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Dice García Márquez que algo debió ocurrir para que Fernanda recuperara los privilegios de esposa legítima, porque al año siguiente encontró Meme una hermanita recién nacida. Amaranta Ursula nace en las épocas difíciles del matrimonio de Fernanda del Carpio y Aureliano Segundo. Mientras la pequeña crecía caprichosa, Meme ensayaba su juvenil corazón con aprendiz de mecánico en los talleres de la compañía bananera. Era nacido y crecido en Macondo, fue entonces cuando su amada cayó en cuenta de las mariposas amarillas que precedían las apariciones. Su nombre era Mauricio Babilonia. Lo descubría entre las multitudes de personas con las mariposas amarillas. A ella al principio molestaba su rudeza. La primera que se vieron a solas en los prados desiertos, detrás del taller de mecánica él la arrastró sin misericordia aun estado animal y la dejó extenuada. En la casa de Pilar Ternera, bajó sus auspicios Meme se entregó a Mauricio Babilonia sin resistencia, sin pudor, sin formalismos, con una vocación tan fluida, una intuición tan sabia que un hombre mas suspicaz hubiera podido confundirla con una mujer de vasta experiencia. Mauricio murió viejo después de recibir un proyectil que se internó en su columna vertebral reduciéndolo a la cama en el resto de sus días.

De la unión de Meme y Mauricio nace un hijo. El autor de “Cien años de soledad” aquí anuncia el principio del fin y dice que este acontecimiento dará el golpe final a Macondo. Este niño es llevado a donde la abuela Fernanda, recibido contra de su voluntad. No lo ahogó en la alberca del baño, la historia no lo permitiría. En cambio, lo encerró en el taller del coronel Aureliano Buendía y convenció a Santa María de la Piedad de que lo había encontrado flotando en una canastilla. Argumento que se encuentra en toda la mitología universal desde la cristiana hasta la pagana. La única manera de cumplir el incesto, es no sabiendo el parentesco, como en efecto ocurre en Edipo Rey y en este caso con el último Aureliano. Los afectados se enteran cuando no hay solución posible, sino la destrucción de una civilización construida esperando una supuesta maldición.

A García Márquez insertó aquí la estructura del Edipo de Sófocles como comprobar quien haga la comparación y que seguiré en mi explicación. Este paralelo es un ejercicio con el que pretendo ratificar algunas coincidencias sorprendentes. La anécdota de Sófocles no es original del mismo, sino que es una leyenda que llegó a Grecia del Asia Menor.

