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Recuerdo en aquella época de mi adolescencia, que mi viejo me hizo de  estudiante de la plata, sin embargo al cabo  de algunos meses terminé siendo del tuyo, no sé como me convenciste pero yo era tan enamorado de los partidos de los domingos como vos, tal vez fueron las tardes de maté con tortillas, en el pequeño living de tu casa, tu pelada  casi risueña, que llevabas con tanta dignidad de una vida de sacrificio y trabajo, amistades que te buscaban para ir a cazar o pescar.

A vos abuelo era el único que no podía faltar en la junta de los changos y sus  salidas de fin de semana, con la misma sabiduría me enseñaste a mi que no ha de haber otra persona que me tenga la paciencia que vos me tenías, a veces me hacías enojar en nuestras juntas de los partidos, cuando estábamos los dos, se que solo  lo hacías para reírte de mi, y yo lo hacia a propósito para verte reír, hace ya tiempo que no te veo y si supieras cuanto extraño tus palabras, tus cuentos y tus consejos, esos que me dabas, mientras recitas el equipo del 60 sin pasarte ni uno! o cuando me llevabas a tu habitación para mostrarme las monedas de  épocas que tenías, y las revistas de Condorito que tanto mezquinabas!

La última vez que te vi fue en una oficina me mirabas y me mirabas sin saber que pasaba, no se si será  tu edad o tus cataratas, después fuimos al centro caminando, yo sujetaba a tu brazo, ahora caminas lento. Pequeños pasos, lento como tu enojo, sabios como tu alma, grandes como tu amor. Iré a buscarte y como hace años hablaremos de fútbol, nos reiremos y el tiempo perderá su reloj en tu mirada.

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