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Tercer tiempo

Desde que Serapio entró a trabajar  al consultorio una araña que se empeña en vivir bajo la ventana le ha hecho la vida imposible tejiendo telarañas con perseverancia admirable. El doctor ya lo ha regañado varias veces porque si alguna manía tiene el jefe es su obsesión por el orden y la pulcritud. El pobre de Serapio se cansa de explicarle que ya ha hecho todo cuanto está a su alcance para eliminar al insecto y nada, pero el médico no le cree gran cosa. Siento pena por la arañita y a veces hasta admiración. Porque insiste una y otra y otra vez sin dejarse vencer o abatir, Sabe que Serapio es su peor enemigo y busca la muerte para ella y sin embargo lo enfrenta cada día, a cada minuto, cuantas veces sean necesarias. Ella está segura de lo que quiere, decidió hacer de ese hueco su casa y de esa ventana la base para su red  y seguirá tejiendo cuantas veces sean necesarias hasta morir o vencer –lo peor del caso es que creo que sí lo está venciendo-.

Quisiera tener las agallas de esa araña para afrontar así mi vida y defender mis decisiones, pero ¡soy tan cobarde! No concibo la vida sola. Sé que Enrique no es el mejor partido, que ni siquiera me procura, que lo estoy manteniendo y que su afición por el alcohol terminará por hacernos la vida desdichada a ambos pero ¿qué haría yo sola en este mundo? Mi madre hasta me ha dejado de hablar furiosa por mi estupidez y en el fondo del alma sé que tiene razón, pero es tan duro vivir sola, llegar a una casa vacía después del trabajo, sin tener a nadie con quien hablar y hasta con quien pelear. En cambio esa araña diminuta toma sus decisiones, las defiende, se ha embarcado en una guerra sin cuartel y si algún día Serapio logra eliminarla morirá con dignidad sabiendo que fue valiente, en cambio, si yo muriera hoy me iría al infierno de los cobardes.  Algún día me decidiré a ser valiente como ella y dejaré a Enrique, pero no hoy, ni mañana, ni la semana que entra, no antes de la Navidad pues no quiero estar sola y triste en esas fechas. Será mi propósito de año nuevo. Sí, el próximo año lo dejo, estoy decida. ¡Ay no! Ya viene Serapio de nuevo a martirizar a la pobre infeliz que lo espera con sus patas delanteras levantadas en señal de resistencia. Normalmente me causan repulsión las arañas, pero ésta me causa fascinación. Si, yo quisiera ser como esa araña.

 

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