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Índice del artículo

La literatura del caribe colombiano rompe quinientos años de atraso y sometimiento cultural, poniendo un nuevo derrotero a los escritores de América Latina. Influenciado por otros escritores del caribe (Faulkner, Rulfo) y desconociendo la producción literaria precedente, especialmente la colombiana, se establece como un hito en la historia reciente.

Uno de los paradigmas rotos por este movimiento, entre otros muchos, fue el tratamiento de los acontecimientos narrados sin reticencias morales. Nuestra literatura tenía miedo de tratar con libertad y desparpajo los asuntos morales o religiosos, como si los mismos escritores se pusieran una censura, de la cual no se salvó el Quijote de la Mancha. Cervantes en una novela ejemplar menciona los genitales como ” las partes deshonestas”. La autocensura proveniente de la inquisición española murió definitivamente en 1.967 cuando se publica “ Cien años de soledad “. La crítica de Bogotá se centró en ese aspecto apenas recién publicada la novela, pero ante la aprobación internacional debieron guardar silencio aceptando el éxito. Aunque una de las críticas que se mantiene en algunos sectores sociales es su inmoralismo. Dice Vargas Llosa que esta obra es un “desaire a siglos de pudor narrativo”, precedido en el pasado en las obras inmorales de José María Vargas Vila, quien fuera estigmatizado. Es de anotar que desde 1.948 – 1.950 se venía mencionando en los periódicos de Barranquilla y Cartagena por parte de García Márquez y Rojas Herazo sobre la mala calidad de la literatura que se hacía en Colombia. Son varios los comentarios que hizo Cepeda Samudio en la década de los sesenta desde sus trincheras periodísticas sobre la mala calidad de la narrativa colombiana.

Al abordar “Cien años de soledad” nos abruma y sorprende su lenguaje, las situaciones de los personajes y la entretenida trama de la obra. Algunos problemas políticos o sociales se pierden detrás de sonados acontecimientos, no tan decisivos y ocurre que los árboles no dejan ver el bosque. El realismo mágico y su espectacularidad es una cortina de humo que oculta los problemas fundamentales de la obra en mención. Sabemos desde hace tiempo que escribir no es un acto mecánico para deshacerse de las palabras y sentimientos, sino un trabajo del espíritu, donde aparece la tradición oral como soporte fundamental acompañado de aquella intuición, casi femenina, como es la cultura y la capacidad personal del escritor. El interrogante que queremos plantear lo esbozó el filósofo Rubén Jaramillo en una conferencia, ( Fundación “Obra Abierta “ Manizales septiembre-95), cuando dijo que la importancia de Cien años de Soledad estaba en la forma como trató el tema del incesto. Entonces me hice el propósito de leer la obra con ese horizonte. También tuve en cuenta a Estanislao Zuleta, quien sostuvo que no se lee en forma libre y transparente, sino que un determinado problema o preocupación dirigen la actividad mental para el entendimiento de un texto literario o filosófico. En este contexto surgieron las reflexiones que a continuación expondré.

Leí entrevistas e interpretaciones diversas, en ninguna de ellas se refieren a este tema con la importancia merecida. Podía decirse que el tema ha gozado de un especial silencio, no de ahora, sino desde hace mucho tiempo. El Marqués de Sade ( 1.740-1.814) pasó varios años de su vida en las cárceles francesas por poner en sus novelas entre otros acontecimientos, estos “ crímenes de amor”. D. A. F. Sade un escritor libertino sin moral sexual puso en aprietos a las autoridades francesas cuando narraba escenas escabrosas, entre ellas el incesto propiamente dicho, donde participaban autoridades eclesiásticas y nobles de la época. En una obra muy conocida Sade emprende, no sin humor, la justificación política del incesto: “ ¿ Es peligroso el incesto? No, sin duda; dilata los lazos familiares y por consiguiente, hace más activo el amor de los ciudadanos por la patria”. Los filósofos del Siglo de las Luces se esforzaron, gracias a su erudición etnológica bastante amplia, en mostrar el carácter relativo y variable de este tabú. Para Voltaire y Diderot se trataba esencialmente de lanzarse a la guerra contra un “prejuicio” social. En nuestro país este tema se menciona cuando en la pagina de los crímenes de los periódicos aparecen reseñados los incestuosos, muestra diaria de la extensión del problema en todas las regiones de Colombia.

Al hacer mi lectura de “Cien años de soledad “ ordené los acontecimientos bajo la idea del incesto. Lo mismo ocurriría si leyera la obra interesado en la historia nacional, o buscando el perfil del hombre caribeño. El relato tiene infinidad de acontecimientos mágicos en donde el lector termina aprisionado y no sabe frente en que situación se encuentran los personajes. No sabría orientarse entre la diversidad de acontecimientos. Lo digo a causa de mi experiencia propia. Leí la novela en varias oportunidades y diferentes épocas de mi vida, habiendo pasado desapercibido el tema del incesto. Debo destacar mi sorpresa de investigador cuando concluyo que la obra pretende buscar la pureza de la sociedad, como una idea mítica, negando el mestizaje. Sabemos a través de los modernos estudios de la lingüística y la sociología, que esta obra es fruto del mestizaje cultural del caribe y de la sociedad hispanoamericana. Tuvieron que pasar quinientos años después del descubrimiento para que apareciera una obra como “Cien años de Soledad “. La caída de Macondo se debe a las prácticas incestuosas, como se puede inferir de su final en donde las estirpes no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra. Esta obra no es un canto al mestizaje y menos al mar Caribe fuente y sustento de esta cultura tropical.

