Le costó abrir los ojos, la hinchazón era prominente.
-¿Qué pasa mama?.
-Nada, ya son las tres de la tarde y no es bueno que duermas tantas horas.
Inmerso de nuevo en la realidad abrazó a su madre repitiendo por mil sus lágrimas, aquel caudal no tenía límite.
-Tranquilo, tranquilo, ya sé que ahora lo estas pasando muy mal, no olvides que estamos contigo hijo, nosotros también sentimos su perdida.
-Es culpa mía mama.
-No digas eso, mírame.
Estaban frente a frente, su madre entrelazó sus manos a las de su hijo.
-Miguel, cariño, Patricia ha elegido su final, sean cuales fueran sus motivos, tú no tienes nada que ver.
-Sí mama, si no hubiese terminado con ella estaría viva, lo sé.
-Hijo, cada cual debe aceptar y enfrentarse a las situaciones que la vida nos presenta, ella eligió una salida de la que no puede retornar y también tú debes aceptar que ya no está aquí y sobretodo no te tortures asumiendo ser la causa de su muerte, porque puede que lo hiciera pensando que ya no quería vivir sin ti, pero en ningún caso tú eres el responsable, llora Miguel todo lo que quieras, es una manera de expulsar la pena.
-Mama ¿Crees que lo podría haber evitado? Si hubiese sabido lo que haría nunca lo hubiera perdido.
-Y ¿Habrías estado dispuesto a pasar el resto de tu vida con alguien a quien no quieres?.
-Pero sí la quiero y la quería.
-Entonces, todas las noches que llegabas a casa irritado y me contabas que Patricia te quería absorber, creo que no eras muy feliz, ¿Verdad?.
-Sé que ella me oprimía, me angustiaba con sus celos, sus interrogatorios diarios, su insistencia por oír a todas horas que la quería- no pudo proseguir, aquel llanto le impedía articular las palabras.
-Vamos a dejarlo mejor, no sufras más.
Llamaron a la puerta, los golpes fueron cortos pero firmes, era Pedro.
-Hola Matilde ¿Cómo está el chico?.
-Muy mal, ya ha llamado el psiquiatra, me ha dicho que vendrá a eso de las seis, a ver si él lo puede ayudar, me da miedo que también cometa una locura.
Se dirigieron a la cocina.