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Primer tiempo

Tengo  un buen trabajando en el aseo de los consultorios. No me queda de otra,  si no hay lana…no hay papa y la jefa se pone bien fiera cuando ya no tiene de dónde rascarle a la bolsita. Por supuesto que me gustaría estar con los cuates echándome unas cheves pero uno también tiene que abrirse paso en la vida. Capaz de que la Rosita se anima y me da el sí y por no tener ojos me deja vestido y alborotado.

De cualquier manera la cosa no está tan mal, podría estar peor y de tanto estar cuchillito de palo ya hasta le agarré cariño a los doctores. Solamente hay un consultorio, el del doctor Peñaranda que odio limpiar. Es una jodida desventura hacerlo porque por más que le pongo enjundia, cuando parece que todo quedó como espejo vuelvo a ver en la ventana y ya está de vuelta la cochina telaraña. ¡Pero si ni se tarda nada la maldita araña para volverla a tejer!. Ya le eché DDT, traté de aplastarla, le deshago su red pero nada. Ahí sigue y sigue, tejiendo y subiendo pa’ rriba y bajando pa’bajo en su hilito como un elevador. Ya me puse ojo de hormiga y tomé color de que ser mete debajo de la bisagra de la ventana y ya para que ni el DDT le haga efecto ¡qué profundidad debe tener el hoyo!

No si de que las hay, las hay.  Pero como me llamo Serapio que ésta se petatea ¿cómo va a poder más que yo? Estos meses se los di de ventaja pero mañana…mañana sí me las paga porque una pinche araña no me va a ver la jeta a mí. Faltaba más.

 

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