Abordando el tema propuesto, el incesto inicia la civilización macondiana. En el segundo capítulo Ursula se ponía antes de acostarse un pantalón rudimentario que su madre fabricó con lona de velero, reforzado con un sistema de correas entrecruzadas, cerradas adelante con una gruesa hebilla de hierro. Así evitaba consumar el matrimonio con José Arcadio Buendía, conocedores de los perjuicios derivados de casarse entre primos y atemorizados con los recuerdos de sus parientes lejanos, no se arriesgaban a tener una vida marital común y corriente. El interés en la narración cobra fuerza cuando Prudencio Aguilar recrimina en público su impotencia sexual a José Arcadio Buendía después de perder una pelea de gallos y conocedor también de un rumor callejero de que en ese matrimonio no pasaba nada. José Arcadio Buendía atraviesa con una lanza a Prudencio Aguilar; inmediatamente para evitar las consecuencias de ese asesinato la familia Buendía inicia un peregrinaje que los llevará hasta Macondo.

García Márquez después de escribir esta obra ha reincidido en el tema en 1.996 cuando adaptó al cine la tragedia de Sófocles Edipo rey, con el nombre Edipo Alcalde. En el libreto de la película trata el tema con un enfoque no tan ingenuo y primitivo como en la novela, conservando la violación a la norma prohibida.

La prohibición del incesto según lo ha estudiado Claude Levi-Straus (Las Estructuras Elementales del Parentesco, Paidos ) es una ley universal, definida como una ley de intercambio social. Si no existiera esta ley la sociedad no pudiera desarrollarse y quedaría en un estado de atraso inaceptable. En términos amplios, con el énfasis de esta prohibición aparece la cultura como desarrollo social, en donde las mujeres podrían intercambiarse con los hombres de otras latitudes. Es conveniente conocer las apreciaciones de Dolmatoff (Gerardo Reich, Los Kogui, F. C. E.1.985) en donde, según su análisis, las normas establecen la separación de los deseos con respecto a las mujeres de la tribu: la comida del jaguar es el puerco, así el hombre jaguar se casa con la mujer puerco, la comida de la Zarigueya es el armadillo, la comida del búho es la culebra, la comida del puma es el venado. Los Kogui simplemente advierten los hechos, cada animal se une con el que representa su comida, una unión en donde el comer y cohabitar se simbolizan mutuamente.

Así como el incesto, también el asesinato del padre es un tema recurrente en la literatura, desde Sófocles en Edipo Rey pasando por Dostoyesvki en los “Hermanos Karamazov”. Este asesinato va asociado al deseo de la madre. En “Cien años de soledad “no se asesina al padre, pero amarrarlo en vida al castaño, desaparece como una representación no solo simbólica sino real. Este desaparecimiento en términos actuales se llama la desvalorización del padre como una tendencia generalizada de la sociedad. La muerte del padre en “Cien años de soledad “, ocurre así: “se necesitaron diez hombres para tumbarlo, catorce para amarrarlo, veinte para arrastrarlo hasta el castaño del patio, donde lo dejaron atado, ladrando en lengua extraña, y echando espumarajos verdes por la boca”. Decisión que se puede asimilar a un parricidio, al no hallar explicación aceptable para inmovilizar un hombre lleno de energía y vida. Con ese precedente cae todo el poder en manos de Ursula, toma las determinaciones para modificar la casa, organizar provisiones y mantenerla abastecida y especialmente, transmite la norma de la prohibición del incesto. Sus palabras caían en el vacío. Los incestuosos aplicaban las palabras de José Arcadio (hijo) recordadas cuando se mencionó la prohibición: “ no me importa tener cochinitos siempre que puedan hablar”.

Ursula representa la tradición y la religiosidad, estatuyeno un gobierno de las mujeres en las áreas de la vida social y familiar. En ese contexto se generan toda clase de incongruencias, ellas con sus sentimientos maternales quieren manejar hasta los asuntos administrativos de Macondo, como cuando Ursula enfrenta a Aureliano en la guarnición militar para decirle que si no atiende sus peticiones bajará los calzones y golpeará sus nalgas.

Poco antes de su muerte, Ursula rogó a Dios para que entre los suyos no ocurrieran relaciones sexuales. Inició una oración interminable, atropellada, profunda, más de dos días, el tercer día había degenerado en un revoltijo de súplicas a Dios y de consejos para que las hormigas coloradas no tumbaran la casa, para que nunca dejaran apagar la lámpara frente al daguerrotipo de Remedios. Además cuidaran que ningún Buendía fuera a casarse con alguien de la misma sangre; nacían los hijos con cola de puerco. Ursula no puede detener la práctica del incesto porque no poseía la autoridad moral para hacerlo.

José Arcadio y Ursula estaban unidos en un común remordimiento de conciencia. Dos de sus antepasados habían engendrado un hijo que pasó su vida con unos pantalones englobados y flojos, habiendo nacido con una cola cartilaginosa en forma de tirabuzón y con una escobilla de pelos en la punta. Fueron cuarenta y dos años con esa novedad. Se mantuvo en el más puro estado de virginidad, que le costó la vida cuando un carnicero amigo cortó la parte íntima con una hachuela de destasar.

La misma noche que José Arcadio mató a Prudencio Aguilar dijo a Ursula: “Si has de parir iguanas, criaremos iguanas, pero no habrá más muertos en este pueblo por culpa tuya”. Desde ese día no volvió a usar las correas que su madre puso en su cuerpo después de casada. Aquella noche retozaron en la cama hasta el amanecer. A los catorce meses de iniciar el peregrinaje, nació el primer hijo con todas las partes humanas. Un poco más adelante, dice García Márquez que Ursula en cinta por tercera vez, vivió de nuevo los terrores de recién casada: el horror del incesto. Si las parejas con parentesco lejano temen sorpresas en la conformación del recién nacido, podemos imaginar los temores de las personas que a sabiendas sostienen relaciones incestuosas. Este temor existe en todas las culturas representado en prohibiciones y advertencias.

