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El estridente sonido de los motores turbo de la mole que había tocado tierra, se fue apagando en un silbido, y luego de detenerse en la pista, los pasajeros comenzaron a descender por la escalerilla.

Me esforzaba por detectar tu presencia, entre los que llegaban, y que en pequeños grupos, cumplían con los trámites de la aduana.

De improviso te reconocí entre los turistas, y eras tal cual te había imaginado, con tu maleta rodando a tu costado, y buscando, con la mirada, a quien había prometido, tomar tu mano al llegar, y ese alguien era yo.

La espera se me había hecho eterna, quizás por eso, el abrazo y el beso dado, parecieron tan cortos, y tomándote la mano con la mía, te guié al estacionamiento en busca del coche.

Te conduje por la autopista, casi sin hablar, solo mirándote, y sonriendo por tu llegada, con el corazón palpitando de alegría...que tal el viaje?,¿comiste?, la verdad pensaba llevarte a comer asado, y parrillada...

¿Parrillada? Que es eso?...y tu risa sonó a cascabeles en mis oídos...ya verás, dije, y enfile el coche hacia la avenida costanera.

Ves, los restaurantes?...elige uno.

- El primero...

- Bien, fue la respuesta, y luego de estacionar, bajamos y entramos en él.

- Pasa...allí, con vista a mi río...dame tu abrigo.

- Toma...

Y nos acomodamos uno frente al otro, y tu vista trataba de llenarse de imágenes, y mis ojos de la tuya.

El mozo, con la gentileza de presuponer una buena propina, había, preparado todo para nosotros, y anotó el pedido, bife de lomo, y parrillada, una botella de vino tinto, una de agua mineral, y papas fritas...

Sin dejar de mirarte el tiempo no parecía transcurrir, y al llegar el brasero con el pedido, de nuevo el cascabel de tu risa alegró mis oídos...huy...¿que es esto?

Ya lo ves, carne, chorizo, morcilla, chinchulines, mollejas, riñón, ubre, ...

-Ubre?....y eso se come?, puaj.....jajajaja

Y reía contigo...

Cortabas en pedazos pequeños, y asentías con la cabeza saboreando cada bocado, y yo, casi sin hacerlo, solo te miraba...

Un poco más?

Y con una sonrisa dijiste, borra esas palabras que estabas por decir...si, quiero...y otra vez tu risa contagió la mía.

Y así, con el tiempo detenido seguíamos, como pequeños disfrutando el momento. -Postre?...¿aún queda lugar?

-Siiiiiiii, que hay? y tomando la carta leías, charlot, postre, flan con dulce de leche y crema, cerezas al maraschino, arroz con leche...me encanta el dulce de leche...Bien, entonces...

-Sabes?, tus mejillas están encendidas, alejo el brasero?

-Ummm, creo que no es por el brasero...Ven, ponte el abrigo, vamos a conocer mi río...sube tu cuello, la brisa es fresca...y tomando tu mano, tan deseada, te conduje rumbo al río, y de allí, al muelle de pescadores...

-Ven, vamos hasta el final...y pequeñas olas del río color de león, golpeaban en los pilares, y en su extremo, un farol, hacia juguetear su luz, jugando escondidas en el oleaje.

Mira, ese sol de invierno en el atardecer, y en el horizonte, una redonda y anaranjada esfera se sumergía, bañándose, allá, donde se juntan río y mar.

Y un silencio lleno de alegría nos envolvió...con la alegría del encuentro de almas separadas por un inmenso océano, pero que habían sabido vencer las distancias en su afán de ser felices.

Recuerdas, ...yo sí.

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