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_Pues ya no tema eso. Los otros pueblos lo odian, mi Rey. Los magos han acabado con nuestra raza. No debió haberse dejado perder las esperanzas, señor.

Antes que Thomas pudiese responder, la carroza golpeó un poste de madera tratando de evitar una pared que se derrumbaba. Thomas pudo ver el instante lentamente, su corazón latía tan rápido que le daba la oportunidad de ver todo en detalle, uno a uno los hombres que se elevaban en sus asientos por el impacto cerraban los ojos y desaparecían de la carroza. Thomas cerró los suyos pero no se fue para ningún lado. Se estrelló contra el poste y salió disparado a través las astillas de la carroza que se desbarataba abruptamente. Cayó de boca en la calle, rebotando en un accidente que mataría a un hombre cualquiera. Alos apareció a su lado para ayudarlo a levantarse.

_¿Por qué se quedó dentro de la Carroza?_ le dijo mientras lo ponía de pie y seguían corriendo.

_¡Acabo de decirte que perdí mis malditos poderes, coño!

_Cierto, lo siento, señor. Permítame ayudarlo a curar sus heridas_ contestó Alos mientras corrían.

_No me toques_ respondió Thomas mientras volvían a mezclarse entre la multitud. Detuvo a Alos y lo haló a un lado_. ¡Busca a Mabeth y encuentren a mi escuadrón de psíquicos! Yo buscaré donde esconderme por mí mismo.

_No puedo dejarlo sólo, señor.

_Anda, te he dicho. Nadie va a reconocerme.

Alos se quitó su capa, que estaba más sucia y ensangrentada que las ropas que llevaba Thomas y se la dio para que se cubriera.

_Has sido de gran servicio, Alos. Te lo agradezco.

_Lamento que su Era haya terminado, señor.

_Si consigues a mis psíquicos, esto es solo el principio, amigo mío. Vete_  Alos sacó una bolita plateada de su bolsillo, se dio la vuelta y desapareció. Thomas siguió colina abajo sólo, colocándose la capucha del abrigo sobre la cabeza.

Pocos metros más adelante  pasó, en mal momento, frente a un pequeño edificio que explotó al ser tragado por las cenizas.  Se esparció en pequeñas bolas de humo que golpearon y lanzaron gente por doquier. Thomas no pudo moverse tan rápido como debía y una le dió en la cara, lanzándolo fuera del camino, por entre los árboles, cerro abajo. Bajaba dando vueltas cuando se golpeó nuevamente en la cara con una piedra que le partió unos dientes y lo detuvo, cayendo de espaldas en la tierra.

Lloraba sin poder moverse, agonizaba con quemaduras en la cara y sangre brotando de sus heridas. Se cubría los ojos con las manos, no podía ver. Se puso de pie y se lanzó frente a un pequeño charco de agua para mojarse la cara. En su reflejo pudo ver la horrible imagen de sus ojos, ahora medio arrugados como pasas pero de un color gris opaco casi blanco,  podía verse el espacio oscuro detrás de sus ojos. Ahí se quedó por unos minutos, espantado ante su propia imagen y tratando de tomar aire, contemplando el abandono que su escuadrón había perpetuado sobre él y con ellos su pérdida de confianza en sí mismo y de su poder mental. Poseído por el miedo e indefenso, caminó entre las sombras, rogando con todas sus fuerzas que sus hombres lo encontraran y escondieran antes que las cenizas lo acabaran de matar. Una plegaria un poco menos fuerte de lo que la necesitaba.

En el rincón más desolado de un parque municipal muy tranquilo en una dimensión paralela a la que el Rey habitaba, una señora jugaba con su perro alegremente. Lanzaba la pelota y el labrador dorado la buscaba, no había más gente por el área. En una pequeña loma de hierba un rayo de luz calló llenando el área de polvo con un silbido. El perro corrió a esconderse tras la mujer, ella se levantó impresionada. Era difícil ver lo que había pasado. Entre la polvareda y el humo que se había formado, cinco figuras de alta estatura se veían de pie muy tranquilas.

La señora, movida por la curiosidad y la angustia, avanzó en  aire de sorpresa _¿hay alguien ahí?_ su voz retumbó haciendo eco, ella seguía avanzando pero el animal mordía por detrás el vestido de campo, sintiendo la rareza del asunto. Entre las sombras y la nube de polvo se escuchaban susurrantes voces de mujer y hombre.

La señora volvía a preguntar_ ¿he escuchado algo? ¿hay alguien ahí?_ En respuesta, una de las siluetas murmuró muy bajo. Repentinamente un par de rayos y chispas azules dispararon y dieron a la mujer en el pecho. Esta no hizo ningún ruido, no tuvo chance de darse cuenta. Se llenó de una luz morada que iluminó sus ojos y luego de pocos segundos cayó de bruces al suelo, estaba muerta. El perro chillaba, halando a su dueña por el vestido, antes de caer de la misma forma.

_¿Por qué hiciste eso?_ dijo una voz fría y pedante_ No hemos terminado de llegar al otro lado y ya tenemos una razón para irnos.

_Estoy segura que de aquí no nos vamos sin llevarnos tierra de regreso, despreocúpate. Volverá a estar viva una vez que hayamos terminado_ contestó una mujer amargada.

_No creo, la mataste… Sigue ordenes, que vamos tarde_ respondió el hombre en reproche.

_A mí no me estés diciendo que hacer.

_¡Ya! ¡Qué distracción, carajo! Ustedes dos, andando. Dejen el coqueteo para cuando vivamos aquí_ una tercera voz de hombre había interferido, esta era más dulce y tranquila, como la de un abuelo_ Vamos, vamos, tenemos prisa.

_Hay que separarse, nos encontraremos aquí en media hora_ dijo una mujer que se había mantenido en silencio.

_Eso es mucho tiempo_ habló una quinta voz _. Nos encontraremos aquí en el momento indicado. Si el Rey llega a pensar que lo abandonamos, lo van a matar. Nos hemos demorado suficiente.

_¿Y cómo hemos de saber cuándo es el momento indicado?_ dijo la mujer de voz áspera.

_Una pregunta bien estúpida para una psíquica involucrada en algo como un cruce de dimensiones para la comodidad del Rey Thomas_. Dicho esto el hombre rubio comenzó a andar, saliendo de la nube que los rodeaba.

 

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