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Elegante y encerado aquel Mercedes
Avanzaba por la amplia avenida
Y la tinta tan oscura en sus cristales
Entre el mundo y su ocupante interfería.

Avanzaba en busca de húmedos suburbios
Entre rostros tan mundanos y corrientes
Mas tratando de encontrar de alguien el alma
Y llevarle esperanza y ayuda urgente.

Finalmente tras de mucho recorrer
Ya en aquel lugar sombrío y angustiante
Le ordenó que hiciera un alto a su chofer
E indícole que aguardara allí un instante.

Caminó por el antiguo callejón
Con el cuello del gabán bien levantado
Y los bajos de su caro pantalón
Que cubrían el charol de sus zapatos.

Y entre latas de basura lo observaba
Con tranquila y predispuesta indiferencia
El mendigo que su perro acariciaba
Mientras este le meneaba la cabeza.

Se cruzaron las miradas aquel día
Como tantas otras veces lo habían hecho
Con un poco de arrogancia allí en el pecho
Y una antigua discrepancia que aturdía.

Se miraron los hermanos ya tan cerca
Y un silencio se mantuvo casi intacto
Con pequeño desafió por un rato
Que dejaba aquella herida mas abierta.

Y era el uno altivo rico y agraciado
Y era el otro tan humilde y desgarbado
Uno grande en sus riquezas incontables
Mas su hermano pobre, solo, estropeado.

“Que dolor me causa verte ahí sentado
que insensato fuiste al tomar tu camino,
pues no sientes el sufrir de nuestra madre
que te quiere y no comparte tu destino”

“Que tristeza, te ves sucio y harapiento
tus bolsillos solo de huecos van llenos,
no has sabido cosechar ni un solo fruto
y no tienes ni un hogar ni algún anhelo”

“Te acuerdas cuando empezamos el camino
Y te dije claramente que en la vida
Nada llega si te sientas a esperar
Nadie trae de regalo las salidas?”

“Yo recuerdo claramente tus ideales
y tu sueño de ilusión y fantasía,
y tus ganas de querer cambiar el mundo
y tu estúpida intención, y tu osadía.”

“Pero mírate mi hermano en un espejo
que la vida no es ideal, no es armonía
y es muy áspera la cruda realidad
que ha dejado en ti mil llagas y agonía”

“Mas te miro y no comprendo tu sonrisa,
ni tus ojos aun tan claros y brillantes,
no me digas que has caído ya en las drogas
pues sería el colmo en todos tus desplantes”

Nuevamente hubo un silencio de palabras
Cuando el rico así diciendo lamentaba
Que era inútil de triunfos alardearse
Frente a un pobre perdedor en la batalla.

Mas el otro alzó de pronto su mirada
Y de un brinco se paró frente a su hermano
Con sarcástica sonrisa puso un alto
E hizo un gesto de insistencia con su mano.

“Que canción tan repetida es la que traes
que bien suenan tus reproches sin criterio
bien tu sabes que yo sigo mi camino
y no es cierto que este solo y sin un techo”

“¿Por qué hablas de mamá con arrogancia?
Si hace meses que pregunta si estás vivo,
Yo aquí en cambio la visito casi a diario
Y le llevo en mi presencia algo de alivio”

“¿Para qué sirven tus lujos y tus bienes?
¿Para qué esa ropa fina y ese oro?
Si en el fondo estás tan triste y tan vacío
Que no puedes ocultar tu gran enojo”.

“Que poquito de la vida has aprendido,
mas bien creo que no entendiste nada,
pues tus bienes no has de llevarlos contigo
algún día muy vacía partirá tu alma.”

“Vete ahora hermano mío pero piensa,
soy feliz porque he encontrado mi tesoro,
y no trates de ayudarme con monedas
eres tú quien necesita mi socorro.”

“Vete ahora hermano mío y mucha suerte,
aun tú puedes encontrar la paz ansiada
la que tengo cuando estoy cerca del pueblo
y de ‘Cristo’ sigo el rumbo pues Él me ama.”

En silencio se marchó el hermano rico
Quien ahora se veía derrumbado,
Y a su paso compró flores no muy caras
para dárselas a alguien de regalo.

En la tarde de aquel día en otro barrio,
Se detuvo aquel Mercedes y un muchacho
Se bajo vistiendo jeans y zapatillas
Y con lágrimas alguien le abrió los brazos…

 

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