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- Es como un Igorcito- aseveró Mario- Pero en mujer. Una Igorcita.

José Carlos soltó una risa y Mario le siguió.

Estuvieron acomodando cosas hasta que la poca luz de afuera indicaba la próxima llegada de la noche. Mario ayudaba a José Carlos a colgar ropa cuando le preguntó la hora. Eran las ocho y media de la noche.

- Ya me voy- dijo Mario- . Luego no hay combis para mi casa.

- Y dónde que vives hasta el quinto infierno.

Ambos salieron de la recamara. Mario tomó su mochila y se fue hacia la puerta.

- ¿Y esto? - dijo Mario cuando vio el crucifijo de papel en la puerta.

José Carlos se detuvo detrás de él, extrañado. La pregunta de Mario parecía haber sido hecha al departamento en sí, no para él. Incluso le pareció que las palabras se perdieran en el aire, o mas bien que las paredes se las tragaran. Es ridículo, pensó. Pero no estuvo muy seguro de su propio pensamiento. Además, estando ahí frente a la puerta, a José Carlos le pareció que la mirilla estaba más abajo; como a la altura de Mario.

Mario era mas bajo que José Carlos y más delgado. José Carlos tenía una constitución fuerte, producto de los años de lucha greco romana, desde la secundaria, hasta la prepa. Los brazos de Mario no formaban ni la mitad de uno de José Carlos; tenía una cara de niño que no le agradaba, por lo mismo se había dejado su bigote, que mas que aumentarle la edad, parecía una mancha del chocolate de las mañanas. Y aunque acostumbraba usar botas, Mario lucía mucho mas bajo que José Carlos.

Y ahí estaba la mirilla, con la cruz pegada, como si fuera un sello, a la altura de los ojos de Mario.

- Estaba ahí desde que llegué- dijo José Carlos finalmente. Y después pensó: Y no sé por qué demonios no la he quitado de allí..."

 

... Y sí, pensó José Carlos estando tirado en la sala de interrogatorios y siendo acribillado por la mirada dura de Matos y de sus agentes, esa fue á primera señal de que algo andaba mal. Y la ignoré... No, no la ignoré, muy por el contrario me extrañó, sabía que estaba mal, pero ellos, o eso, lo que quiera Dios que sea, fue lo que me hizo ignorarlo. Tal vez si Mario no hubiese....

 

"... Mario hizo lo que José Carlos no había hecho días antes. Tomó la cruz por la parte superior y la arrancó de un solo tirón. El ruido fue áspero y prolongado, como si la cruz se negara a ser arrancada de su lugar; como si protegiera algo, valioso o peligroso,

Y ahí estaba la mirilla.

Un ojillo circular de cristal que atravesaba la puerta.

Ahí estaba a la altura de los ojos de Mario.

Los dos se quedaron sin decir nada. A José Carlos le pareció una tontería en ese momento, pero le pareció que se sentía inseguro, por primera vez, en ese lugar. Como estar desnudo en una plaza llena de gente. Después de ese momento que pareció prolongarse por una eternidad, Mario se inclinó hacia la puerta y echó una mirada atravéz del ojillo circular.

Tronó la boca en un gesto de incredulidad.

- ¿Qué? - se apresuró a contestar José Carlos.

- Se ve en blanco y negro por esta mugre.

- ¿Cómo dices?- José Carlos estuvo a punto de empujar a Mario para comprobarlo.

- Sí, se ve en blanco y ne... ¿Pues no que no tenías vecinas?

José Carlos balbuceó algo sin sentido. Mario estaba bastante entretenido mirando a través de la mirilla; era como si su frente estuviera pegada a la puerta.

- Pues esta está... No guapa, hermosa, te lo juro- dijo Mario. Tronó la boca y dijo:- Se parece a Maya. Sino fuera por esta cosa que hace que las cosas estén en blanco y negro. Creo que hasta tiene los ojos azules igual que Maya.

- A de ser alguna visita del abogado.

- Pues chance y sí. Tiene cara de estar preocupada. Y no deja de mirar hacia la escalera- Mario guardó silencio, después su tono de voz se volvió serio, preocupado mas bien- . Oye creo que la vienen siguiendo o algo así. Parece desesperada.

- A ver déjame ver - José Carlos tuvo que empujar a Mario para poder ver. Se inclinó un poco y miró a través de la mirilla.

Era realmente hermosa. Aun y en blanco y negro. Era como esas actrices de la época de oro del cine. Pero no se parecía a Maya. Mas bien le daba un ligero parecido a Rosalilia. Su vestido era de esos largos hasta los tobillos, y con un gran escote; como esos que se usaban a principios de siglo. Llevaba un pañuelo tapándole parte de la cabeza, aun así su pelo negro brillaba ante la luz del foco de afuera. sobre su ropa llevaba un delantal, a José Carlos le pareció una lavandera o algo así. Su rostro afilado y sus grandes ojos marrón eran iguales a los de Rosalilia. Solamente que aquella mujer tenía la naríz respingada y delgada. Y en verdad estaba asustada. Su pecho se contraía agitadamente al ritmo de su respiración. Tocaba en la puerta del vecino y al mismo tiempo volteaba a ver por la escalera con los ojos abiertos al máximo, como esperando no ver aparecer nada por allí.

Tocaba frenéticamente a la puerta.

José Carlos entendió, sin saber por qué exactamente, que la mujer no buscaba, en si, al abogado. Buscaba refugio contra alguien que, por la mirada aterrorizada de ella, estaba cada vez mas cerca del cuarto piso.

Mario empujó bruscamente a José Carlos y miró hacia fuera. Era como un niño, próximo a entrar en la pubertad, que ha descubierto un agujero que da al baño de las niñas.

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