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Sé que me quiere como a su propia vida... bueno, un poco menos. Cuando ustedes lean estas letras él ya no existirá porque yo le habré asesinado. Siempre fue una persona de medios económicos extraordinarios por pertenecer a la élite de los elegidos por la fortuna. Ha tenido toda clase de parabienes y regalos; entre ellos, a los pocos años de haber nacido, a mí. Como si la naturaleza hubiera querido compensar la balanza, su salud ha sido más bien precaria.

Escribo esta carta a la opinión pública, no para solicitar comprensión ni mucho menos perdón; únicamente quiero que sepan los motivos que me han conducido a cometer tan terrible acto. Luego juzguen.

A los siete años le atropelló un Rolls Royce. El accidente trajo como consecuencia la pérdida de uno de sus riñones quedando el otro con una función del veinte por ciento. Se hizo necesario un transplante a vida o muerte. Desde aquel día orina gracias al riñón que a mí me quitaron.


El tiempo fue pasando y crecimos juntos. Allí dónde él iba, iba también yo. Fui instruido (más exactamente, adiestrado) para permanecer ininterrumpidamente a su lado; y como consecuencia nuestra educación y formación a todos los niveles (cultural, social, política, etcétera) fue la misma. En este sentido no tengo queja ni reproche alguno que hacer al destino. Sus padres, justo es reconocerlo, aún debiendo obligarse a una lógica inclinación y preeminencia hacia él, no dejaron nunca de agasajarme y me prodigaron siempre el mismo amor filial que naturalmente profesaban por su primogénito. No consentían que estuviésemos un sólo día separados a una distancia mayor de trescientos metros. Estaban contínuamente en vilo e intentaban evitar en lo posible cualquier riesgo que amenazara su salud. No importaba el lugar ni el personaje que le obsequiara en su mansión (cuando no en un prestigioso restaurante) con algún banquete; todos veían normal que antes que él, fuese yo el que hiciera honores a los manjares. En cierta ocasión estuve a punto de morir intoxicado por la ingestión de unas ostras en mal estado. Fue en el hotel Rinotti de la Isla de Pascua. Desde entonces tengo el hígado hecho paté y debo controlar mensualmente sus enzimas...

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