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    Hoy fue el día más triste. Pasó por mi pensamiento la película de mi vida. Pero él se había ido. ¡He perdido a mi padre! Que sensación tan horrible al verlo dentro de ese envase rígido y mudo, que lo acompañará a su nueva morada. Que sensación de impotencia al no poder gritar, vuelve a casa. Seguramente ya estarán juntos con mi madre, se tomarán las manos, se mirarán a los ojos, se contarán cosas, y entre ellas estaré yo.  Rodeado de amigos, de gente querida, que me acompañaron en este dolor inexplicable. No lo volveré a ver. Cuando decida nuevamente ir a mi vieja casa, lo buscaré en los rincones, y tendré la sensación de gritar: “¿Dónde estás viejo?”

   Cuando te dejamos quedaste solo.  Se enmudeció el día, se apagó la luz. Comenzaste a transitar el camino de las tinieblas, para muy pronto encontrar la luz divina del  Señor.

   Me faltan palabras, no puedo escribir, un nudo tengo en mi garganta, al no poder expresar lo que oprime mi pecho. Pienso que no tendré más sus sabias palabras, sus historias simples llenas de misterios. Te fuiste de viaje como tú pedías, a encontrar la luz que brillará para siempre.  

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