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Ellos se quedaron paralizados porque no esperaban semejante reacción por parte de ella, así que compartieron una noche llena de alegría, evocaciones y anécdotas, en donde cada uno fue contando a los demás, lo ocurrido en sus vidas todo ese tiempo. Alma siempre tomando la iniciativa, y haciendo gala de una lucidez que a todos causó asombro, preguntaba, respondía, siempre esbozando sonrisas fecundas y largas, los tenía a todos comiendo de su mano, y mientras departían en un ambiente de distensión y gozo, sintió una sincera y profunda alegría en el corazón, los contempló callada por unos momentos ubicándolos uno por uno en el recuerdo, cuando eran niños y jugueteaban y reían por toda la casa. Alma sabía que sus hijos la querían, pero se dio cuenta que conforme pasaban los años, ellos tendían a subestimarla, por la edad, por la vejez, y aún mas por sus visiones , tenía plena conciencia de que éstas eran personales y que nadie mas podían verlas, se sentía mas cuerda que nunca, es por eso que allí mismo realizó el anuncio:


-Voy a repartirles mi herencia en vida...


Todos enmudecieron, estaban totalmente desarmados. No acertaban a proferir una palabra y cuando Emilio quiso con la mayor sutileza acotar que ese no era el motivo de su visita, ni el momento para hablar de eso, ella con la mayor seriedad lo callo con la mirada, y continuó:


-Si mis queridos, esto también estaba pensado desde hace mucho tiempo atrás, pero esperaba el momento preciso para comunicarles- se levantó de su silla y con una sonrisa agregó- aprovecho este momento que estamos juntos para, a mas de entregarles todo mi cariño y corazón de madre, darles también mis posesiones mundanas, que a mi ya no me hacen falta, pues estoy segura que en este mundo ya no me queda mucho... Si mi locura fue causa para que esta unión sea posible, bendita sea Señor.


El trasatlántico se presentó nuevamente a medianoche, y Alma esta vez no lo iba a dejar pasar, su blancura resplandecía en el viejo dormitorio del sanatorio San Rafael, observó sus propias ropas y eran tan blancas como las de sus ocupantes, quienes la saludaban y la llamaban por su nombre, entonces miró una escalera descender del enorme barco, estaba adornada con lirios y rosas blancas, y desde que sus pies descalzos subieron el primer escalón supo que nunca mas volvería. Se sintió feliz.


Sus hijos la enterraron cerca de la tumba de su padre, como siempre fue su deseo, con la convicción de que su demencia fue la que la llevó finalmente a la tumba. Solamente Fabián muchos años después lo entendió todo, cuando él mismo, sintiendo una paz nunca antes vivida, vio aquel hermoso trasatlántico blanco y perfecto avanzar hacia él, y tuvo que calzarse los anteojos para poder divisar bien, pues reconoció en popa a la mujer a quien años atrás, él y sus hermanos  tacharon de loca.

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