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LA LUNA Y EL SOL
(CRÓNICA DE UN DESENCUENTRO)

Amanece. Allí está el sol.
Ambulante en su claro sendero celeste.
Su solitario sendero diario.
De a ratos en la grácil compañía
de alguna nube blanca que le venda los ojos.
De a ratos en compañías más grises que irrespetuosas de sus sueños
opacan su brillo... a veces hasta las lágrimas.

Y anochece. Allí está la luna.
No tan sola quizás porque la cortejan
un cúmulo de estrellas desordenadas,
u ordenadas caprichosamente, en ese sendero oscuro
donde la luna anhela encontrarles un lugar.
Pero sin saber por qué siguen allí.
Sin saber por qué... sin saber.

Cada uno por su espacio libre y a solas.
Cada uno a su hora precisa y exclusiva.
Aunque se sueñen tan a menudo juntos.
Aunque sean tan necesarios entre sí.
La luna y el sol... el sol y la luna.
Apenas se ven cuando en sus primeros rayos
amanece apurado para sorprenderla
en un fugaz encuentro que a la luna empalidece.

Apenas se ven una vez más
cuando el crepúsculo cotidiano
llama al sol a sumergirse inexorablemente
mientras ella, la luna, en silencio,
y sin tampoco saber por qué, en silencio
lo contempla con su mirada blanca
pidiéndole que no se vaya, casi sonrojada,
al verlo desaparecer... pero dejándolo ir.

Desencuentro. Desencanto cotidiano
de entender que la distancia marcada
no se desvanecerá por arte de magia
ni aún ante su más ferviente expresión de deseo.
Aun cuando la luna comprende, y lo sabe,
cuánto de su brillo depende del sol,
y aún más, cuánto más brillaría el sol
si ella finalmente se quedara a su lado.

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Evgeny Zhukov Me gustó mucho.
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