En “Cien años de soledad” desde las primeras páginas los personajes hierven en deseos de poseer a sus hermanos o parientes cercanos, violando toda norma y contra toda prohibición. Con este detonante ninguna norma es valedera, en donde los caprichos personales gobiernan la vida de los hombres. Cuando se casan José Arcadio y Rebeca, Ursula saca argumentos para impedirlo, pero el deseo hace los oídos sordos. Si bien es cierto como lo menciona Freud en “Tótem y Tabú” en algunas tribus de Australia la violación a esta prohibición no es seguida de un castigo automático. Como las violaciones de otras prohibiciones, la de comer carne del animal totémico, por ejemplo, son vengadas por la tribu entera, como si se tratara de alejar un peligro que amenaza a la colectividad. El padre Nicanor revela en el sermón que José Arcadio y Rebeca no eran hermanos. Ursula no perdonó nunca lo que consideró una falta de respeto y cuando regresaron de la iglesia prohibió a los recién casados entrar en su casa, contrariedad que no impidió que adelantaran una luna de miel escandalosa. Los vecinos no durmieron con los gritos que despertaban a los vecinos hasta ocho veces en la noche y hasta tres veces en la siesta y rogaba que una pasión tan desaforada no perturbara la paz de los muertos, pues, su residencia estaba al frente del cementerio. Es posible colegir de la narración que el éxtasis desatado lo logra la relación incestuosa, verdadero motor del deseo, pues si existe el deseo de violarlo es por la prohibición misma, dice Freud.

En otro caso de una relación incestuosa García Márquez cuenta el goce entre Aureliano José y Amaranta. Ella siempre lo consideró un niño, sin prejuicio alguno seguía desnudándose en el baño delante de él como lo había hecho siempre. La primera vez que la vio, llamó la atención especialmente la profunda depresión entre los senos. Estas elecciones en donde uno de ellos es un niño, lo trae a cuento Levis Straus al hablar de algunas sociedades lejanas. Eligen la niña cuando está en brazos y se convierten en padres esposos. En “Cien años de soledad”, una de las hijas del inspector Moscotes, es elegida entre varias hermanas, teniendo en cuenta que era la mas pequeña; el viejo Moscotes contesta a José Arcadio Buendía: “ Eso no tiene sentido. Tenemos seis hijas mas, todas solteras y en edad de merecer, que estarían encantadas de ser esposas dignas de caballeros serios y trabajadores como su hijo y Aurelito ponen sus ojos precisamente en la única que todavía se orina en la cama”. En el caso de Aureliano José y Amaranta, él desde muy niño tenía la costumbre de abandonar la hamaca para amanecer en la cama de ella, contacto que tenía la virtud de apaciguar el miedo a la oscuridad. No podía conciliar el sueño mientras no escuchaba el valse de las doce en el reloj de la sala, y la madura doncella no tenía un instante de sosiego mientras no sentía deslizar en el mosquitero, aquel sonámbulo que ella había criado, sin pensar que sería un paliativo para la soledad. No solo durmieron juntos, sino que se perseguían por los rincones de la casa y se encerraban en los dormitorios a cualquier hora, en un permanente estado de exaltación sin alivio. Casi son sorprendidos por Ursula, cuando empezaban a besuquearse. “ Quieres mucho a tu tía? “ , preguntó a Aureliano José. Contestó afirmativamente, “haces bien “, concluyó ella. Acabó de medir la harina para el pan y regresó a la cocina. Luego de una larga ausencia, desertó de las tropas federalistas de Nicaragua, se enroló en la tripulación de un barco alemán y apareció en la cocina de la casa con secreta determinación de casarse con Amaranta. Cuando lo vio entrar, sin que hubiese pronunciado palabra, supo de inmediato porque había vuelto. En la mesa no se atrevieron a mirarse a la cara. Dos semanas después, estando Ursula presente, fijó los ojos en ella, y dijo: “siempre pensaba mucho en ti “. Cuando llegó ella pasaba la aldaba a su dormitorio, pero durante tantas noches percibió los ronquidos en el cuarto contiguo, hasta descuidar la precaución de la aldaba. Lo sintió en el mosquitero como lo había hecho cuando era niño, y no pudo resistir el sudor helado cuando se dio cuenta de que estaba desnudo. “ Vete”, murmuró. Desde aquella noche se iniciaron las sordas batallas que se prolongaban hasta el amanecer. “Soy tu tía “, murmuraba agotada. “ Es como si fuera tu madre, no solo por la edad, sino porque lo único que me faltó fue darte de mamar”. Esperaba el alba y regresaba al día siguiente, cada vez más excitado al comprobar que no pasaba la aldaba. En ausencia la encontraba en los oscuros dormitorios de los pueblos vecinos, a toda hora y en todas partes. Así padeció el exilio, hasta que le oyó a alguien contar el viejo cuento del hombre que se casó con una tía que además era su prima y cuyo hijo terminó siendo abuelo de si mismo.

- Es qué uno se puede casar con una tía? - preguntó asombrado.

- No solo se puede – contestó el soldado, - sino que estamos haciendo esta guerra contra los curas para que uno se pueda casar con su propia madre.

Quince días después desertó. Halló a Amaranta más ajada que el recuerdo, pero mas febril que nunca en las tinieblas del dormitorio, más desafiante en la agresividad de su resistencia.

