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Ir a: Cartas a una amante (1)

Nuestra primera cita

Junio 3

Querida Paola:

Estoy feliz de haberte conocido. Temí que no llegaras a la cita. Te ves tan diferente sin el uniforme elegante que exige tu trabajo, pero tan hermosa y tierna como siempre. ¡Qué agradable eres! Tu sencillez y la bondad con la que hablas me tienen conmovido. Nunca creí que nos hermanaran las mismas desventuras. Gracias por revelarme cosas tan privadas de tu vida. Gracias por abrir tu corazón a mis desdichas. 

Tus facciones tan suaves y tranquilas me habían hecho pensar que todo en tu vida era armonía. ¡Qué iba a imaginar tu pecho desgarrado y tus penurias! Mas no hay mal que dure eternamente. Tengo la certeza de que tu vida tendrá un cambio favorable. En tus virtudes puedo adivinarlo. 

Me regocijó oírte hablar del amor tan animadamente, sin cohibiciones, sin prejuicios, con libertad y convicción rotunda. Parecía que mi pensamiento rondaba por tu boca. ¡Qué comunión tan exquisita! En busca del amor somos audaces. Lo dices tú y yo lo ratifico, el matrimonio nos entregó del amor sólo migajas. Ha de encontrase en otros manantiales, y olvidando prejuicios nos tocará buscarlo. 

Llegué al encuentro ayer como un desconocido; cuando tomé tu mano al partir, no me sentía un extraño; cuando tus labios, como en una posdata de la despedida, volvieron para estampar en mi mejilla un beso, tuve la sensación de que no era la primera vez que te tenía tan cerca.  Siento que de siempre te conozco. Sé que el nuevo día me dará el placer de salir contigo nuevamente. Sólo dime la hora, paso a recogerte.

 

¡Ignoras cuánto vales!

Junio 6

Querida amiga:

No imagines más que por tus hijos dejarán los hombres de interesarse en ti honradamente. Quien  por ti se apasione, abrazará tu mundo con todo cuanto entraña. No eres un producto que para ser aceptado debe salir intacto de su empaque. 

Yo, que sueño aún con ideales, no me dejo seducir por los prejuicios. Sé más que nadie, que la perfección en la realidad no existe.

Sólo nos resultan perfectas las personas cuando nuestra percepción por el filtro del amor se distorsiona.  Amiga mía, a pesar de tu infortunado origen, de tus desventuras, de tu pobreza, de tus frustradas relaciones, de tu separación y de tus hijos, me sigues atrayendo. Tus problemas difícilmente impedirán que me aproxime. Los tiempos en que soñé con mujeres vírgenes y sin pasado, años ha, los sepulté, hastiado de creencias obsoletas. 

La dicha que las mujeres más dignas y encumbradas me dejaron fue paradójicamente tasada en proporción inversa a sus virtudes. Tal vez  la castidad y la bondad son antagónicas. Las que se proclamaron intachables poca bondad me demostraron. Tanta pureza no garantiza los buenos sentimientos. 

Es propio del hombre ser presa de la forma, interesarse demasiado por lo externo, ostentar, no ser; vivir subyugado a la apariencia. Quien más proclama su virtud, menos la tiene. Los años me dieron perspicacia, y en la castidad lo primero que encuentro es apariencia.

No hay cuerpo humano por perfecto que parezca en que la virtud pueda habitar intacta.

Ir a: Cartas a una amante (3)

Cartas a una amanteLuis María Murillo Sarmiento

http://luismmurillo.blogspot.com/ (Página de críticas y comentarios)
http://luismariamurillosarmiento.blogspot.com/ (Página literaria)

"Cartas a una amante" es una novela epistolar escrita por Luis María Murillo hace poco más de una década y que vió la luz hace 6 años. A más de contar una breve y furtiva historia de amor, profundiza con sus reflexiones en las vicisitudes  de la vida de pareja.  

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