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Ir a: Cartas a una amante (13) Que mis palabras no las borre el viento Nada que quiera el hombre repudiar lo pone por escrito. El compromiso fugaz se deja a las palabras con el ánimo de que las borre el viento. Han perdido las palabras su majestad y su decoro, salvo cuando atrapadas por la pluma sirven para rubricar el pensamiento. La palabra escrita es historia, es juramento, es prueba. Es la manifestación de quien con seguridad se expresa, de quien honra un compromiso. Así querida princesita habrás de soportar mis cartas cuantos días seas dueña de mi afecto. Cada epístola será el testimonio de que con amor terminó el día y será a la vez indicio...

Ir a: Sin felicidad la inmortalidad carece de sentido ("Seguiré viviendo" 75a. entrega)Pasar por el filtro de la razón los textos que se deslizaban por mis manos fue un ejercicio rutinario. Diría que es una obligación de todo ser que piensa. Por eso me atreví a ser crítico con cuanto texto conocí con el calificativo de sagrado. Al comienzo no lo creí ni irreverente, con el tiempo me di cuenta que con ciertas creyentes llega a ser un ejercicio peligroso. Hay que ver como se avivan en nombre...

Ir a: Cartas a una amante (12) Me haces soñar despierto. Es hora de que sepas que te amo He ahuyentado esta noche de mi mente todo pensamiento. No ansío razones, tan sólo el placer que tu ser me proporcione. Tal vez no conozco de ti lo suficiente, pero ya por ti mi corazón palpita. Eres un descubrimiento tan reciente, pero en mi vida tienes más raíces que lo añejo. Me he perdido en tu rostro angelical porque refleja la ternura con que...

Ir a: Fe, corazón y alegría (2) Capítulo III: Todo cobra vida Esa noche, contrario a las anteriores desde que el abuelo murió, Carlitos pudo dormir a pierna suelta, tan pronto su cabeza tocó la almohada, se quedó profundamente dormido, e inmediatamente comenzó a soñar: Soñó que los dibujos del abuelo se levantaban y comenzaban a volar por todo el cuarto como si los moviera el viento. Pasaban bailando a su alrededor...

Ir a: Cartas a una amante (11) Las promesas de amor.  Una pizca de razón antes de volvernos insensatos Provengo de una relación que me atormenta, tengo una ilusión personificada en tu existencia, no soy novato en el amor y tengo un sentido demasiado crítico. No quiero engañarme ni engañarte, sé que el amor no dura eternamente, mas quiero que se vuelva duradero. No quiero llenarte de promesas, pero tampoco quiero negarte mis buenas...

Ir a: ¿Albedrío o determinismo? ("Seguiré viviendo" 74a. entrega)Después de un receso de varias semanas Aminta volvió a estar al cuidado de José. Lo encontró caquéctico, completamente descarnado, forrado por una piel consumida, que llamaba la atención por su color amarillento, producto de una ictericia que era más evidente en sus escleras. En su mirada refundida en el fondo de sus órbitas, a donde habían ido a parar sus ojos, Aminta adivino el presagio inconfundible de la muerte. José...

Ir a: Cartas a una amante (10) ¿Encarnas acaso mi utopía? Siempre en la mujer imaginé la sublimación de los más delicados sentimientos. ¡Qué pocas veces he confirmado que puede ser realidad esa utopía! Confiado en la imagen maternal de la mujer, que sólo despide amor en su regazo, concebí la ternura como el don característico de la feminidad, pero ahora sé que esa virtud escasamente al hijo pertenece....

Ir a: Cartas a una amante (9) Antes de ser derrotado por Cupido Mi razón está naufragando por tu causa en las ilusorias aguas del afecto. ¿Por qué no compartir contigo las atrevidas reflexiones del último acto cuerdo antes de que el arquero del amor me hiera irremediablemente? Tal vez porque conozco el éxtasis del amor desmedido, como la gélida indiferencia en que termina, he hecho presa de mis pensamientos los  acontecimientos...

Dedico con todo cariño esta obra a mi hijo porque en tiempos difíciles me enseñó con su ejemplo que los problemas se encaran con coraje y valentía, y que me inspiró a escribir esta historia cuando a su corta edad me aconsejó con la sabiduría de la inocencia: "Nunca pierdas la fe"... El abuelo Llegaron hacia el medio día. El calor era agobiante. Carlitos sentía el sudor resbalándole por la nuca...

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