- Eres un bruto – decía Amaranta, - no es cierto que se pueda hacer esto con una pobre tía, como no sea con una despensa especial del Papa.

Aureliano prometía ir a Roma, prometía recorre Europa de rodillas y besar las sandalias del Sumo Pontífice, solo para que ella aceptara.

- No es solo eso – decía ella.- Es que nacen los hijos con cola de puerco.

- Aunque nazcan armadillos – suplicaba.

Dice el filósofo racionalista Baruc de Spinoza: “cuando una ley no es comprendida se moraliza”. El error de los teólogos radica en haber ocultado la diferencia entre el conocer y el obedecer. En vez de interpretar una prohibición como una necesidad, se recomienda como una ley moral. No es extraño que Amaranta diga que necesitan una dispensa del Papa para aceptar sus pretensiones.

Sobre la base de estas consideraciones toman importancia las palabras de Levi Straus cuando sostiene en la obra citada que la exogamia genera un intercambio de las mujeres, estableciendo la paz entre los hombres. El matrimonio busca establecer una alianza de familia, donde se intercambian sentimientos, bienes culturales y se busca la paz. La relación endogámica o incestuosa en último caso generaría la atomización de la sociedad.

Una tribu cuando casa a una mujer establece una alianza y para el caso opina el autor citado: “un vínculo humano es indestructible, lo que no sucede con la canoa, puesto que éste puede romperse”. Lo dice también en otras palabras. “puede romperse un vínculo establecido mediante regalos, pero no un vínculo humano”. El etnólogo francés termina en forma categórica diciendo que al practicar el incesto se gana sin perder y se goza sin compartir. Agrega, la exogamia asegura la supremacía de lo social sobre lo biológico, el intercambio es la base fundamental y común a todas las modalidades de la institución matrimonial. El incesto tiene un valor social y podría afirmarse que antes de ser moralmente culpable es socialmente absurdo. En la obra Estructuras Elementales del Parentesco Levi Straus entra en discusión con varios tratadistas, como Freud y Malivnoski, quines no dieron la importancia social a la prohibición del incesto. Solo el etnólogo francés vino a poner en su sitio estos argumentos de moda en los finales de los años sesenta y principios de los setenta.

En “Cien años de soledad” el intercambio entre extraños se da pocas veces. Los casos más representativos son los de Aureliano Segundo y Fernanda del Carpio por un lado y Gastón y Amaranta por el otro. Estos intercambios contestan un poco mi pregunta de atrás, sobre la ausencia de un intenso mestizaje en esta obra.

En el primer caso, Aureliano Segundo llevó en brazos a la soberana intrusa, con el traje desgarrado y la capa de armiño embarrada de sangre. Se llamaba Fernanda del Carpio. La habían seleccionado como la más entre las cinco mil mujeres mas hermosas del país. La había llevado a Macondo con la promesa de nombrarla reina de Madagascar. Inmediatamente Ursula se ocupó de ella como si fuera una hija. El pueblo en lugar de poner en duda su inocencia, se convenció de la candidez. Desde el principio de la obra el autor la caracteriza como una extraña ante el grupo de los Buendía. Como visitante tiene una presencia precaria, porque los habitantes de Macondo no daban el titulo de residencia con facilidad. Ellos se afirman proyectando los defectos en el otro, para justificar su odio contra el extraño o con el diferente y defiende la integridad asegurando la bondad, con una posición sin critica hacia mismos.

Mas adelante dice que Fernanda del Carpio era una mujer perdida para el mundo. Había nacido a mil kilómetros del mar, en una ciudad lúgubre por cuyas callejuelas de piedras traqueteaban todavía, en una noche de espanto las carrozas de los virreyes. En la casa señorial embaldosada de losas sepulcrales jamás conoció el sol. El aire había muerto en los cipreses del patio, en las pálidas colgaduras de los dormitorios, en las arcadas rezumantes del jardín de nardos. Fernanda no tuvo hasta la pubertad otra noticia del mundo que los melancólicos ejercicios de piano ejecutados en alguna casa vecina por alguien que durante años y años se permitió el albedrío de no hacer la siesta.

A pesar de las diferencias el matrimonio se realiza y inicia la puja dada en toda alianza de grupos y de personas, para moldear la unión de acuerdo a los defectos y cualidades de cada uno. Aureliano fue a buscarla a pesar de que ella había mentido para evitar que conocieran el lugar de residencia e identidad personal. La buscó sin piedad dice el autor, con la temeridad con que José Arcadio Buendía atravesó la sierra para fundar a Macondo, con el orgullo ciego con que el Coronel Aureliano Buendía promovió sus guerras inútiles, con la tenacidad insensata con que Ursula aseguró la supervivencia de la estirpe. Así buscó Aureliano a Fernanda del Carpio sin un solo instante de desaliento.

En un monólogo bastante hermoso, quizá uno de los fragmentos mejor logrados de la novela, el autor pone en boca de ella los lamentos ante Aureliano Segundo, en aquellos días de lluvias interminables y cuando no había bocado para comer en la despensa de los Buendía del Carpio. El ha provocado la lengua de ella y dice:

“ Y era Fernanda que se paseaba por toda la casa doliéndose de que la hubieran educado como una reina para terminar de sirvienta en una casa de locos, con un marido holgazán, idólatra, libertino, que se acostaba boca arriba a esperar a que le lloviera los panes del cielo, mientras ella se destroncaba los riñones tratando de mantener a flote un hogar emparapetado con alfileres, donde había tanto que hacer, tanto que soportar y corregir desde que amanecía, hasta la hora de acostarse, que llegaba a la cama con los ojos llenos de polvo de vidrio y sin embargo, nadie le había dicho buenos días, Fernanda, ni le habían preguntado aunque fuera por cortesía porque estaba tan pálida, ni porque despertaba con esas ojeras de violeta, a pesar de que ella no esperaba, por su puesto, que aquello saliera del resto de una familia que la fin y al cabo la habían tenido siempre como un estorbo, como el trapito para bajar la olla, , como un monigote pintado en la pared, y que siempre andaban desbarrando contra ella por los rincones, llamándola santurrona, llamándole farisea, llamándola lagarta, y hasta Amaranta que en paz descanse, había dicho de viva voz que ella era de las que confundía el recto con las témporas, bendito sea Dios, que palabras, y ella había aguantado todo con resignación por las intenciones del Santo Padre, pero no había podido soportar mas cuando el malvado de José Arcadio Segundo dijo que la perdición de la familia había sido abrirle las puertas a una cachaca, imagínese una cachaca mandona, válgame Dios, una cachaca hija de la mala saliva, de la misma índole de los cachacos que mandó el gobierno a matar a los trabajadores, dígame usted. Y se refería nada menos que a ella, la aijada del Duque de Alba”.

Sobre este personaje hizo un estudio Rafael Gutierrez Girardot titulado “La critica a la aristocracia bogotana en Gabriel García Márquez “. Con respecto a “Cien años de soledad” justifica los comentarios diciendo que la literatura sociológica sobre las clases sociales hispanoamericanas han puesto la atención principalmente en las clases medias y bajas dejando de lado el análisis no de las clases sino de las “ Aristocracias “ enclavadas en los altos estratos. También sostiene que esta critica a Fernanda del Carpio es a la vez critica a la capital de La República, que vuelve con otros acentos en El General en su Laberinto. Contraposición de dos formas de vida, la caribeña y la andina, continúa diciendo el critico boyacense. García Márquez ha dicho que los críticos con una investidura de pontífices, sin darse cuenta que una novela carece por completo de seriedad, creen que está plagada de avisos a los amigos, señas que solo ellos pueden descifrar, esos críticos continua el cataquero, asumen la responsabilidad de descubrir todas las adivinanzas del libro, corriendo el riesgo de decir grandes tonterías. En ese ensayo el critico mencionado suspira por ser íntimo de García Márquez y poder poseer las confidencias y saber a quien se refiere con Fernanda del Carpio, si se refería a una mujer real de la aristocracia bogotana, que en los años cuarenta pudo ser reina de belleza y que debió suscitar la fascinación a posteriori al pariente de los Buendía. Cree Gutierrez Girardot que cachacas como las mencionadas en la novela no existen sino en Bogota.

Es innegable el papel de contraste que toma el personaje de Fernanda del Carpio en la obra. En su estudio Gutiérrez G. quiere obtener el secreto y como un investigador policial, afirma que estos personajes existieron y que se refiere a alguien en especial. Sabemos que un personaje se configura con diversos acontecimientos, ideas, recuerdos y no necesariamente tendrá que existir esa acta de matrimonio en los archivos de la cancillería o de una institución oficial. Sería absurdo pretender que la literatura es un retrato y los personajes son alguien en especial, con nombre y apellido, a quien el autor está pasando cuenta de cobro.

Se acerca a una interpretación de lo que hemos venido diciendo en este ensayo sobre la relación que tenemos con lo extraño, no perteneciente a nuestra cultura, generando una aparente contradicción. Contradicción que existe entre las ciudades, en las regiones y entre los países. Contradicciones que entendidas no son antagónicas, debido a que la convivencia ciudadana está por encima de las pugnas regionales o raciales. Gutiérrez Girardot insiste y pone de relieve el eufemismo y refinamiento de Fernanda: la mentira, la pacatería, la frialdad y la envidia, su naturaleza impositiva y su incapacidad de convivencia. En este punto Gutiérrez malentiende la narración, por cuanto si existen los defectos, no fueron absolutos. Fernanda del Carpio alcanzó a convivir y morir entre los Buendía. Tuvo varios hijos y una aceptación relativa en el mundo de Macondo, asunto que no puede aceptar el ensayista citado. Fernanda no era una mujer cualquiera, fue la esposa de Aureliano Segundo. No es posible coger un personaje como hizo Gutiérrez, separarlo del contexto y decir que es un decadente, estirado o anacrónico. La obra es una suma de acontecimientos que juegan configurando un ambiente real.

Otra pareja que mencioné al principio de mis comentarios fue la de Gastón y Amaranta Ursula. Este es el inicio del fin de la novela. A Gastón lo presenta como un animal raro, cumpliendo los compromisos de la alianza, en donde los receptores con dificultad aceptan el nuevo miembro de la familia. Es mas cómodo convivir con los conocidos que someterse a la dificultad de aceptar la diferencia. Es entender que el mundo es ancho y ajeno y no el estrecho círculo de nuestros allegados. Gastón está desconectado totalmente de la realidad de Macondo, además cumple unos proyectos sin conexión con la vida de Amaranta, muy a pesar de ser un extraordinario amante, según García Márquez. El autor lo presenta así: “Amaranta regresó con los primeros ángeles de diciembre, empujada por brisas de velero, llevando al esposo amarrado por el cuello con un cordel de seda. Apareció sin ningún anuncio, con un vestido color marfil, un hilo de perlas que le daban casi a las rodillas, sortijas de esmeraldas y topacios, y el cabello redondo y liso rematado en las orejas con puntas de golondrinas. El hombre con quien se había casado seis meses antes era un flamenco maduro, esbelto, con aires de navegantes. No tuvo sino que empujar la puerta de la sala para comprender que su ausencia había sido mas prolongada y demoledora de lo que suponía”.

