece hasta el límite de la locura.
Todo lo que ves a tu alrededor está contaminado por ella,
las paredes alojan los rumores de amor que antes te alegraban,
y ya no necesitas de ver sus fotografías porque tu memoria
parece estar amalgamada a todos y cada uno de los rasgos de su piel. 

Una y mil veces supiste que la podías perder
pero no hiciste caso y, rebelde, enceguecido y soberbio,
entregaste tu cuerpo al mar desordenado y confuso de tus impulsos y deseos.
Sus ojos siempre te brindaron infinitos instantes de compasión y alegría,
mezclados con profunda y hermosa simpatía. Para ti su mirada parecía asegurada a tu fortaleza engañosa y despectiva, pero ante la traición, tu traición,
las corrientes del odio y del olvido anegaron la ilusión que con sátrapa maestría alimentabas y nutrías.
Ahora, desecho y agonizante, buscas el perdón que te redima,
ansías con desesperación un simple gesto de tu amada,
el simple contacto de sus cuerpo,
el sonido de sus palabras,
que muchas veces preferiste confiar porque supuestamente te comprometían.
La soledad y el silencio te corrompen porque no estabas preparado para la derrota
en el terreno donde te sentías más seguro. El desamor cobra el precio
que tu mente y cuerpo transforman en lenta muerte y sufrimiento,
tus recursos parecen estar limitados y acabados,
y tu único refugio se ha ido para siempre
dejándote desnudo y desprotegido en la penumbra que sirve de antesala del infierno,
el cual, para tu profunda tristeza,
en tu mente reside taladrando esa presunta corteza
que antes te privilegiaba como fugitivo de la vida.
Tus pasos se hacen lentos y perpetuos,
ninguna metáfora es suficiente para describir la sensación
de pesadez que te carcome hasta lo más íntimo de tus huesos y músculos.
Ni gritar en medio de las lágrimas y los sollozos
alivia los punzantes ataques de dolor provenientes de ese incierto lugar
a donde no llega la luz del máximo espíritu.
Jadeante te adormeces tras un eterno día vivido al borde la muerte,
has sobrevivido sin esperanza
de llegar al sitio vacío y desolado ,aquel que con tus sarcásticas palabras identificabas como hogar, familia, futuro,
el sitial donde estaba el templo de a quien tu llamabas MI AMADA. 

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