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Aviso Importante:

Estamos renovando el Rincón.

Durante el proceso de migración y rediseño, las opciones de nuevas publicaciones y registro de nuevos usuarios estarán temporalmente pausadas. La Biblioteca Literaria seguirá disponible para lectura mientras preparamos la nueva etapa del proyecto.

Gracias por tu paciencia y por seguir siendo parte de esta memoria literaria.

 

La noche ofrecía diáfana un punteado de estrellas cuando Tino salió de su carromato para dirigirse a la gigantesca carpa. Era fin de temporada y pronto el efímero paso del Circo, dejaría solo huellas  de su estancia en el terreno.Mientras caminaba hacia la entrada de artistas, podía escuchar las rachas de risas y aplausos que provenían del numeroso público que había concurrido a la ultima función.Está actuando Carnotta, el nuevo payaso pensó, mientras ingresaba a los entoldados camarines.Carnotta era el reemplazante de Viruta, un payaso amigo de Tino recientemente fallecido, que actuaba siempre con la  cabeza calva y abundantes rulos en las sienes que volaban al correr.Se habían hecho amigos cuando recién comenzaba...

De la serie cuentos de una hoja para adolescentesHabía épocas en el año que se lo veía con frecuencia casi perfecta, era cuestión de asomarse y verlo, a la misma hora, un poco después de anochecer cuando el tiempo era calmo, el tipo era un reloj.Su pequeña y delgada figura parada junto a la columna de alumbrado de la esquina eran como una estampa, cerca del cordón, mirando hacia uno y otro lado, sin apuro, como buscando a alguien...

De la serie cuentos de una hoja para adolescentesEn las postrimerías del siglo pasado, cuando recién comenzaban a escucharse en nuestro puerto de ultramar, las primeras bocinadas a vapor de los buques mercantes, llegaban hasta nuestras costas, desde los más recónditos países del mundo, grandes naves que surcaban las rutas marítimas en busca de nuestros productos. En muchos de esos barcos mitad de carga y mitad de pasajeros solían llegar miles...

De la serie cuentos de una hoja para adolescentes Al llegar a un paraje solitario de la bahía San Blas denominado Los Andriles, nombre este conocido por muy pocos lugareños y dirigiéndose hacia el nordeste rumbo al mar. Existe un escondido sendero que algunos niegan conocer. Este camino esta bordeado por altos matorrales que cubren toda la zona, y a veces se pierde interrumpido por tenaces espinillos que crecen descontrolados y cómodos en la senda, por ser...

Para ElisaMe vuelvo a preguntar qué es el amor. No encuentro ninguna respuesta que pueda satisfacer una duda como ésta. Tal vez sea sólo una palabra para intentar creer que no estamos solos, que alguien más nos necesita y no somos tan inútiles como lo seríamos sin aquellas cuatro letras sibilinas. Tal vez sea un escudo para refugiarnos en los tiempos de lasitud, un biombo donde esconder la degeneración empírica del ser humano (que somos...

A las ocho la llave resonó en la cerradura. Siempre ocurría a las ocho; entonces la puerta se abría sin problemas ni objeciones, riendo por sus bisagras perfectamente engrasadas. Antes de pasar al living, puso un pie sobre la alfombra celeste (que combinaba con la claridad restante del departamento), y luego el otro. Los refregó con fruición quitando hasta la última partícula de tierra o polvo del asfalto. Imposible resultaba que aquel espacio...

Durante el largo viaje comencé a sentir sed. De a poco se me fue secando la boca, aglutinándose los labios entre sí. La camisa rayada se humedecía al menor contacto con mi espalda, sudada y ardiendo debido a la calefacción del ómnibus. El rayo de sol atravesaba la ranura que una cortinita sucia cortina no llegaba a cubrir, y debilitaba mis ojos. El calor era más en aquel fastidioso viaje que en el mismo infierno, donde hubiese deseado estar.Faltaba poco tiempo para llegar al centro de la...

Hacía frío. Por la ventana se podía ver un cielo enteramente gris, algo de niebla en las cimas de los edificios más altos. Sin embargo dentro del departamento la temperatura era acogedora y había una claridad que contrastaba con la ciudad. Ciudad oscurecida. La mujer vivía sola, pero no se sentía sola. Tampoco insegura. Estaba en una habitación mas bien pequeña, ocupada por una catrera ruidosa, una mesita de luz y velador, la...

Vivía en una parte muy extraña de su planeta, no cabía duda. Los pies ligeros crepitaron con el agua que corría sobre y bajo su ciudad, y el frío, que ya duraba varios días, era torturador.La llovizna, poco a poco, como una primer idea que comienza a invadir culturas enteras, fue apoderándose de su cuerpo, pasando por su cuello, lenta, su espalda, terrible, su cintura, implacablemente. Sintió escalofríos mientras con sus ojos...

 

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