En consonancia con Levi Straus podemos decir que el matrimonio es una forma de intercambio social y parte de una reciprocidad de comportamientos. En el caso de Amaranta Ursula y Gastón no aparece en ningún momento. La relación se da una manera insólita, pues el hombre viene cogido tras ella por un cordón de seda y luego justifica su pasividad diciendo que era por dar gusto a ella. El traslado de Gastón desde Europa hasta Macondo fue para que ella se cansara de su nostalgia. Si en una relación no hay reciprocidad, no puede lograrse la integración del yo y el otro. Levi Straus dice en la obra citada que las relaciones entre hombre y mujer son un aspecto de las prestaciones totales de las que el matrimonio ofrece un ejemplo, al mismo tiempo que proporciona la ocasión para ellas. Esas prestaciones totales se refieren a bienes materiales, a valores sociales, tal como es el matrimonio de Fernanda del Carpio y Aureliano segundo. No así en Amaranta Ursula y Gastón. El autor dice que quienes veían aquel cuarentón de hábitos cautelosos, con el sedal al cuello y la bicicleta de circo, no habían podido pensar que tenía con su joven esposa un pacto de amor desenfrenado. Hasta ahí era el compromiso, el resto del tiempo lo pasaba buscando ocupación con que llenar las horas muertas. En esta inapetencia transcurrió la relación con Amaranta Ursula, cazando mariposas y buscando huevos de araña, en una actitud desesperanzada y demostrando una desconexión con la realidad diaria de los Buendía. Con esta relación fallida, el autor estaba preparando el terreno para que apareciera el hecho mas significativo de “Cien años de Soledad “, el cual iba a marcar el final de la civilización macondiana y de la novela misma. Cuando ya es un hecho que Amaranta Ursula mantiene relaciones incestuosas con Aureliano, Gastón opta por acabar la relación matrimonial como una consecuencia de la falta de compromiso. Diríamos que falta el condimento del amor: la prohibición. Antes de partir y mientras Gastón aún vivía en Macondo, Aureliano logró conquista el amor de Amaranta. El viaje de Gastón a Europa confirma la disolución del matrimonio. El autor dice que al contrario de lo que la pareja esperaba, Gastón envió un mensaje tranquilo, casi paternal, con dos hojas consagradas a prevenirlos contra las veleidades de la pasión, y consignó un párrafo final con inequívocos consejos para que fueran tan felices como el lo fue en su breve experiencia conyugal. Con este episodio empieza a derrumbarse Macondo, han muerto los personajes centrales de la trama y queda la pareja que hundiría los fundamentos de la civilización macondiana.

Dice García Márquez que algo debió ocurrir para que Fernanda recuperara los privilegios de esposa legítima, porque al año siguiente encontró Meme una hermanita recién nacida. Amaranta Ursula nace en las épocas difíciles del matrimonio de Fernanda del Carpio y Aureliano Segundo. Mientras la pequeña crecía caprichosa, Meme ensayaba su juvenil corazón con aprendiz de mecánico en los talleres de la compañía bananera. Era nacido y crecido en Macondo, fue entonces cuando su amada cayó en cuenta de las mariposas amarillas que precedían las apariciones. Su nombre era Mauricio Babilonia. Lo descubría entre las multitudes de personas con las mariposas amarillas. A ella al principio molestaba su rudeza. La primera que se vieron a solas en los prados desiertos, detrás del taller de mecánica él la arrastró sin misericordia aun estado animal y la dejó extenuada. En la casa de Pilar Ternera, bajó sus auspicios Meme se entregó a Mauricio Babilonia sin resistencia, sin pudor, sin formalismos, con una vocación tan fluida, una intuición tan sabia que un hombre mas suspicaz hubiera podido confundirla con una mujer de vasta experiencia. Mauricio murió viejo después de recibir un proyectil que se internó en su columna vertebral reduciéndolo a la cama en el resto de sus días.

De la unión de Meme y Mauricio nace un hijo. El autor de “Cien años de soledad” aquí anuncia el principio del fin y dice que este acontecimiento dará el golpe final a Macondo. Este niño es llevado a donde la abuela Fernanda, recibido contra de su voluntad. No lo ahogó en la alberca del baño, la historia no lo permitiría. En cambio, lo encerró en el taller del coronel Aureliano Buendía y convenció a Santa María de la Piedad de que lo había encontrado flotando en una canastilla. Argumento que se encuentra en toda la mitología universal desde la cristiana hasta la pagana. La única manera de cumplir el incesto, es no sabiendo el parentesco, como en efecto ocurre en Edipo Rey y en este caso con el último Aureliano. Los afectados se enteran cuando no hay solución posible, sino la destrucción de una civilización construida esperando una supuesta maldición.

A García Márquez insertó aquí la estructura del Edipo de Sófocles como comprobar quien haga la comparación y que seguiré en mi explicación. Este paralelo es un ejercicio con el que pretendo ratificar algunas coincidencias sorprendentes. La anécdota de Sófocles no es original del mismo, sino que es una leyenda que llegó a Grecia del Asia Menor.