La primera coincidencia entre las dos obras es querer matar el niño que nace: el último Aureliano y Edipo Rey. Edipo fue lanzado al monte desde el hogar de Layo y Yocasta. El siervo que recibe el niño se lo entrega a un mensajero quien se responsabiliza de la criatura hasta asegurar la subsistencia futura, contrariando el encargo inicial. De igual manera Santa Sofía de la Piedad recibe el nuevo hijo de los Buendía con la orden de ocultarlo. Era el hijo de Meme. Fernanda dijo a la moja mensajera. “Diremos que lo encontramos flotando en la canastilla”. “ No se lo creerán”, dijo la monja. “Si se lo creyeron a las sagradas escrituras, no veo porque no han de creérmelo a mi “, replicó Fernanda del Carpio. Mientras la monja estaba de visita para recibir el niño, Fernanda todavía deseaba matarlo, pero no tiene aliento para ese homicidio, y prefirió esperar. Con este acontecimiento comienza la tragedia de Macondo. Cuando Aureliano cumple el primer año, también se alistan las fuerzas contendientes que acabarán con Macondo; este enfrentamiento daría como resultado lo que han dado en llamar la masacre de las bananeras. García Márquez describe la situación general como incierta, y afirma que llovió cuatro años, once meses y dos días. La compañía bananera fue considerada un huracán devastador, tiempo en el que Macondo entró a competir en un capitalismo salvaje, además del cambio de costumbres y la invasión de trabajadores de todo el país. En la tragedia de Sófocles las condiciones de Tebas son semejantes. En el segundo parlamento el sacerdote, personaje que también interviene en Macondo, dice a Edipo, ya en escena, que la ciudad sufre el embate de un fuerte temporal y no puede levantar la cabeza del fondo de las olas de sangre. Perece, dice el sacerdote, en los frutos abortados de la tierra; perece en los rebaños de vacas y en los partos sin hijos de las mujeres. La situación de Macondo en “Cien años de soledad” se deteriora vertiginosamente desde el diluvio. La desidia de la gente, dice el autor, contrastaba con la voracidad del olvido, que poco a poco iba carcomiendo sin piedad los recuerdos. Aureliano se iba volviendo esquivo y ensimismado, a medida que se acercaba la pubertad. Estas cualidades se agigantarán en el rol supremo que García Márquez le hará cumplir mas adelante. Aureliano Segundo, abuelo del último Aureliano, trabajó como un loco para reunir el dinero que requería Amaranta Ursula para viajar a Bruselas. En vez de una, hizo tres rifas semanales. Desde muy temprano se veía recorrer el pueblo, llegando hasta los barrios más atrasados y miserables a ofrecer el billetico. Además Aureliano heredó del abuelo el gusto por las enciclopedias. Cultivó el estudio y la investigación que adelantaba recluido en el cuarto de Melquíades, a consecuencia del marginamiento a que lo sometió Fernanda. Dice García Márquez que aprendió de memoria las leyendas fantásticas, diferentes síntesis contenidas en los libros, las centurias de Nostradamus, de manera que llegó a la adolescencia sin conocer nada del exterior, completamente anacrónico, pero con los conocimientos básicos de un hombre medieval. La timidez y carácter esquivo dominaron y en una labor lenta pero insistente, adquirió los conocimientos para leer los manuscritos de Melquíades, en donde contaban la historia de la familia Buendía con cien años de anticipación. En esta época el último Aureliano también desconocía asuntos humanos que solo proporciona el trato personal y asistió al prostíbulo en donde las mujeres malas enseñan a los hombres a ser hombres. Hizo las averiguaciones de los desafueros y acontecimientos de la estirpe de los Buendía, usando la cultura e inteligencia personal. Asistió a la librería del sabio catalán en donde estaba el libro Sanskrit Primer el cual sería devorado por la polilla en seis años, sino se apuraba a adquirirlo. En ese texto aprendería el idioma para desentrañar los manuscritos mientras el viejo Melquíades desaparecía definitivamente y el cuarto se convertía en aserrín junto con la sabiduría y conocimientos. Transcurrieron tres años luego de que Santa Sofía de la Piedad llevó la gramática y Aureliano pudo traducir el primer pliego. Era la primera página del fin de Macondo. Coincidencialmente el Edipo de Sófocles también hace una investigación. Debió interrogar a los propios protagonistas y testigos sobre la desconocida culpabilidad. Cuando empieza a vislumbrar las pistas que señalan el desastre final y la causa por la cual la ciudad de Tebas está desolada, declara al sacerdote: “Voy a averiguarlo todo desde el comienzo”. Pide a Tiresias que no calle las respuestas de las aves, u otro camino de adivinación. El mismo Edipo fue hasta el oráculo de Delfos en la desesperación para conocer una respuesta cierta. Fue a los lugares en donde ocurrieron los hechos. La verdad fue llegando paso a paso, revelación tras revelación, mientras a Aureliano en “ Cien años de Soledad” aparecía la verdad en la traducción pliego a pliego. El último hombre que había leído los libros estudiados por Aureliano, se llamaba Isaac el Ciego, referencia directa a Tiresias quien también era ciego en la obra de Sófocles. Poco faltó para que Isaac el ciego tuviera una actuación decisiva en la novela, en la condición de ser el único que conocía los manuscritos, fuera de Melquíades. En cambio Tiresias en Sófocles hizo la primera revelación de su desgracia a Edipo: “ La doble maldición de pié implacable de tu madre y tu padre ha de expulsarte un día de esta tierra, un día en el que tú, que tienes ahora vista, solo veas las tinieblas”. En este punto podemos acotar las palabras del escritor Rafael Humberto Moreno Durán en su obra “De la barbarie a la civilización “, ( Editorial Planeta), al hacer referencia a las grandes fábulas de “ Cien años de Soledad”. Dice que: “ La sabiduría parece, estar empeñada en condicionar al hombre a la disolución total. Recordamos aquí como la tribu de Melquíades fue borrada del mundo por haber sobrepasado los límites del conocimiento humano”.

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