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Te digo que tú me das luz, y me preguntas ¿Por qué? Te digo que inspiras las palabras de mi boca, y me preguntas ¿Qué palabras?

Invento historias fantásticas, con héroes y princesas, uniendo lo sutil y lo denso, escarbando en mi mente en busca de las más increíbles anécdotas que pueda utilizar, y después me preguntas ¿me quieres? Te gusta oír las palabras más simples de mi boca, pero no cualquiera, solamente esas que te penetran profundamente, cual espadas forjadas en las fraguas del mismísimo Hefestos.

Quieres que te lo diga tal cual lo pienso o lo siento. No quieres subterfugios, quieres ver mi lado vulnerable, me quieres ver expuesto a tus hechizos.

No me dejas esconderme en ese manto virtual tan querido por mí. Te gusta la crudeza, y lo manifiestas en la fuerza de tus ojos. He llegado a pensar que en cierta forma es sadismo puro, pues no me dejas tenerte ni un solo secreto, y a pesar de que lo sabes, no te es suficiente, quieres oírlo así, tácito, brutal, sin ambages. Ofreces el cielo, pero hay que bajar al infierno a buscarlo.

Es sadismo pero también masoquismo, pues sé que mis palabras te hieren con un dolor delicioso para ti. Después de un momento, sé, siento, que no es exactamente eso. No es sadismo, ni masoquismo, ni crudeza intencional ni nada de eso. Quieres saberme vulnerable, porque tú te presentaste precisamente así. Porque eres frágil y quieres sentirte segura. Porque eres mujer y te gusta saberte querida, deseada, rescatada de las garras del dragón por un épico príncipe que lucha a muerte por ti.

Quieres encontrarme desarmado, simplemente porque quieres demostrarme que dentro de tu fragilidad, radica una fuerza tan poderosa, que es capaz de guarecerme. Quieres tejer con tu mirada una red que me retenga junto a ti. Quieres la pureza de las cosas. Sabes que eres Isis que se presenta desnuda, sin velo, pero quieres asegurarte que solo lo haces ante Osiris.

Me gusta la canción, porque me recuerda que tú me inspiras. Que tú mueves mis dedos en el teclado, porque cada vez que te lo digo, te siento y te revivo y por lo tanto revivo yo mismo y me levanto energizado por esa mirada que siento aunque no la vea. Porque todos los días que despierto a tu lado, te abrazo y te siento, te retengo junto a mí, aunque en ese momento, estés materializada nada mas, en la forma de mi almohada.

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