La primera coincidencia entre las dos obras es querer matar el niño que nace: el último Aureliano y Edipo Rey. Edipo fue lanzado al monte desde el hogar de Layo y Yocasta. El siervo que recibe el niño se lo entrega a un mensajero quien se responsabiliza de la criatura hasta asegurar la subsistencia futura, contrariando el encargo inicial. De igual manera Santa Sofía de la Piedad recibe el nuevo hijo de los Buendía con la orden de ocultarlo. Era el hijo de Meme. Fernanda dijo a la moja mensajera. “Diremos que lo encontramos flotando en la canastilla”. “ No se lo creerán”, dijo la monja. “Si se lo creyeron a las sagradas escrituras, no veo porque no han de creérmelo a mi “, replicó Fernanda del Carpio. Mientras la monja estaba de visita para recibir el niño, Fernanda todavía deseaba matarlo, pero no tiene aliento para ese homicidio, y prefirió esperar. Con este acontecimiento comienza la tragedia de Macondo. Cuando Aureliano cumple el primer año, también se alistan las fuerzas contendientes que acabarán con Macondo; este enfrentamiento daría como resultado lo que han dado en llamar la masacre de las bananeras. García Márquez describe la situación general como incierta, y afirma que llovió cuatro años, once meses y dos días. La compañía bananera fue considerada un huracán devastador, tiempo en el que Macondo entró a competir en un capitalismo salvaje, además del cambio de costumbres y la invasión de trabajadores de todo el país. En la tragedia de Sófocles las condiciones de Tebas son semejantes. En el segundo parlamento el sacerdote, personaje que también interviene en Macondo, dice a Edipo, ya en escena, que la ciudad sufre el embate de un fuerte temporal y no puede levantar la cabeza del fondo de las olas de sangre. Perece, dice el sacerdote, en los frutos abortados de la tierra; perece en los rebaños de vacas y en los partos sin hijos de las mujeres. La situación de Macondo en “Cien años de soledad” se deteriora vertiginosamente desde el diluvio. La desidia de la gente, dice el autor, contrastaba con la voracidad del olvido, que poco a poco iba carcomiendo sin piedad los recuerdos. Aureliano se iba volviendo esquivo y ensimismado, a medida que se acercaba la pubertad. Estas cualidades se agigantarán en el rol supremo que García Márquez le hará cumplir mas adelante. Aureliano Segundo, abuelo del último Aureliano, trabajó como un loco para reunir el dinero que requería Amaranta Ursula para viajar a Bruselas. En vez de una, hizo tres rifas semanales. Desde muy temprano se veía recorrer el pueblo, llegando hasta los barrios más atrasados y miserables a ofrecer el billetico. Además Aureliano heredó del abuelo el gusto por las enciclopedias. Cultivó el estudio y la investigación que adelantaba recluido en el cuarto de Melquíades, a consecuencia del marginamiento a que lo sometió Fernanda. Dice García Márquez que aprendió de memoria las leyendas fantásticas, diferentes síntesis contenidas en los libros, las centurias de Nostradamus, de manera que llegó a la adolescencia sin conocer nada del exterior, completamente anacrónico, pero con los conocimientos básicos de un hombre medieval. La timidez y carácter esquivo dominaron y en una labor lenta pero insistente, adquirió los conocimientos para leer los manuscritos de Melquíades, en donde contaban la historia de la familia Buendía con cien años de anticipación. En esta época el último Aureliano también desconocía asuntos humanos que solo proporciona el trato personal y asistió al prostíbulo en donde las mujeres malas enseñan a los hombres a ser hombres. Hizo las averiguaciones de los desafueros y acontecimientos de la estirpe de los Buendía, usando la cultura e inteligencia personal. Asistió a la librería del sabio catalán en donde estaba el libro Sanskrit Primer el cual sería devorado por la polilla en seis años, sino se apuraba a adquirirlo. En ese texto aprendería el idioma para desentrañar los manuscritos mientras el viejo Melquíades desaparecía definitivamente y el cuarto se convertía en aserrín junto con la sabiduría y conocimientos. Transcurrieron tres años luego de que Santa Sofía de la Piedad llevó la gramática y Aureliano pudo traducir el primer pliego. Era la primera página del fin de Macondo. Coincidencialmente el Edipo de Sófocles también hace una investigación. Debió interrogar a los propios protagonistas y testigos sobre la desconocida culpabilidad. Cuando empieza a vislumbrar las pistas que señalan el desastre final y la causa por la cual la ciudad de Tebas está desolada, declara al sacerdote: “Voy a averiguarlo todo desde el comienzo”. Pide a Tiresias que no calle las respuestas de las aves, u otro camino de adivinación. El mismo Edipo fue hasta el oráculo de Delfos en la desesperación para conocer una respuesta cierta. Fue a los lugares en donde ocurrieron los hechos. La verdad fue llegando paso a paso, revelación tras revelación, mientras a Aureliano en “ Cien años de Soledad” aparecía la verdad en la traducción pliego a pliego. El último hombre que había leído los libros estudiados por Aureliano, se llamaba Isaac el Ciego, referencia directa a Tiresias quien también era ciego en la obra de Sófocles. Poco faltó para que Isaac el ciego tuviera una actuación decisiva en la novela, en la condición de ser el único que conocía los manuscritos, fuera de Melquíades. En cambio Tiresias en Sófocles hizo la primera revelación de su desgracia a Edipo: “ La doble maldición de pié implacable de tu madre y tu padre ha de expulsarte un día de esta tierra, un día en el que tú, que tienes ahora vista, solo veas las tinieblas”. En este punto podemos acotar las palabras del escritor Rafael Humberto Moreno Durán en su obra “De la barbarie a la civilización “, ( Editorial Planeta), al hacer referencia a las grandes fábulas de “ Cien años de Soledad”. Dice que: “ La sabiduría parece, estar empeñada en condicionar al hombre a la disolución total. Recordamos aquí como la tribu de Melquíades fue borrada del mundo por haber sobrepasado los límites del conocimiento humano”.

