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UN ENCUENTRO FELIZ

LAS TRAMPAS DE LA MENTE 5

Salí a caminar hace tres días, al anochecer, como siempre, y seguí la ruta acostumbrada; unos diez minutos más tarde sentí la voz de mi hijo que me llamaba con su acostumbrado Padre amado, espéreme y lo acompaño, por supuesto, me detuve y cuando llegó nos dimos el habitual abrazo de padre e hijo. Pero, por alguna razón que en el momento no pude explicarme, lo sentí como ingrávido, levitando.

No le di mayor importancia y anduvimos el camino que yo solía recorrer a diario comentando acerca de sus proyectos, de mis molestias normales por mi edad avanzada y reímos al recordar algunos chistes de mi madre que fue tan jovial y amena. No recuerdo cuanto tiempo transcurrió en nuestra caminata compartida cuando me dijo que debía dejarme porque tenía muchos asuntos pendientes.

Como él siempre estaba ocupado, y su tiempo era medido para compartir con su familia y allegados, lo despedí con un abrazo paternal deseándole lo mejor del mundo. Al otro día. Al despertar junto a mi esposa, recordé que ese hijo amado se había marchado de este mundo hace un año, un bello sueño que jamás volverá a ser realidad.

Edgar Tarazona Angel

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