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TANTALO
OYSTER BAR & GRILL
HEGEL 307, ESQUINA CON HORACIO
POLANCO
13:30 HORAS


¿Cómo no recordar aquella tarde del 3 de Abril del 97? ¿Cómo no recordar la vez que entré a este restaurante solo? Es cierto, como lo había dicho antes, Fernando estaba ubicado en una mesa pegada a la pared. Desde que entré se me quedó viendo con insistencia, tenía una mirada alegre, sonriente. Comía solo. Logré verlo pero en realidad lo ignoré a pesar de que me llamó la atención. En ese momento vestía un traje color negro de Armani y Fernando usaba uno azul marino de Hecali. ¡Que distintos éramos! Cuando el Gerente me guió a mi mesa, a fuerza tuve que pasar frente a él. Solo escuché un papacito que imperceptiblemente para el mozo, fue un mensaje que ese joven envió hacia mí.

-Señor, -me dirigí de inmediato al Gerente pues la naquez de aquel hombre me había ofendido- ¿Podría ubicarme en otra mesa? No me gusta este lugar..


Sin embargo, para mi mala suerte, me ubicaron en otra que también estaba orientada hacia él. ¡Todo estaba escrito! Apenas me senté y lo volví a ver, algo me llamaba la atención en él. Era algo muy especial lo que su mirada me enviaba. Me envió su sensibilidad y amor a través de sus ojos, algo que ahora perdió. Casi no lo recuerdo. Lo que sí, es que sin pensarlo le sonreí. Apenas y el Gerente volvió a pasar junto a mí, de inmediato le hice una seña para que viniera.

-Estimado señor.. -recuerdo haberle dicho- Llévele a ese joven el mejor vino blanco que usted tenga, de mi parte.

-¿Perdón? -habló el Gerente.

-Por favor, de mi parte.. y miré a aquel joven con una sonrisa.

 

Al cabo de cinco minutos, Fernando y yo comíamos en la misma mesa. ¡Cómo se dan las cosas! Ambos comimos mucho, a tal grado que nos intoxicamos pues abusamos de los mariscos.

-Fernando Fuentes Inárritu.. -se presentó cuando me vio frente a él y ya nos retirábamos.

-Rodrigo del Pino.. -me le quedé viendo.

 

Ambos caminamos sobre la calle de Horacio, honestamente estaba satisfecho por tal comida. Me costaba trabajo caminar. Esa tarde, a las cinco y media, recibí una gran sorpresa.

-Tengo pena pero.. -habló Fernando mirándome y deteniéndome-¿Te gustaría andar conmigo?

 

Lo miré claramente, vi su rojizo rostro, estaba feliz. Expresaba pena y nerviosismo, no cabía en él.

-Sí.. -de inmediato respondí y el resto ya lo saben.

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