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Capítulo 5 - La muerte de su madre

   Hoy es domingo, un domingo diferente porque Tino cumple diez años. Como todos los días concurre al hospital.  En el camino encuentra una querida enfermera, que le da un beso, le pone la mano en la cabeza, para luego seguir su camino.

   Su entrada a la sala de su madre sería triunfal, por que hoy cumple diez años,  le contaría a su madre  lo bien que estaba pasando en el Convento. Sus ojos quedan fijos, en la cama vacía de su madre,  de inmediato sale a pedir explicación.

   Por ser domingo muy poco personal encuentra en su camino; pero al fin logrará una respuesta para sus dudas. ¿Dónde está mi madre? grita Tino. Con voz pausada, pero con las palabras justas, una vieja enfermera será el interlocutor que Tino precisa. “Tú sabes que Dios, quiere a su lado, a los más buenos”. -“Eso ya lo sé”- contesta el niño, “las hermanas me lo han explicado”. Vuelve a insistir ¿Dónde está mi madre? La enfermera viendo su desesperación le dice” ella sabía que tu querido perrito Tony estaría solo, decidió acompañarlo” – “No es cierto, mi perro se murió, pero mi madre no se puede morir”- Ya viendo que las metáforas estaban de más,  decidió explicarle lo sucedido. “Ella estaba sufriendo mucho, no tenía recuperación, y hoy descansa en paz”.

   ¿A dónde la llevaron? pregunta Tino. “Esta sepultada en el cementerio del pueblo, en la zona del fondo, donde una hermosa arboleda le ofrece sombra y compañía.

   Decidido a enfrentar la nueva realidad, el niño en pocos minutos llega a la puerta del cementerio.  Un señor, seguramente encargado de ese lugar, lo recibe  preguntándole ¿Qué haces por acá niño? –“Busco a mi madre”, el señor, que lucía un uniforme gris, zapatos negros y sus cabellos blancos, vuelve a preguntar ¿Quién era tu madre? , Tino, que le parecía que el tiempo se le escapaba entre sus manos, comienza a caminar en busca de la arboleda,  indicada como referencia,  por la enfermera.

     Atrás del chico,  sin perderle pisada, el hombre de gris. Se reanuda el diálogo ¿Cuándo murió,  en donde, como se llama? – “en el hospital, creo que fue ayer, su nombre es Beba”

   Como viejo conocedor de todos los rincones de ese cementerio, toma de la mano al niño,  lo traslada  a la reciente tumba de su madre, de apenas veinticuatro horas. “Me deja solo, por favor”, le pide el niño.

   En la tierra, recién removida, sin una flor, sin un nombre, solamente un número. Se sienta en el suelo, llora, golpea con su puñito el suelo,  repitiendo ¿Por qué?, ¿Por qué?

   Ya han pasado dos horas, pero el niño sigue en el mismo lugar. El encargado preocupado va por él,  trata de consolarlo. ¿Qué será de tu vida, a partir de hoy? – “estás solo en esta vida, y eres apenas un niño”- Tino lo escucha sin levantar la vista, le responde – “No te preocupes, nunca estaré solo, Dios estará conmigo, como me enseñaron las monjitas”.

  Vuelve a quedar solo,  en ese instante, siente una mano sobre su hombro; se da vuelta, mira a su lado,  un hombre alto, de barba cerrada, pelo largo,  mirada penetrante esta a su lado. ¿Quién eres preguntó Tino? – “Un amigo que te quiere mucho, te conoce desde que naciste, y que nunca te abandonará” – Tino mira fija la placa numérica de la tumba de su madre, vuelve la cabeza haciéndole una pregunta ¿Eres mi padre? , pero el extraño visitante ya no está.

    Las horas han pasado, muy pronto el sol ya no alumbrará ese triste lugar.-

  Esa noche decide volver a su antigua casilla, pero cuando llega, un intruso se había apoderado de ella, siendo imposible poder sacarlo.          Decide caminar por el pueblo, pero el cansancio, el sueño, más la angustia de lo vivido, lo sorprenderán en un banco de la placita.

    Muy temprano debió dejar ese lugar; su estómago se encontraba vacío, no quería volver al Convento, tenía una clara  necesidad de resolver su vida,  urgente decide ir al encuentro de un horizonte diferente.

   El pueblo dormía, lo único que estaba en actividad era la panadería.  Su patrón era un gallego solterón, que tenía junto al comercio su vivienda. ¿Qué haces aquí tan temprano?, le pregunta un empleado del comercio; -“tengo hambre, mi madre y mi perro Tony murieron y me quedé sin vivienda·.

  No sabían si realmente esa terrible historia era realidad, pero en principio decidieron darle pan fresco, bizcochos calientes, junto a una taza de leche.

 

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