El esposo de Amaranta Ursula decía de Aureliano al verlo entregado al estudio de los manuscritos, que no leía para conocer algo nuevo, sino para verificar la exactitud de los conocimientos. Aureliano no aguantaba los amores de Amaranta Ursula y Gastón quienes no ocultaban las luchas amorosas. Una noche a diez metros de su cama, en el mesón de platería, los esposos desquiciados, desbarataron la vidriera y terminaron amándose en un charco de ácido muriático. Aureliano no podía dormir y sollozaba de rabia. Pasaba por el corredor como un extraño, volvía a encerrarse en el cuarto, sin poder leer y escribir, ni siquiera pensar, a causa de la ansiedad que le provocaban las risas, los cuchicheos, los retozos preliminares, y las expresiones de felicidad agónica que colmaban las noches de la casa. Cada vez Aureliano estaba cerca de aquella mujer prohibida. Al otro lado en la obra de Sófocles, el acercamiento de Edipo y Yocasta, ocurrió ganando el torneo de adivinación ante la esfinge: quien adivinara terminaría con las desgracias de Tebas y se casaría con la esposa del rey desaparecido. Al contestar acertadamente la pregunta de la esfinge llega Edipo al lecho de su madre. En cambio, en “Cien años de Soledad” el proceso de consolidación de la pareja se da en un forcejeo de conquista. Alguna vez Amaranta Ursula saludó a Aureliano y dijo: “ Hola antropófago”. El rumor del amor fue creciendo, hasta que un día Amaranta se pinchó un dedo tratando de destapar una lata de melocotones; él se precipitó a chupar la sangre con una avidez y una devoción que erizó la piel. Desde ese momento Aureliano no conoció límites. Fue cuando ella escribió a su esposo en Bruselas, diciéndole que lo quería mucho, pero no podía dejar de amar a Aureliano. El contestó haciendo recomendaciones para evitar y calmar los amores apasionados, y dejando ver en la carta el dejamiento amoroso. Ya Amaranta sentía el sopor del embarazo y recordó la tarde cuando entró al taller de platería y su madre contó que el pequeño Aureliano no era de nadie, que había sido encontrado flotando en una canastilla. Aureliano atormentado por su designio incestuoso, se dio una escapada a la casa cural para buscar en los archivos alguna pista cierta. El sacerdote no pudo responder a las azoradas preguntas. Solo Afirmó: “A mi me bastaría con estar seguro de que tu y yo existimos en este momento”. Ya habían desaparecido todos los Buendía, de suerte que ambos convivientes convencidos sobre la versión de la canastilla, tranquilizaron las conciencias. “Mierda, solía decir Amaranta Ursula, quien hubiera pensado que de veras íbamos terminar viviendo como antropófagos”.

Un domingo a las seis de la tarde, ella sintió los apremios del parto. Después de cortar el ombligo y quitar con un trapo el ungüento azul que cubría el cuerpo, alumbrado con una lámpara por Aureliano, voltearon bocabajo al niño y vieron que tenía algo mas que todos los humanos, una cola de cerdo. No hubo alarma; en la tarde supieron que Amaranta estaba sin vida. Yocasta también muere ahorcada con una cuerda en la propia habitación.

En “Cien años de Soledad” entró la desesperación a Aureliano y pensó en los amigos: “Los amigos son unos hijos de puta ¡” gritó. En Edipo Rey Edipo también invoca los amigos con estos versos:

“Ay, ay, amigo mío ¡

Tú eres aún mi fiel amigo, pues todavía

Té quedas a mi lado y te cuidas de mí.

Ay, ay.

No te me ocultas, pues que conozco claramente

Aunque ahora yo esté ciego, por lo menos tu voz”.

Mientras Edipo pierde los ojos al romperlos con un broche de oro que pende el vestido de Yocasta, Aureliano los abre mas y ve un espejo en los manuscritos. Por ese espejo de letras pasa la vida de todos los Buendía, hasta llegar el momento cuando está leyendo, la realidad y los sueños se unen, dando como resultado la muerte absoluta.

Aureliano transfigurado en la azarosa y dura realidad de los manuscritos, saltó las páginas para leer o mirar los acontecimientos de los Buendía destacados y pasar de largo los mas conocidos. Detuvo la lectura cuando Melquíades narra cómo nació quien estaba leyendo, cuya concepción fue entre alacranes y las mariposas amarillas de un baño crepuscular, donde un menesteral saciaba la lujuria con una mujer entregada a los placeres por rebeldía. Descubrió en los manuscritos que Amaranta Ursula no era hermana sino tía. No sintió la segunda arremetida del viento, ya en su plena soledad estaba absorto; la potencia ciclónica arrancó de los quicios las puertas y las ventanas, descuajó el trecho de la galería oriental y desarraigó los cimientos. En este punto de su lectura ya había desentrañado la frase principal, que desencadenó la comprensión de la historia: “ EL PRIMERO DE LA ESTIRPE ESTÁ AMARRADO A UN ARBOL Y AL ULTIMO SE LO ESTÁN COMIENTO LAS HORMIGAS “.

Macondo desaparece envuelto en un pavoroso remolino de polvo, mientras en Sófocles

Edipo asume las consecuencias de la desgracia.

Sófocles termina su obra diciendo que ningún mortal puede declararse feliz antes de la muerte. Para mejor entendimiento leamos sus palabras:

“Coro.

Habitantes de Tebas, mirad este es Edipo,

Descifrador de enigmas y hombre el mas poderoso,

Todos a su fortuna miraban con envidia.

¡Ved ahora a qué ola llegado ha de infortunio ¡

No juzguéis, pues, dichoso a otro mortal alguno

Que no haya contemplado aquel último día

En tanto no termine su vida sin dolor “.

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